Inconvenientes de la creación del mundo

jm_peque

El azar ha querido que decida publicar mi primera entrada hoy; sábado 7 de febrero, en el aniversario del nacimiento de Charles Dickens. Pero hoy es también el cumpleaños de un personaje más querido para mí, algo más cercano geográficamente, y casi tan desconocido. El poeta Juan Manuel Navas que, esté donde esté, cumplirá hoy 38 años. Felicidades. En realidad ignoro si sigue escribiendo, supongo, basándome en ciertas pruebas que más abajo expondré, que vive, y sé que una vez fue poeta, por lo que siempre será poeta mientras no declare lo contrario. Por lo poco que sé su vida es de una opacidad pétrea y su obra, de un brillo mineral.

Juan Manuel Martínez Navas nació el 7 de febrero de 1971 en Madrid. Cursó estudios de Filología Hispánica y Derecho, y trabajó desde muy joven (quizás aún trabaja), para una empresa de telecomunicaciones. Suele firmar sus escritos como Juan Manuel Navas, Juan Manuel M. Navas o J.M. Navas. He averiguado también, torpemente y con esfuerzo, que estuvo casado y tiene dos hijos: una niña y un niño. El pequeño habla poco; pero observa fijamente con unos enormes ojos azules. La mayor se atrevió a revelarme que lo que más le gusta de su padre es su cariño, su aspecto y sus comidas, atributos notables que no tienen a su favor todos los poetas del mundo. A su ex mujer debo agradecerle que me dejara ver la casa en que vivieron durante doce años y alguna correspondencia abandonada con editoriales y viejos amigos; sin todo ello habría tenido que resignarme a hablar sólo de lo que Navas publicó, y esto habría sido menos interesante. Hay algo inmensamente triste en tener que entender a un autor que se admira basándose sólo en lo que quiso mostrar, en no arriesgarse a inducir, a imaginar.

Para empezar por el principio, no tengo más remedio que dar crédito a algún relato de encuentros en la noche madrileña, de lecturas en Libertad 8 y copas en bares de Lavapiés y Huertas, de cenas con amigos, a fotografías poco nítidas en las que el autor parece risueño o borracho, aparecidas en algún blog, que lo relacionan con cierta generación no académica formada, entre otros, por los grandes poetas Jesús Urceloy y Álvaro Muñoz Robledano, y el conocido novelista, poeta también, David Torres. He podido seguir el tejido de una red de encuentros bibliográficos que los unen. En los últimos años del siglo XX, Torres y Navas fundan y dirigen la revista Anónima. Navas pone en marcha la editorial Poeta de Cabra junto con Sonia Rincón, donde publican pocos libros, pero muy bien escogidos. Hay que señalar Cuartel de invierno de Muñoz Robledano. Las revistas antológicas de la ACE (asociación Colegial de Escritores de España) publican poemas y cuentos de Navas en dos números de 1997 y 1998. En éste último me encontré con Madre silenciosa, la confesión cautivadora de un hombre que asiste por error al velatorio de un niño.  Arañando en publicaciones humildes, en alusiones a piezas incompletas, a ideas, a argumentos recogidos de forma dispersa y con una letruja ilegible en viejos cuadernos, he podido adivinar también otras historias que no sé si llegaron a escribirse: Dos desconocidos comparten una cena y, borrachos, acaban confesándose su secreto y su culpa. Ambos descubren que es la misma, y ninguno de sus recuerdos puede existir ya sin el del otro. Éste me recordó a alguna de las ideas que Hawthorne tenía en los viajes y que apuntaba para mejor momento; especulaciones sobre moral e identidad. También aquella otra, insólita, de un insecto que se enamora de la mujer que se está suicidando sobre él, y cuyo cuerpo va a aplastarlo al caer, y lo que habría sido un delicioso homenaje a Lem, una aventurilla de detective pícaro interestelar, en un mundo en que la prensa rosa busca besos por satélite y los millonarios tienen amantes que disimulan muy mal su condición robótica. Pequeñas joyas enterradas que una puede, felizmente, excavar y pulir en su cabeza.

Por lo que sé, Navas llegó a publicar de hecho dos libros de poesía: La sonrisa del saltador (Endymion, 2002) y El cáncer de las mariposas (El árbol espiral, 2002). En éste último, un sangrante juicio privado en que el autor, como el protagonista de El proceso, no sabe de qué le juzgan ni a quién apelar, se hace lírico, épico. Ambos libros intentan reconstruir a sorbos, a mordiscos, la creación. Después poco, casi nada. Puedo decir que Jesús Urceloy, en su estupenda introducción a Todo Sherlock Holmes (Cátedra, 2003), cita a Navas en los agradecimientos y en algún lugar del prólogo, atendiendo a sus opiniones sobre el mítico detective. El mismo año, aparece en Ariadna, revista literaria digital, un fragmento tan bello que no me atrevo a llamarlo crítica, firmado por un tal LOVAT cuya voz reconozco; casi seguro que es Muñoz Robledano. http://www.ariadna-rc.com/numero18/el-laberinto/el-laberinto3.htm#trestiempos. Prosa sobre El cáncer de las mariposas. Poesía sobre poesía, “Ahora conocemos por espejo, oscuramente…” David Torres lo nombra en un artículo titulado Madrid está enladrillado, publicado en la sección de Madrid de El Mundo el 20 de mayo del 2008, y últimamente he podido encontrar un poema inédito, de nuevo en Ariadna, que comienza con el verso: Llegaron en tres caravanas… El estilo es inconfundible pero más amargo, más hundido en el misterio y no vencido. Sus conocidos en el mundo literario no han querido, o no han sabido darme más detalles. Yo podría haberle preguntado a Navas por qué toda su obra tiene ese aroma de gran escenario construido con dolor en que algún día tendrá que representarse una obra mayor, quizá sólo una escena minuciosa. Podría saber si piensa volver a publicar o no. He tenido ocasión de abordarle. Pero estos encuentros entre amantes y amados en los libros siempre suponen para mí algo ridículo y violento, y he preferido reconstruir al poeta por sus huellas.

Ahora voy a detenerme un instante en el primer libro de Navas que leí con fascinación, porque creo que está en él el principio y el fin de todo, para el autor, y también en un plano simbólico. Sé que no es ortodoxo hacer esta clase de comentarios sobre un autor vivo y, tal vez, en ánimo de seguir produciendo, pero al ser yo una escritora muy menor, y éste un espacio muy pequeño en el inmenso paraíso de los escritores menores, que es internet, estoy segura de que no altero ningún equilibrio cósmico ni ofendo a nadie si continúo.

La sonrisa del saltador contiene siete poemas de cien versos cada uno. Aquí el poeta, soberbio y temerario, se atreve a intentar narrar la recreación del mundo por el lenguaje. Bajo este propósito debe de palpitar la memoria de ese primer asombro con que el niño aprende que el mundo ya creado, aquel en que ve personas, árboles, perros y juguetes, se vuelve a crear ante sus ojos cuando él aprende la palabra “árbol”, la palabra “perro”… y de ese otro momento, un poco más allá, en que descubre que hay muchas más cosas (si es que son “cosas”) que podrían nombrarse, pero que los nombres son arbitrarios e imprecisos y parecen convertir lo que designan en arbitrario e impreciso, a pesar de que su existencia es tan real, tan verdadera allí donde no puede nombrarse. Este inconveniente de la recreación del mundo ocurre infinitamente, así que persiste una zona oscura, un misterio, donde todo aquel que se sumerge corre el riesgo de desaparecer. El oficio del poeta no sólo es entrar ahí, que es también el deber del loco, sino además volver, vivo, y con la voz intacta. Navas vuelve y dice: “…y mastica el ángel hasta veinte hojas/ y escupe sobre la reunión de lluvias.” (Uno) “Y algún día nacer,/ con el color callado,/ sin roces,/ ni siquiera la noche.” (Dos) “Yo evito que vuelva su cabeza de piedra/ porque sus ojos no podrían soportar la claridad del dolor.” (Tres) “…los que varían su canto esperando sueldo, salvación/ más otoño, más.” (Cuatro) “Esas fachadas tan vacías/ y las pocas luces antes del comienzo.” (Cinco) “Dime que no has muerto sólo por parecer más bello.” (Seis) “Es la sonrisa del saltador su tarea./ Es su sonrisa, como único gesto heredado de los dioses,/ la que ha de invocar el primer momento.” (Siete).

Pero ese hombre que vuelve tembloroso y desnudo del abismo, con alguna satisfacción por un deber cumplido y terror a que la inmensidad pasada quede en él como un estigma, tiene que hablar ante una audiencia real, ocupada y a veces estúpida. Hay que recordar que los inconvenientes de la creación del mundo (aunque sea una recreación) no son sólo de naturaleza poética, sino también pragmática. Entre las cartas del autor encontré una lista con los nombres y direcciones de muchas editoriales, había mantenido una correspondencia regular con casi todas ellas antes del 2002; repentinamente, al mismo tiempo que la aparición de sus textos en revistas o páginas web, ésta cesa. Leerla es un modo de entrever la soledad del creador, la rabia fundamental de la que beben todos los verdaderos poetas. En alguna de las respuestas le aseguran que su poesía es “interesante, pero todavía inmadura”, como si le hablasen a un novelista demasiado joven, como si un infantil Rimbaud no hubiese podido escupir Una temporada en el infierno, y un Neruda por momentos ñoño no hubiera sido capaz de influir en el oído de varias generaciones de lectores. En la carta de una asociación de críticos se atreven a sugerirle que cambie un “que no sabremos” por un “desconocidas”, y añaden, didácticos: “Léelo ahora y verás cómo [los acentos los he puesto yo] te suena mejor, por muy viciado que lo tengas.”

No obstante, en la poca correspondencia revisada hice también encantadores hallazgos. Varias cartas del maestro Antonio Gamoneda mostraban su interés por los versos de Navas. Le animaba a seguir; decía, en su letra apresurada: “consigues sacudir las fuerzas internas del poema.” En 2006, Navas recibió en una dirección postal que no habitaba, y que por lo que sé no ha vuelto a utilizar, la carta de un crítico que había reseñado La sonrisa del saltador en el nº 0 de Puerto, una revista de crítica poética. En ella, el atribulado crítico confesaba: “Hacía mucho tiempo que intentaba localizarlo, pero ha sido realmente difícil, pues no he encontrado a nadie que pudiera facilitarme su dirección, y la editorial no contestó a mi petición.” Más adelante: “Adquirí su libro en la Casa del Libro de Madrid hace ya bastante tiempo, lo elegí porque en una lectura inicial me pareció muy bueno. Le envío la revista con la reseña y con el deseo de que sea de su agrado, y en el futuro pueda hablar con usted de su libro.” En la crítica apunta: “Este libro es exigente con su lector, pero a cambio nos ofrece un largo poema bien construido, y un hermetismo que requiere sucesivas lecturas para atisbar todo lo que hay en él.” Firma Jaime Galbarro. Ignoro si esta crítica puede verse en internet o si Navas pudo acceder de algún otro modo a este bálsamo, a este acto de justicia poética con una demora de cuatro años. En cualquier caso, el hombre que ha afrontado un proyecto así debe de ser orgulloso y estar herido, y la inmediata incomprensión seguramente puede hacerle replegarse en el silencio más allá de toda enmienda.

No he encontrado un retrato actual para ilustrar este artículo, alguien cercano al poeta ha sido tan amable de permitirme exponer la fotografía que encabeza esta entrada. Me dicen que la hizo su padre (también poeta y editor), y que es su favorita. Puede que refleje ese momento de perplejidad infantil en que se comienza a crear de nuevo el mundo. Ese principio brutal del placer y los inconvenientes.

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9 responses to “Inconvenientes de la creación del mundo

  • davidtorres

    Esa mirada perpleja, esa mueca de curiosidad… A mí ese tipo me suena.

    Los poetas nunca se van del todo y si no, pregúntale a Alvaro Muñoz. Juanma volverá algún día, como McArthur en Filipinas. A mí no me cabe la menor duda.

    Un beso y felicidades por tu estreno en la blogosfera.

  • rebecatabales

    Ya lo cuentas tú en El regreso del Oso Panda. Besos!

  • Jesús Urceloy

    Créame, fermosa Tabales, que ese Navas del que usted habla existe y sigue existiendo de tal manera que, si en probada deshonestidad llegasen a mi reino noticias de algun desafuero contra su persona, enviara mis naves y ejércitos y aún yo mesmo los comandara para devolver en sus reales a quien tanto aprecio por justo y estimo por amigo.

    Búsquele y si se dejase hallar comprendería que vuecencia, sin ser por ello menosprecio, cayese rendida a sus pies y en lo sucesivo fueran ya para siempre entrambos danzas y festejos.

    Quiérale y la amará, léale y será leída, súrtale y ya todo serán regocijos. Tal es el grato recuerdo que sólo con sus palabras dejó en la mi Corte de Bratislabia.

    Y felicidades a ambos, por el blog y la onomástica.

    Abdul Celoy

  • rebecatabales

    Que así se escriba y que así se cumpla. Gracias por pasarse Excelencia

  • A. Florénciar

    ¡Buen poeta que tan buena lectora tiene!
    Triple envidia.

  • rebecatabales

    Nada menos que triple. Los excelsos poetas estáis generosos, últimamente. Un beso.

  • A.M.R.

    Juan Manuel Navas se merece semejante entrada y mucho más. Pocos poetas y amigos como él y pocos escritores y personas a su altura, altura que alcanza usted sin mayor problema, doña Rebeca.
    Bueno es saber que la blleza y la inteligencia son lo mismo, y que ambas han decido ocupar un blog.

  • rebecatabales

    Con esta compañía da gusto ocupar lo que sea. Gracias

  • Óscar Herradón

    Hola Rebeca. Soy Óscar Herradón. ¿Te acuerdas? Haciendo limpieza a fondo en mi habitación me topé con dos escritos tuyos: “El recién llegado a Río Ronco” y “Dedicatoria primera a la segunda persona”, que me pasaste cuando estaba en Cóndor. Así que decidí ver si andabas por la web y descubrí que habías ganado el Ateneo de Sevilla de literatura joven. ¡Enhorabuena! Vaya categoría, qué pasada… compraré tu libro.
    Te dejo la dirección de mi blog y mi correo por si algún día quieres escribirme. Recientemente publicamos un libro en Minotauro titulado “20 Historias Inquietantes”, donde tengo un relato ¡sólo uno de 20! Por lo demás lo mío es de momento el ensayo, jeje. Un besote fuerte y saludos a tu madre, escritora.

    http://www.oscarherradon.wordpress.com
    oscarherradon@yahoo.es

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