El ruiseñor y la rosa

“Me dijo que bailaría conmigo si le llevaba una rosa roja -se lamentaba el joven estudiante-, pero no hay una sola rosa roja en mi jardín”.

Así es como se presentan personaje, tono y conflicto en la primera frase de un cuento. Yo sigo revisando mi colección de joyas literarias (estoy últimamente en ánimo de revisión y no de recolección); ahora, al extraño cuarzo de Solaris y al diamante perfecto de A sangre fría, me gustaría añadir este pequeño rubí, producto de la sangre coagulada de un noble pajarito. El ruiseñor y la rosa es uno de los cuentos para niños de Oscar Wilde que conformaron su primera obra: El príncipe feliz y otros cuentos, de 1888, junto con El niño estrella, el pescador y su sombra, El joven rey… Es un libro atípico del Wilde mundano que conocemos por aforismos y procesos judiciales, pero no tanto del Wilde simbolista, parnasianista, despojado de cinismo. Algo queda de este genio mimado en la resolución de El fantasma de Canterville. Sus preocupaciones fundamentales: la belleza, la fugacidad de la juventud y del amor, el sacrificio y la redención, están contenidas en forma pura y radiante en las historias de amor imposible de una estatua de oro y una golondrina (El príncipe feliz), un gigante viejo y un niño inmortal (El gigante egoísta) y ésta precisamente, que de niña me rompió el corazón, en la que un ruiseñor se enamora de un estudiante despechado.

El ruiseñor y la rosa según Sergei Pimenov

El ruiseñor y la rosa según Sergei Pimenov

Spoiler alert! Al que nunca haya leído este cuento maravilloso (en los dos sentidos), le recomiendo que lo haga ahora, porque a continuación procedo a separar sus mitades y mirar las pepitas.

El conflicto del estudiante protagonista ya lo conocemos. Está enamorado de una mujer caprichosa, que como aquellas malvadas románticas de las leyendas de Bécquer o de los tangos de LePera, le pide al protagonista cualquier cosa difícil de conseguir, no porque la desee mucho, sino para ver halagada su vanidad. Da la casualidad de que en el jardín del estudiante no crecen rosas rojas, si no, no habría cuento, y tampoco lo habría si el estudiante no fuese compadecido por otra criatura a la que él, a su vez, ignora: un ruiseñor que cada noche canta, bajo la luz de la luna, frente a su ventana. El ruiseñor es la contrafigura de la dama desdeñosa; sabe que no conseguirá nada del estudiante, pero aún así quiere ayudarle, para su mal. Un rosal blanco hace saber al pájaro que puede conseguir enrojecer una de sus rosas si canta hasta el alba con una espina clavada en el pecho, para que su sangre riegue el corazón de la flor. El pájaro se arriesga al suplicio hasta que, al amanecer, la rosa es ya de un rojo vivo y él expira. Cuando el estudiante despierta y ve la rosa, corre emocionado a llevársela a su amada, que la desprecia porque el hijo del chambelán le ha hecho un regalo más valioso, y le ha prometido que bailará con él toda la noche. El estudiante, amargado, se entrega a sus libros y reniega del amor para siempre.

Los cuentos de Wilde han sido llevados al cómic por Craig Russell

Los cuentos de Wilde han sido llevados al cómic por Craig Russell

La profunda tristeza que sostiene el cuento está recorrida del impulso eléctrico que consiguen transmitir los grandes narradores a sus historias, hasta las más humildes: el lector rabia y quisiera tirarle de los pelos al protagonista. El lector es el privilegiado que puede comprender la injusticia, aunque no puede gritársela al estudiante. El ruiseñor lo ha dado todo y su sacrificio no sólo es inútil, sino que queda en sombra, porque el amante sincero en la filosofía interna de las ficciones dramáticas de Wilde, es siempre el perdedor. El amado es indolente, caprichoso y terrible, y debe ser así, porque es bello.

No obstante, tanto la obra como la vida de Oscar Wilde nos revelan que el fondo de esta creencia narrativa es aún más profundo. El autor era ajeno a ciertas prohibiciones morales de la época, en la medida en que intervenían su búsqueda de la realización del placer, pero sus ficciones estaban sostenidas siempre por un sustrato moral de una calidad mayor, es decir, más universal, de acuerdo a su idea o sentimiento de justicia. De los tres cuentos que he nombrado antes, El ruiseñor y la rosa es el más despiadado porque es el más injusto, es decir, Wilde hace sufrir al lector el dolor, y después la rebeldía ante la ruptura de una ley no escrita según la cual el bueno debe ser recompensado. Pero es que Wilde, en sus cuentos para niños, da el mismo salto que Andersen: no son exactamente cuentos de hadas o fábulas lo que ofrecen, sino relatos en que los elementos simbólicos sirven de parábola estética para que los niños puedan atisbar abismos que, al crecer, se encontrarán frente a frente. El sacrificio por amor está narrado de una forma muy similar en La sirenita, de Andersen. Ella renuncia a su vida inmortal, a su cola de pez y a su voz, a cambio de unas dolorosas piernas y una existencia muda junto a un hombre que no la ama. Al final llega la muerte, y la muerte para las sirenas, como para las aves, es una muerte abismal, sin esperanza, porque no tienen alma.

Cuadro de Carol Muse Skinner, inspirado en el cuento

Cuadro de Carol Muse Skinner, inspirado en el cuento

Sin embargo en otros cuentos como El príncipe feliz o El gigante egoísta, aparece al final un Dios justo que reconoce la bondad de los protagonistas y los salva del desprecio de los seres humanos ignorantes y corruptos. Los premia con el Paraíso. Esta visión del Bien y el Mal, del amor como sacrificio y el egoísmo como condena eterna, son netamente puritanas (de hecho, es el mismo fondo puritano de Stevenson) y pueden resultar demasiado convencionales en contraste con cierto Wilde iconoclasta que nos ha llegado a través de las biografías, pero es fundamental comprender esta faceta para medir el alcance de su obra.

En El retrato de Dorian Gray, Lord Henry y Dorian tienen una conversación reveladora al respecto:

“-Qué gana un hombre que consigue el mundo entero y pierde su alma.

-¿Por qué me pregunta eso?

-Se lo pregunto porque creo que usted puede contestarme, Dorian.

-El alma es una terrible realidad, puede uno comprarla, venderla, traficar con ella. Puede uno envenenarla o hacerla perfecta. Hay un alma en cada uno de nosotros.”

Sin aprovechar y subvertir estas creencias platónicas, habría sido imposible para Wilde producir horror con la historia de un hombre cuyo alma se hace física en la superficie de un lienzo y, de este modo, se aparta de su cárcel mortal, pero no para elevarse, sino para corromperse. La gran literatura inglesa está escrita desde profundas raíces cristianas, pragmáticas y aristotélicas, y este es uno de los motivos de que, tanto El retrato de Dorian Gray como El extraordinario caso del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde (también más adelante en El hombre invisible, aunque ya desde otra perspectiva), hacen que juzguemos malvada y nos de miedo la posibilidad de escisión entre alma y cuerpo.

La mujer fatal de El ruiseñor y la rosa, por Charles Robinson

La mujer fatal de El ruiseñor y la rosa, por Charles Robinson

Oscar Wilde nació en Dublín, el 16 de octubre de 1854, bajo el signo de Libra. Según los astrólogos de la vieja escuela y los poetas interesados en simbología que encuentro tanto gusto en leer, Libra rige los libros. Es curioso que cada país o cada cultura de la que podemos obtener biografías detalladas tiene su gran escritor o su gran pensador Libra. España: Cervantes (y Unamuno, Buero Vallejo…), Francia: Rimbaud, Estados Unidos: Faulkner (pero también Fitzgerald, Greene, Capote…), China: Confucio, India: Ghandi, Japón: Akiyuki Nosaka,  y un largo etcétera. Así Inglaterra, que debe ser tratada como algo especial por habernos dado a Shakespeare, tiene su Wilde.

Publicado en on 17 Octubre 2009 at 12:48 pm Comentarios (10)

Un diamante perfecto

Tal día cómo hoy, hace 85 años, nació Truman Capote en Nueva Orleans, así que me parece un buen día para hablar de otra de las obras que, en cualquier formato, pondría en una lista de “las cien historias que hay que conocer antes de morir”: A sangre fría. En la entrada anterior, en que el protagonista era Solaris de S. Lem, era importante precisar que se trata de una obra de ciencia ficción porque parte de su éxito como historia, creo yo, está en haber sido escrita por un autor que tuvo el valor de asumir un género con todas sus consecuencias y que, al hacerlo, sobrevoló todos los géneros. Pero en el caso de A sangre fría me parece que las clasificaciones genéricas como “nuevo periodismo”, “novela de no-ficción”, en que se la ha involucrado la perjudican, no porque sean inciertas sino porque son irrelevantes.

Cartel de la película "In Cold Blood" (1967) de Richard Brooks

Cartel de la película "In Cold Blood" (1967) de Richard Brooks

A sangre fría es, por encima de todo, literatura. Su relación con el periodismo está en el punto de partida (la intención del autor) y en su envoltorio comercial, elementos que sin duda son parte indivisible del producto final. Pero a medida que uno entra en la historia de los Clutter de Kansas y sus asesinos, poco a poco e irremediablemente se va perdiendo la perspectiva periodística. Ningún reportero en la historia de la prensa ha escrito así, y si lo ha hecho, ya no estaba haciendo periodismo.

Pienso que el estilo de Capote tiene más que ver con Proust o con Sthendal que con Tom Wolfe, por ejemplo. Estoy recordando Rojo y negro: Narrador omnisciente, relato de ambientes, personajes y actitudes que parecen vistos a través de un cristal, fino análisis psicológico y de grupos… Objetivo: contar una historia que ocurrió en realidad y que fue un suceso de la época (el asesinato de una mujer de clase alta a manos de su amante pobre y arribista que, posteriormente, sería juzgado y ejecutado). Para ello el autor especuló, a partir de testimonios y prensa, una historia que se convertiría en obra cumbre de la literatura. El caso es casi idéntico al de Capote, y el estilo, puesto que está buscado para servir a la historia que narra, también se parece. Sólo que, en la primera mitad del siglo XIX,  el relacionar una novela con el periodismo no hubiera supuesto ninguna fina y certera operación de marketing editorial y hasta literario, y en los años sesenta del siglo XX sí.

Truman Capote

Truman Capote

Recuerdo haber leído en alguna reseña o biografía el comentario de un crítico contemporáneo de Capote que tal vez sea apócrifo, en cualquier caso es revelador. Decía el hombre que, a finales de 1965, A sangre fría estaba lista, “pulida y perfecta como un diamante de caras múltiples y múltiples aristas”. Pero que el escritor tuvo que esperar a que los asesinos fueran ejecutados para poder contar el final, y seguramente esta espera hasta la publicación fue el último paso de una pasión que ningún evangelio va a contarnos.

Para Capote fue ésta la última gran historia, la novela en que se vació, y en este sentido no sorprende su enganche al alcohol, las drogas y otras oscuridades de su biografía. En la novela quedaron expuestas las vísceras de Capote tanto como las de la familia Clutter, y su infancia miserable acompaña a la de Perry mientras la está narrando. Seguramente de ahí emana un aire de autenticidad, de belleza y horror radical en el corazón de la novela que van más allá del estilo. Se produce aquí una aleación mágica entre fondo y forma, realidad y ficción, vida y obra. Por eso creo que no hay mejor definición de A sangre fría que la que hizo ese crítico anónimo, o el biógrafo que lo inventó. Es una joya, cuyo mérito procede tanto de la tierra que la ha contenido como del orfebre que la ha tallado.

Siguiendo por este camino, en la novela se aprecia que Truman sintió un hermanamiento con ciertas situaciones y ciertos personajes, a pesar del equilibrio y la atención con que todos están contados, que hace que se graben como a fuego en la imaginación y hasta en la retina. Hay una especial inclinación hacia Perry. Hay testimonios y pruebas que se han convertido ya en leyenda literaria y materia de novela, de una relación muy íntima entre Capote y los asesinos de los Clutter, que comenzó con él objeto de esbozar unos Dick y Perry-personajes cercanos a la realidad, pero que, en el caso de éste último, se hizo más profunda a lo largo de los meses. En películas como Capote o Infamous se llega a contar una extraña historia de amor.

Toby Jones, Daniel Craig y Lee Pace como Capote, Perry y Dick en "Infamous" (2006)

Toby Jones, Daniel Craig y Lee Pace como Capote, Perry y Dick en "Infamous" (2006)

El enamoramiento de Capote pudiera explicar uno de los episodios del mito, que es el título de la novela. Cuenta la leyenda que cuando Perry conoció el nombre que Truman iba a ponerle al libro del que tanto había recelado al principio, se negó a volver a hablarle y hasta tuvo una reacción violenta. Entonces Truman desplegó su labia universal y le convenció de que las palabras “A sangre fría” no definían el crimen que Dick y él habían cometido, sino el que la sociedad iba a cometer con ellos dos. Esta interpretación ha cundido hasta el punto de que la historia se llegase a interpretar por algunos como un alegato contra la pena de muerte.

Se trata de un punto de vista respetable, sólo que no se sostiene. El lector sufre con igual compasión la muerte de los Clutter, la pérdida y el escándalo de la comunidad que constituye Holcomb, la peripecia de los asesinos, su triste pasado, el encuentro con ese abuelo moribundo y pobre y su nieto por momentos feliz, la carrera contra el tiempo de Alvin Dewey para localizar a los asesinos, la piedad de los funcionarios que los atienden, la historia cruel de otros presos que esperan con ellos en el corredor de la muerte, la tarde en que escuchamos a la amiga que vio con vida  por última vez a Nancy Clutter hablar de la universidad, y la vemos alejarse entre tumbas, con el cabello suelto, y si a estas alturas encontrábamos aún una razón para situarnos a favor de los criminales o de quienes pedían su cabeza comprendemos, al borde de las últimas líneas, que el tiempo ha pasado terriblemente y nadie le devolverá la vida a ninguno de esos personajes que hemos querido. Todos son ya fantasmas.

El momento de la detención de Perry (Robert Blake) y Dick (Scott Wilson) en "In Cold Blood"

El momento de la detención de Perry (Robert Blake) y Dick (Scott Wilson) en "In Cold Blood"

Esta obra de arte del siglo XX recuerda al documento en la medida en que es resbaladiza: cuanto más sabemos, menos capaces nos consideramos de juzgar, y cuando creemos tener suficiente información para decantarnos, surge un dato nuevo, una nueva situación que nos descoloca. Pongamos por ejemplo la historia de Perry. Su infancia de hospicio y el fracaso de la relación con su padre podría conmovernos hasta las lágrimas, pero entonces se nos cuenta que tiene una hermana con una vida honrada de clase media, creyente; el único ser sobre la tierra que realmente le ayudó en un momento de necesidad, ofreciéndole techo y dinero, y que muestra en sus cartas una visión, quizá intelectualmente mediocre, pero moralmente muy lúcida de la trampa en que está su hermano. El homicida no puede soportar que le digan que es malo, así que le presta estas cartas a un compañero de celda al que considera muy inteligente y hacia el que insinúa una atracción platónica. Éste las lee, analiza y destripa con argumentos sociológicos y supratextuales que fascinan a Perry.

No es casual que el autor introduzca las cartas de la hermana; es otro de sus recursos para deslizarse sin compromiso entre teorías académicas sobre el crimen. Esta carta y lo que se dice en ella demuestra que una mujer que compartió la infancia de Perry y que sobrevivió al alcoholismo, a la depresión y al suicidio en que cayeron sus otros hermanos, tomó un camino diferente al del crimen, opción que Perry  desprecia, tal vez porque no tiene la fuerza de voluntad para elegirla, o tal vez porque considera a su hermana un ama de casa suburbana chupacirios, mientras que en sí mismo ve algo de artista o pirata.

Los verdaderos asesinos: Richard Hickock y Perry Smith

Los verdaderos asesinos: Richard Hickock y Perry Smith

En cuanto a Dick, su propio testimonio y el de sus padres narran una infancia feliz y una personalidad normal, hasta el momento en que sufre graves traumatismos en un accidente. Después de la recuperación física empieza a mostrar los síntomas de algún trastorno: se vuelve hiperactivo, agresivo, se comporta de forma irresponsable con el dinero y fracasa en sus relaciones personales. También se le atribuye, por boca de Perry, una tendencia a la pederastia que asquea a su compañero, y que muestra en la casa de los Clutter cuando pretende violar a la hija antes de matarla.

La verdadera familia Clutter

La verdadera familia Clutter

El caso es que todas las posibles explicaciones de por qué Dick y Perry acaban robando y matando están expuestas con igual fuerza, del mismo modo inevitable y confuso en que se nos mostrarían en la realidad si hubiésemos investigado por nuestra cuenta. Por eso nos es imposible afirmar, a la luz de la verdad (esa verdad de caras múltiples y múltiples aristas) que el ambiente o la sociedad fueran los causantes de la maldad radical de Dick y Perry, lo que les hizo tomar la decisión de matar en el momento concreto en que pudieron no hacerlo, como tampoco podemos culpar a su cerebro, a sus padres o al azar. Después del viaje que hemos hecho con ellos y que nos ha cambiado, el misterio del ser humano queda brillantemente intacto, como ese diamante perfecto que alguien ha tallado y que después  ha vuelto a enterrar, con espanto y devoción.

Publicado en on 1 Octubre 2009 at 5:30 pm Comentarios (9)

Revelación

  

“El descubrimiento de Solaris se remontaba a unos cien años antes de mi nacimiento. El planeta gravita alrededor de dos soles, un sol rojo y un sol azul. En los cuarenta años que siguieron al descubrimiento, ninguna nave se acerco a Solaris. En aquel tiempo, la teoría de Gamow-Shapley -la vida era imposible en planetas satélites de dos cuerpos solares- no se discutía”.

Se ha interrumpido la comunicación con Gibarian, el responsable de la estación espacial en Solaris, y sólo quedan en ella  otros dos hombres. Un psicólogo llamado Kelvin es enviado al remoto planeta con el fin de investigar si la extraña ecología está afectando a sus habitantes. Kelvin descubre que reina el desorden en la estación y los dos técnicos al cargo parecen desquiciados. Pronto se presentan nuevos habitantes, no humanos pero entonces… qué. 

“Ni una palabra. Luego, el mismo rumor de antes. En seguida, el tintineo de unos instrumentos de acero sobre una bandeja. Y a continuación… yo no creía a mis oídos… una serie de pasos pequeñísimos, el trotecito de un niño, el golpeteo precipitado de unos pies minúsculos, o de unos dedos notablemente hábiles que remedaban ese andar tamborileando sobre la tapa de una caja vieja. (…)

-¡Doctor Sartorius! -estallé-. ¡No he hecho un viaje de dieciséis meses para ponerme a jugar con usted! Cuento hasta diez. ¡Si no abre, derribo la puerta!” 

Solyaris (1972) de Andrei Tarkovsky

Solyaris (1972) de Andrei Tarkovsky

 Kelvin estudia, en la biblioteca de la estación, las hipótesis de los solaristas. El planeta se ha mantenido estable en la coincidencia de dos órbitas debido a algún sistema interno de estabilización que parece operar con ”voluntad”, pero para describir la voluntad o la inteligencia de un planeta, dichos conceptos deberían ser revisados. La clave de esta capacidad de autoconservación de Solaris parece encontrarse en su océano, que es además creativo, produciendo fenómenos eléctricos complejos y formas que los científicos sólo pueden explicar estableciendo analogías arquitectónicas. Cuando, en una ocasión, un piloto cae al mar de Solaris, su compañero confirma que las formas creadas por el entorno de la caída resultan reconocibles para un ser humano; se las llama “mimoides”. Kelvin se propone estudiar la relación entre los mimoides que describe el piloto superviviente y el pasado del compañero que cayó al mar.

Berton: Sí, he presenciado una crisis epiléptica. Comprendo. No, se trataba de algo diferente. La epilepsia provoca espasmos, convulsiones. Los movimientos de que les hablo eran fluidos, continuos, graciosos-melodiosos, si se puede decir eso de un movimiento. Es la definición más aproximada. Pero el rostro… Un rostro no puede dividirse en dos, una mitad alegre, la otra triste, una mitad amenazadora y la otra amable, una mitad atemorizada y la otra triunfante. En aquel niño, era así. Además, todos los movimientos y cambios de expresión se sucedían con una rapidez inconcebible. No me quedé mucho tiempo abajo. Quizá diez segundos, quizá menos.”

solarisset

Decorados de Solyaris

Kelvin cometió un error en el pasado y ahora lo visita el demonio de la culpa, pero es un demonio corpóreo, porque en Solaris se diluye la frontera que conocemos entre lo material y lo ilusorio. El horror llega del alma, pero el horror no es el único peligro, Kelvin puede caer también en la trampa de aferrarse a su mimoide, a su fantasma, demonio, sombra o recuerdo, con el fin de reparar su falta, pero el tiempo no regresa y el pasado es irresoluble, incluso en Solaris.  

“A raíz de la Erupción de los Ciento Seis, y por vez primera en la historia de los estudios solaristas, hubo varios petitorios que exigieron un ataque termonuclear contra el océano. Esta respuesta hubiese sido más cruel que una venganza: se pretendía destruir algo que no entendíamos. A pesar de que nunca se lo reconoció oficialmente, es probable que el ultimátum de Tsanken influyera sobre el resultado negativo del voto. Tsanken estaba al mando del equipo de reserva de Giese, y un error de transmisión le había salvado la vida; había volado sin rumbo por encima del océano y llegó a las cercanías de la catástrofe -donde aún se veía la nube negra fungiforme- pocos minutos después de la explosión.”

Solaris comienza a narrar entonces, sin prisa y con dolor, una historia de amor y de pertenencia. Seguramente el vivir o, mejor, revivir esa historia de amor, es lo que hace a Solaris-planeta habitable para Kelvin, del mismo modo en que para nosotros, lectores, hace habitable a Solaris-libro, que se quedaría en minucioso, irreal y perfecto informe académico de ficción, si no fuera por las intensas relaciones entre los humanos y los no-humanos que habitan el planeta y el libro. ¿Es posible consumar ese amor? ¿Es amor, siquiera? Solaris desafía a revisar el significado del amor y del deseo, como antes el de la voluntad y la inteligencia. Solaris es una inteligencia extraterrestre, pero no antropomórfica, tampoco monstruosa, al modo antiguo de imaginar los monstruos… ¿Es superior o inferior? ¿Es indiferente? ¿Colabora o amenaza… o sólo juega? ¿Su capacidad para dar cuerpo a los sueños es su forma de sobrevivir al hombre que intenta poblarlo, igual que su extraña naturaleza eléctrica es adaptativa en un medio planetario hostil? ¿Es una fuerza natural arduamente inteligible por la ciencia, o un nuevo Dios accesible sólo por la fe? ¿O es un poder ancestral, el proyecto de una inteligencia superior que el hombre ha sorprendido en mitad de su infancia? 

 “-Tengo miedo -dijo-. No de alguien o de algo. Tengo la impresión de ir de un lado a otro sin rumbo y me siento avergonzada. Luego tú llegas y todo es de nuevo como antes. Por eso pensé que yo había estado enferma…

-Quizá te sentirás distinta fuera de esta maldita estación. Me las arreglaré para que nos vayamos cuanto antes.

Harey abrió desmesuradamente los ojos.

¿Crees que es posible?”.

Kelvin y Harey, según Tarkovsky

Kelvin y Harey, según Tarkovsky

Las historias policiacas buscan desvelar enigmas, la ciencia ficción  debe sembrarlos. Pero igual que en una buena novela policiaca, al resolverse un caso, se proyectan sombras sobre la naturaleza humana, en la ciencia ficción, a medida que surgen las preguntas, se hace la luz sobre la verdadera naturaleza de un problema. Solaris es un planeta, un libro, un enigma lleno de enigmas, una luz que ciega. Es una de esas historias felices cuyo descubrimiento es una revelación. Alguien como yo, para quien encontrar grandes historias da sentido a su vida, entre otras cosas, cree que cuando halla una debe compartirla.

No llegué a Solaris demasiado pronto, de lo cual me alegro, y debo decir que la película de Tarkovsky me ha parecido siempre aburrida en comparación con la sencilla belleza y el estilo directo pero reflexivo de la novela, que recuerda al Stevenson moral. Pero supongo que si alguien entra en Solaris por la puerta cinematográfica, porque su sensibilidad digiere mejor o igual de bien las imágenes del ruso que las palabras del polaco, la disfrutará igualmente, porque en cualquier formato es una gran historia.   

“-¿Borracho, yo? ¿Y qué? ¿Sólo porque llevo mis huesos a cuestas por todos los rincones del espacio y meto las narices en el cosmos no tengo derecho a emborracharme? ¿Por qué? Tú crees en la misión del hombre ¿eh, Kelvin? Gibarian me hablaba de ti antes de dejarse crecer la barba… Te describó muy bien… Y sobre todo, no vayas al laboratorio, perderías tu fe.

(…)

Yo evitaba mirar a Harey; pero de pronto, y contra mi voluntad, tropecé con los ojos de ella. Hubiera querido levantarme, tomarla en brazos, acariciarle el cabello. No me moví.”

mar de Solaris

Stanislav Lem habría cumplido 88 años el pasado día 12. Algunos dicen que se le podría considerar el mejor escritor de ciencia ficción del siglo XX, pero su obra trasciende la ciencia ficción, sin dejar de serle fiel. Solaris (1961), su obra cumbre (obra cumbre también de la literatura de todos los géneros) es una fantasía científica, psicológica y moral, del mismo escritor que imaginó esos deliciosos Diarios de las estrellas, brillantes como los astros de su título y llenos de humor. Igual de bien acarició la crítica literaria con textos como: Philip K. Dick, un visionario entre charlatanes, el horror policiaco en La investigación, o La crónica en Provocación, donde aborda el holocausto nazi con otra vuelta de tuerca a sus reseñas de libros imaginarios.

Lem nació en Polonia, en una familia católica de ascendencia judía y vivió prácticamente entero el siglo XX (1921-2006). Fue mecánico durante la guerra, estudió medicina y se especializó en psicología. En sus últimos años fundó la Sociedad Polaca de Astronáutica. Cada uno de estos atributos del azar o de la voluntad, le sitúa en un punto crítico para resultar un cronista avanzado de su siglo: su nacionalidad y su religión, y la religión de sus antepasados, son fuentes de conflicto en una Europa oprimida entre los nazis y los comunistas. Su talento y su independencia le fueron abriendo y cerrando puertas por igual. Por otra parte, sus intereses intelectuales y formación técnica enriquecieron y probablemente determinaron su forma de expresarse en la literatura.

John Gardner escribió: “El número de obras de ficción científica con valor estético es mayor de lo que se cree en círculos académicos. Hay fuerza emotiva e inteligencia, por ejemplo, en Cántico por Leibowitz, de Walter Miller, en las novelas de Samuel R. Delaney, en algunas de las de Robert Silverberg, Roger Zelazny, Isaac Asimov y, cuando refrena su vena fascista, de Robert Heinlein (…) Y ficción científica es lo que cultiva uno de los más grandes escritores vivos que hay actualmente: Stanislaw Lem“. 

Lem en 1966

Lem en 1966

La literatura es… no sé si una “amante celosa”, pero sí que se trata de una criatura con mucho sentido del humor negro: A quien trata de escribir por encima de sus posibilidades le paga con la mediocridad, pero a quien se queda en los pequeños espacios que domina, desafiando la incomprensión y el fracaso, y allí trabaja su genio hasta verse como le gustaría ser, puede llegar a ser grande. En una leyenda japonesa sobre una gigantesca rata embrujada, un monje recomienda al protagonista: “Evita de noche los espacios amplios y permanece en lugares reducidos.” Esta es la frase que retumba en mi cabeza cuando pienso en qué hace destacar a un escritor sobre otros de su generación. De verdad pienso que es así de simple, o así de imposible; que excepto en su primera novela en que intentó imitar a Thomas Mann y debió de aprender la lección, porque no volvió a hacerlo, Lem se convirtió en uno de los grandes escribiendo lo que le gustaba, lo que le conmovía. Después siguió el consejo de Oscar Wilde según el cual, por la repetición, cualquier apetito se convierte en arte.

Los fragmentos que introduzco en esta entrada son de Solaris, de Stanislav Lem, en la edición de bolsillo de Minotauro; traducción de Matilde Horne y F.A.

Publicado en on 18 Septiembre 2009 at 7:39 pm Comentarios (8)

ARC

ARC son las iniciales de Art Renewal Center, algo más que una academia de arte figurativo a la que quiero rendir un humilde homenaje en este blog. El Art Renewal Center se encuentra físicamente en Nueva York, y en cuanto al mundo virtual, estrenó en septiembre del 2000 una web en la que pronto había registrado 65.536 imágenes, que han ido en aumento desde entonces. Las secciones de la web incluyen la presentación y declaración de principios de ARC (Home), la descripción de su filosofía (Philosophy) de la que recomiendo la lectura del artículo: Arte abstracto: ni abstracto, ni arte, firmado por Fred Ross, Chairman of ARC. Artículos, concursos, la tienda y, por supuesto, el museo, con dos eficaces buscadores por obra y por autor.

Pasearse por el museo de ARC conjuga por lo menos dos placeres: el del vagabundeo y el de mirar. Hay que señalar la gran calidad de la página, tanto en estructura como en contenidos. Es difícil encontrar imágenes tan buenas de los cuadros y sobre todo de las esculturas como en esta web, y una variedad tan amplia de artistas. Están todos los grandes maestros que conocemos y estudiamos en historia del arte, junto con muchos más que cayeron en el olvido por seguir utilizando técnicas que cierto sector de la crítica ha considerado “superadas”. Lo único malo es que las imágenes no pueden copiarse a la biblioteca de objetos de un blog, como éste por ejemplo, así que los cuadros que expongo aquí están en, pero no proceden de ARC.

Me he preguntado muchas veces, como usuaria de internet y aficionada al arte, por qué me fascina tanto ARC; creo que mi predilección por el arte figurativo tiene que ver con mi preferencia por lo narrativo sobre lo conceptual. Además, existe un tipo de arte que me gusta mucho y es aquel cuya valoración es accesible a un público amplio (que dicho público esté interesado en realizar tal valoración o siquiera en mirar hacia ese lado ya es otro asunto), lo que permite que la controversia sobre la obra de arte y las interpretaciones que suscite sean diversas. Esto es especialmente aplicable al arte pictórico, en que técnica-forma e intención-contenido están tan estrechamente unidas en una sola impresión estética. Es fácil comprender por qué Velázquez es un genio, no tanto Goya, y mucho menos Picasso en una determinada época… Así, según vamos acercándonos al posmodernismo y, en esta línea, al arte no figurativo, las herramientas de juicio de que dispone un lego en materia de arte ante una obra son cada vez menos. La primera consecuencia de este hecho es que el alcance de dicha obra se reduce.

Podría parecer que hay artes abocadas a hacerse elitistas, porque han aparecido formas populares o tecnológicamente más avanzadas que han sustituido una parte de su antigua utilidad, como la música pop en el caso de la poesía, o la fotografía en el caso de la pintura. Yo siempre pensé, cuando era poeta, que resultaba inútil  y además innecesario tratar de hacer llegar la poesía a muchos lectores, porque ello requeriría desnaturalizarla sin lograr, a cambio, un verdadero aumento del interés por ella. Sin embargo en el caso de la pintura, se hace evidente en las exposiciones de artistas contemporáneos y por la misma naturaleza de las técnicas que emplea, que puede llegar a sitios distintos de los que toca la fotografía, que tiene un ámbito propio, y que se puede difundir sin renunciar a la calidad.

En este sentido, ARC se posiciona en los siguientes 12 principios y objetivos (sección Mission Statement):

1. Crear el mayor museo on-line con cientos de miles de imágenes de alta calidad de todos los trabajos conocidos de los grandes pintores y escultores de la historia de la humanidad, acompañado de la mayor biblioteca enciclopédica sobre arte en internet, con textos históricos, ensayos biografías y artículos.

2. Promover la vuelta del aprendizaje, los cánones y la excelencia en las artes visuales.

3. Ofrecer opiniones responsables en oposición a lo actualmente establecido en el mundo del arte, tal y como es expresado en la crítica de exposiciones contemporáneas y en la filosofía de la estética.

4. Divulgar la rica herencia artística de 2500 años de tradición creativa: imágenes realistas sobre temas universales y atemporales.

5. Profundizar en la comprensión del gran arte como expresión de grandes temas tratados poéticamente a través del dominio de todos los aspectos de la técnica. 

6. Repudiar la idea de que el desarrollo en el arte requiere la destrucción de los límites y estándares, el énfasis en la novedad o la búsqueda de lo raro y lo feo como fin en sí mismo, y exponer el fraude de aquellos trabajos concebidos únicamente para escandalizar.

7. Ofrecer un recurso técnico e histórico de información sobre arte, incluidas las referencias a los expertos.

8. Ofrecer un foro de diálogo e intercambio de información entre aprendices, profesores, coleccionistas, conservadores y artistas.

9. Promover la enseñanza y la investigación de los artistas del pasado o los redescubiertos y la preservación de sus métodos y técnicas.

10. Establecer una literatura básica de estándares visuales en todo el mundo. El dibujo debe formar parte del núcleo de la currícula del K-12, y desarrollarse progresivamente hasta la educación superior y más allá.

11. Apoyar el restablecimiento de los altos cánones de representación en las artes visuales de la pintura, el dibujo y la escultura, y favorecer el concepto de calidad inteligible como primer criterio de juicio del gran arte. 

12. Ser una plataforma para la discusión (tanto académica como informal) de historia del arte, estética, técnica, educación y otros temas relacionados, manteniendo en nuestra interacción con cualquiera la honestidad, la franqueza, la tolerancia.

La cosa queda bastante clara. Dos ideas básicas: que ARC se opone a un determinado establishment (por utilizar la misma palabra que ellos y evitar lo que se pierde en la traducción) que consideran fraudulento en cuanto a la visión del arte que promueve, y que tal oposición no pretende imponerse a nadie, sino defenderse con argumentos basados en el conocimiento del y el aprecio por el arte.

Algunos de los pintores mimados de ARC son: Bierstadt, exhaustivo paisajista norteamericano de origen centroeuropeo.

The Shore of the Turquoise Sea (1878)

The Shore of the Turquoise Sea (1878)

Bouguereau, maestro de la luz y de las texturas, muy controvertido en su época por sus desnudos casi palpables. En la película de Scorsesse La edad de la inocencia, se recoge en este sentido una alusión a su obra El retorno de la primavera que no recuerdo si está o no en la novela de Edith Warthon.

La tricoteuse (1882)

La tricoteuse (1882)

Eakins, en cuyos retratos las nítidas caras, manos y objetos parecen emerger de una bruma impresionista de trazo grueso en que se confunden tema y fondo.

 

Between rounds (1899)

Between rounds (1899)

 

Millais, uno de los más deslumbradores representantes de la escuela prerrafaelista.

Mariana in the Moated Grange (1851)

Mariana in the Moated Grange (1851)

Mucha, el gran maestro de la imagen comercial de principios del siglo XX.

Winter (1896)

Winter (1896)

Watts, el victoriano perturbador.

 

The Hope. George Frederic Watts (1817-1904)

The Hope. George Frederic Watts (1817-1904)

 

Sir Lawrence Alma-Tadema, la veneración inglesa por la cultura clásica llevada a imágenes.

The Finding of Moses (1904)

The Finding of Moses (1904)

Y no quiero terminar sin nombrar al menos algunos de los maestros en activo de ARC (ARC Living Masters*), algunos bastante jóvenes y ya con una carrera impresionante, en cuyas obras destaca el culto al detalle, la luz y la belleza. Por ejemplo William Whitaker.

Magic carpet (1981)

Magic carpet (1981)

Philippe Faraut, que ha llevado a la escultura una idea del movimiento y los volúmenes extraída con audacia del cine y la animación. 

Paz (2008)

Paz (2008)

Yuqi Wang, la nitidez de la tradición china y el barroco revisitado.

w11

O Joel Carson Jones, con su deliciosa ironía y sus cuadros que hay que mirar dos veces.

Blue

Blue

Publicado en on 5 Septiembre 2009 at 7:24 pm Comentarios (4)

Hitchcock, Huston, Kubrick, Polanski… Bonaparte

Esta no es una de esas pruebas de inteligencia en la que el examinado debe continuar la lista… sería demasiado difícil, ni tampoco una de las que requieren descubrir el elemento que no concuerda con los demás; sería demasiado fácil. Sólo a los interesados, en alguna medida, en temas esotéricos les resultará útil la siguiente información; que las fechas de nacimiento de los nominados en el título de esta entrada son respectivamente las siguientes:

13 de agosto (1899) – 5 de agosto (1906) – 26 de julio (1928) – 18 de agosto (1933) – 15 de agosto (1769). Es decir, que todos fueron insignes (alguno por motivos menos memorables que los otros) personajes nacidos bajo el signo de Leo, y de todos celebramos su onomástica en fechas próximas. Si julio y septiembre, meses de Cáncer y Virgo, abundan extraordinaria-mente en nacimientos de escritores geniales, agosto es el mes de los grandes fotógrafos, pintores y directores de cine. El mes de la luz efectivamente parece instruir a sus recién nacidos en el misterio de los encuadres, formas, colores, perspectivas, en la captura de la belleza hecha imagen.

Hitchcock y Novak en el rodaje de "Vértigo"

Hitchcock y Novak en el rodaje de "Vértigo"

Si tú, mi querido lector, eres uno de esos escépticos a los que se les ponen los pelos como escarpias o, por emplear una imagen decimonónica que Chéjov usaba mucho, se te inflama el hígado cuando oyes a alguien divagar sobre signos del zodiaco, te aconsejo que no sigas, aunque debo hacerte una advertencia si te interesa la ficción: En tanto se tomen como lo que son, se los deje en el ámbito de la simbología igual que hacemos con los sueños y no se traten de emplear como una especie de guía turística de la vida, los signos del zodiaco son muy útiles para crear arquetipos y también para especular sobre los que han sido célebres y perviven en nuestra memoria como personajes, caso, por ejemplo, de los grandes directores de cine o los emperadores franceses.

Respecto a esto dice John Gardner: “Lo que más nos asombra de la obra de quienes pertenecen a esta clase superior de novelistas  -Tolstói, Dostoievski, Mann, Faulkner- es el talento que demuestran para poner en palabras las impresiones y sentimientos de numerosos personajes distintos, y que puede permitirles incluso introducirse en la mente de los animales (…). La capacidad de ver el mundo como otros lo ven se puede potenciar mediante ciertos trucos y ejercicios. Cada escritor encuentra su propio método. Habrá seguramente quien estudie gruesos volúmenes de astrología, pero no para buscar consuelo en ellos o prevenir una catástrofe, sino para indagar en las complejidades de la naturaleza humana (un carácter cien por cien piscis enfrentado a un carácter cien por cien leo, se crea o no en que sus rasgos respectivos tengan que ver con la fecha de nacimiento). Y los hay que leen estudios sobre casos psicológicos o “revistas femeninas” o “para hombres”, y algunos juguetean con la frenología, la quiromancia o el Tarot. No son simplemente conocimientos lo que hay que buscar, sino penetración, introducirse en personalidades distintas de la propia.”

Jamás he visto descrita en forma tan lúcida la inclinación a veces enfermiza que muchos escritores han sentido por el mundo de lo sobrenatural, algunos de forma erudita y metaliteraria, como Borges, interesado siempre por las cosmologías remotas y hasta ficticias, otros creando un vínculo personal que les llevó hasta lo excéntrico, con mayor o menor perjuicio para sus carreras, como Rubén Darío, Bram Stoker o Conan Doyle, cuya deriva espiritista está maravillosamente narrada en la última parte de Arthur y George, de Julian Barnes

Huston en una de las localizaciones de "Vidas rebeldes"

Huston en una de las localizaciones de "Vidas rebeldes"

Aclarada esta cuestión, ¿qué hay que decir respecto a Leo que pueda arrojar alguna luz sobre los personajes cuyos nombres encabezan esta entrada? Tomo como introducción los datos recogidos por Cirlot en su Diccionario de símbolos, precisa y preciosa obra: “Leo: Quinto signo zodiacal. Corresponde a la fuerza solar, al fuego y la luz clara y penetrante que surge por el umbral de Géminis al dominio de Cáncer. Está ligado a los sentimientos y emociones.” Leo es el 2º de los signos de fuego (Aries- Leo- Sagitario), su astro regente es el sol y en la rueda kármika de la vida que representa el zodiaco (desde Aries, lo recién creado, hasta Piscis, el sacrificio) se encuentra entre los primeros seis signos, que describen las edades del hombre: Leo es el adolescente y su lema espiritual es “Yo haré”, como el de Aries es “Yo soy” y el de sagitario, más avanzado en la rueda kármika, es “Yo observo”. En la clasificación de Linda Goodman, Leo es un signo Fuego- Positivo- Masculino – Fijo, es decir, que su misión kármika (lo que ha venido a hacer a este mundo) es: “Organizar de una manera inspirativa, agresiva, dinámica e idealista”.

Un fotograma de "Senderos de gloria"

Un fotograma de "Senderos de gloria"

Linda Goodman es una de las mejores divulgadoras de los secretos del zodiaco. Se hizo un poco rica y algo famosa con sus libros Los signos del zodiaco y el amor y Los signos del zodiaco y su carácter, explotando esa parte accesible de la astrología de fácil aplicación cotidiana, que vende tanto y que en determinadas manos puede hacerse grosera. Los libros de Linda Goodman están escritos en la norteamérica de los sesenta, y algunas de sus descripciones de personajes se han quedado un poco anticuadas, sobre todo porque el estilo de Linda era más Cosmopolitan que Reader´s Digest, pero siguen siendo interesantes para un escritor. Cuenta anécdotas de supuestos concidos suyos, de uno u otro signo, a las que Fitzgerald o Cheever habrían sabido sacar mucho brillo, y que a veces recuerdan escenas de Blake Edwards o Billy Wilder. Estas son algunas de las cosas que dice, por ejemplo, del jefe Leo:

“¿Con que tienes un jefe Leo y ya hace más de un año que trabajas con él? ¿De veras? Pues debes de ser muy buen oyente. (…) Muéstrate original, audaz, creativo y trabajador, pero recuerda que él es siempre más original, audaz, creativo y trabajador que tú… en su opinión, por lo menos. Di que sí a la mayor parte de sus ideas geniales (y en una semana puede tener muchísimas). Y si tienes que decir “no”, empieza con una montaña de halagos y termina con otra . (…) Cuando tu jefe leonino haya obtenido hasta la última gota de reconcimento que se merece, más una dosis extra de respeto por si acaso, te enorgullecerá a ti elogiándote por un trabajo bien hecho. (…) es posible que el León muestre muy poca discreción al señalar tus errores. Un empleado de naturaleza sensible se encontrará más cómodo trabajando en otra parte. (…) Nacido para mandar, Leo tiene un talento envidiable para asignar a cada cual la tarea adecuada, y ocuparse de que todos la terminen a tiempo. (…) No te sientas molesto si tu jefe Leo se entromete un poco en tus asuntos privados. Actuar así supone, en realidad, un sello de su regia aprobación. (…) Son gente que viste bien, come bien y duerme bien. (…) Son capaces de la noche a la mañana de convertir en victoria un fracaso, con una extraordinaria fuerza de carácter. El león obtiene una tremenda satisfacción interior al dar órdenes (…) pero no encontrarás otro jefe que te deje tener junto al escritorio el cochecito del bebé porque te has quedado sin niñera. Claro que tú habrías preferido tener el día libre, pero él te necesitaba en la oficina. ¿Y acaso no es él el padrino del bebé?

Cartel de un documental sobre la controvertida vida privada de Polanski

Cartel de un documental sobre la controvertida vida privada de Polanski

Si tomamos estas cualidades generales y las situamos en dos polos, tendremos por un lado a cuatro enormes directores de cine, con proyectos muy personales, persuasivos, egocéntricos, detallistas, insoportables y encantadores y sobre todo triunfales, siempre con el talón de Aquiles en su vanidad, y por otro a un líder militar implacable que se salió con la suya y asoló media Europa (media, por decir algo). Únicamente los extremos: Rusia y España (casualmente, o no, países regidos por el signo de Sagitario), y las siempre difíciles Islas Británicas (Aries) se le resistieron. Tenemos así los prototipos del Leo creativo y el Leo destructor. En un caso, las rarezas y la tenacidad están puestas al servicio de la belleza, en el otro, al servicio de la muerte, siempre con éxito, en tanto que éxito significa conseguir aquello que uno se ha propuesto. 

La impresión general es la de un personaje que lo tiene absolutamente todo bajo control, que exprime lo mejor de los que trabajan con él, que consigue asociar el éxito a su imagen, tan presente en las vidas de sus empleados que estos le temen a pesar de su elegancia, le odian a pesar de su genialidad o le  adoran aunque se atribuya todo el mérito. Resulta divertido pensar si los que tuvieron como directores a Alfred, John, Stanley, Roman… dirían algo parecido. A mí me parece que la descripción coincide con sus leyendas. En cuanto al representante del lado oscuro de Leo, nadie podía definir mejor a un militar francés que un creador francés. Jean Cocteau, Géminis  él, dijo una vez: “Napoleón era un loco que se creía Napoleón”. También dijo: “El poeta es exacto. La poesía es exactitud.” Frases geniales que definen respectivamente la megalomanía y el gran cine.

"Barry Lindon" fue lo más cercano a un gigantesco biopic sobre Napoleón que Kubrick nunca consiguió rodar

"Barry Lindon" fue lo más cercano a un gigantesco biopic sobre Napoleón que Kubrick nunca consiguió rodar

Publicado en on 11 Agosto 2009 at 9:00 pm Comentarios (6)