El proceso

El pequeño, hiperactivo, enfermo, simpático, frustrado y genial Ernst Theodor Wilhelm Hoffmann, que más tarde se llamó a sí mismo Ernst Theodor Amadeus en honor al pequeño, hiperactivo, enfermo, simpático, pobre y genial Mozart, es un autor amado y contradictorio. Exitoso en su época, banalizado por el naturalismo francés y el nacionalismo alemán, recuperado después como autor juvenil y hasta infantil… recopilado al fin con esfuerzo, como manjar de bibliotecas fantásticas, visionarias, exquisitas.

E.T.W Hoffmann y Ludwig Debrient en la taberna Lutter & Wegener

E.T.W Hoffmann y Ludwig Debrient en la taberna Lutter & Wegener, por Paul Bette

Por otra parte tenemos a Franz Kafka, que no puede ser más que Kafka, y tal cosa siempre es otra cosa. Un enigma humano que forma parte de su propia obra de un modo que sólo puede darse en el siglo XX, cambalache. Su obra es inmortal, cada una de sus piezas es un clásico desde el momento en que fue imaginada, puede transfigurar el pasado y prefigurar el porvenir, y descubrirla es, para cualquier lector del mundo, una revelación inolvidable.

Ocurre que, estudiando a Hoffmann para unas obras completas imaginarias, he encontrado constantes referencias a su relación con la obra de Kafka, a su influencia en el estilo o la temática… la verdad es que no lo dejaban muy claro, y no di mucho crédito a esta comparación. Un primer biógrafo, pensé, pudo relacionar a estos dos autores por motivos superficiales: ambos aprendieron su lengua materna en una zona de Prusia (Hoffmann) o del Imperio Austrohúngaro (Kafka) en que se hablaba alemán, pero que no formaban parte de lo que hoy día llamamos Alemania, y en ambos casos eran regiones más o menos periféricas del Imperio. Hay otras coincidencias además de la lengua en que escriben. Sus orígenes son judíos, la carrera que les da de comer es el derecho, ambos crecen con grandes aptitudes creativas, pero tristes y delicados, en familias marcadas por relaciones desgraciadas y hasta por la locura. Los dos encuentran dificultades cuando desean y ambos acaban por enamorarse de una mujer de carácter, de origen polaco, de quien las circunstancias tienden a separarles (Hoffmann se ve apartado de Mischa y su hijo por sucesivos cambios de destino debido a las invasiones napoleónicas, Kafka no obtiene de su napoleónico padre el permiso para contraer matrimonio con Dora). Ambos mueren jóvenes, comidos por uno de los padecimientos que adquirió su sensibilidad crónica: una especie de esclerosis en el caso de Hoffmann (algunos autores dicen que neurosífilis), tuberculosis complicada con laringitis en el caso de Kafka. Ambos perdieron la voz antes de morir. Hoffmann tuvo que señalar la pared para indicar que le volviesen la cabeza hacia ese lado, antes de cerrar los ojos.

No es inverosímil que un primer biógrafo, después de registrar esta lista de coincidencias, hubiera imaginado un reflejo en sus obras sin pararse a comprobarlo; por último, unos biógrafos habrían copiado a otros. Este es un modo habitual de engordar las listas de influidos o influyentes en tal o cual autor o en tal o cual estilo que a veces los críticos se sienten llamados a reivindicar. Era posible, seguí reflexionando, que a un autor como Hoffmann, que goza del prestigio discreto del autor de género, se le quiera relacionar como sea con Kafka, Dostoievski o Poe. Me propuse investigarlo, aunque fuera por encima, y busqué en los textos de Kafka y en los estudios sobre su obra con la expectación de una profunda admiradora de Hoffmann. Fui cauta y descarté muchos pasajes en los que de hecho encontré similitudes, suponiendo que podían ser atribuciones de mi admiración (uno de los trucos que aprendí leyendo a psicoanalistas es que cualquier cosa puede representar a otra si se sabe inventar conexiones). Finalmente me convenció el comprobar que muchos biógrafos de Kafka también nombraban a Hoffmann como uno de sus precursores.

Como parecen existir verdaderas conexiones entre ambos autores, ¿cuáles son éstas? No cuento yo con las lecturas de Borges como para imitar Kafka y sus precursores (Otras inquisiciones, 1952), donde el maestro propone una lista de obras precursoras y afina el concepto mismo: “El hecho es que cada escritor crea sus precursores. Su labor modifica nuestra concepción del pasado, como ha de modificar el futuro. En esta correlación nada importa la identidad o la pluralidad de los hombres. El primer Kafka de Betrachtung es menos precursor del Kafka de los mitos sombríos y de las instituciones atroces que Browning o Lord Dunsany”. Aprovecho esta maravilla para inaugurar una nueva sección del blog: la página “Otros”, donde iré poniendo todos los textos a que hagan referencia las entradas, y algún otro que me apetezca. En ella puede caber también un texto interesante sobre El castillo, según J.M Navas. Volviendo al tema, lo indudable son ciertas coincidencias en el planteamiento de las historias por parte de ambos autores. Solemos encontrar un protagonista joven que cree desenvolverse en un mundo normal, a menudo muy reglado, una universidad, una oficina, un ministerio o el microclima de la pequeña burguesía, pero que pronto comienza a notar incongruencias, interrupciones de una ley tácita o natural, pruebas de un misterio mayor que no parecen percibir los demás, o que no les afectan. Para describir este ambiente y estas relaciones, los dos autores alternan un estilo de documento oficial y la intervención efusiva de personajes secundarios que irrumpen con una familiaridad inesperada. Y a pesar de todo ello persiste, en los dos, un tono de diario íntimo, de confesión.

Su sentido del humor es también parecido. Marcel Brion dice de Hoffmann: “Su frecuente recurso a la ironía (…) impregna su fantasía de un color y una atmósfera sarcásticas que muy a menudo paralizan la aparición de la angustia”. Es habitual en los cuentos de Hoffmann (sobre todo en los primeros: El puchero de oro o El caballero Glück), que el protagonista atacado por fuerzas incomprensibles o por la cotidiana fatalidad, tropiece y de con sus narices en el suelo, que algún funcionario borracho se ponga a chillar en medio de una aparición diabólica y estrelle su copa de vino contra la pared, o baile, o se quite el sombrero, haga muecas… todo se convierte de pronto en un grabado de Boilly. Por su parte, Kafka, aunque muy diferente en la expresión de lo grotesco, también suele emplearlo en momentos no climáticos. En la colonia penitenciaria contiene uno de estos momentos, cuando en plena descripción de la máquina de tortura, el soldado recoge la ropa del preso con la punta de su bayoneta y le obliga a ponérsela, hecho lo cual ambos ríen como amigos, al comprobar que ambas prendas están rajadas por detrás y que el preso enseña el culo a la concurrencia. Un momento tan cómico en medio de tanto horror parece proceder de una escena real o de una imaginación potente hasta los últimos detalles (Kafka cuenta en sus diarios que soñó estas escenas, y pidió unas vacaciones de quince días para dedicarse a ellas y a unos capítulos de América). El humor negro contribuye a que la historia deje mayor cicatriz en la imaginación. En estos aspectos y en muchos otros profundiza el espléndido prólogo de Jordi Llovet a las Obras Completas de Kafka para Galaxia Gütenberg/Círculo de lectores (2003).

Hoffmann adquiere lecturas muy intensas y reveladoras como precursor de Kafka, pero tal vez su vida resultó ser más kafkiana que su obra. Funcionario de día, escritor prolífico, músico y juerguista en su tiempo libre, cultivó con un humor críptico y amargo la frustración que le producía su fealdad y sus relaciones con las mujeres. Cuando había llegado tan alto como podía en la jurisprudencia, se dedicó a escribir textos difamantes y a repartir caricaturas de sus compañeros magistrados, travesura que lo llevó a un pequeño tribunal de Polonia a juzgar ladrones de gallinas. Allí conoce a Michaelina, a quien apoda Mischa, de hermosos ojos azules. Se enamora de ella y se la lleva a vivir a su casa, aunque apenas pueden entenderse, porque ella no habla alemán. No le hace falta el idioma para quedar embarazada enseguida, y pronto nace una boca que alimentar. Pese a su capacidad casi increíble de trabajo, el nuevo padre sigue emborrachándose y dando problemas, y su destino último es Plock, pueblo de cuyo interés y vida cultural da testimonio su mismo nombre. Hoffmann se aburre mortalmente y tiene ataques de nervios. Acaba yéndose a Berlín, pasa hambre, se separa de su mujer y su hijo para que no pasen hambre con él. Consigue la dirección de un teatro musical y cuando empieza descubre que está hecho una ruina. Etcétera. Los Josephs y los Kas de Kafka suelen moverse menos, pero es tentador imaginar qué habría hecho Franz de un personaje con la vida interior de Hoffmann.

Sus sensibilidades fueron muy distintas. Hoffmann empleó la fantasía, la visión, inauguró la fiesta del surrealismo y dio un nuevo uso a la caricatura, en sus cuentos más oscuros introdujo el pasado y los deseos de los personajes como fuente y destino de su conducta, descubrió las posibilidades narrativas y las complejidades filosóficas del tema del autómata, pero toda la obra de Kafka parte de una sola o tal vez dos inquietudes profundas e irresolubles. Él emplea, en palabras de Borges “la parábola religiosa de tema contemporáneo y burgués” y se expresa a menudo en el relato de sueños, ideas, aforismos, sin ninguna intención poética, sino literal. Por momentos sus frases adquieren el ritmo del versículo. Toda su obra aprehende, o lo intenta, alguna forma incomprensible de divinidad, y sus reflexiones íntimas podrían haber inspirado sermones de John Donne o poemas de Zhuang Zi. En toda esta grandeza quiero ver una intuición superior a la que todas sus vivencias pudieron sugerirle, y una forma incompleta de justicia. Los hermanos varones de Kafka murieron en la niñez, sus hermanas, en los campos de concentración nazis. 20 cuadernos de notas personales y 35 cartas íntimas que Dora guardaba, fueron confiscados y destruidos por la Gestapo en 1933. De Franz Kafka nos ha quedado Kafka.

l_63029_0057427_084b1fba

El 20 de febrero de 1932 se estrenó en estados Unidos Freaks, de Tod Browning. El 20 de febrero de 1951, el mundo conoció The African Queen, de John Houston, y el mismo día de 1963 Orson Welles se llevó a su país natal Le procès, su propia lectura kafkiana. No ha habido en el cine ningún proceso que se aproxime tanto al de Kafka, ningún Joseph K. se ha parecido tanto a Joseh K. como Anthony Perkins. El abogado y el juez son, grandiosamente, el director de la película. La secretaria del abogado y la mujer del alguacil, tiernas pero fatales, se meten en los cuerpos de Romi Sneider y Elsa Martinelli. Hay efemérides que son una fiesta.

Anuncios

4 responses to “El proceso

  • leo

    Me agrado este post.

  • rebecatabales

    Gracias Leo

  • Iván Fernández Balbuena

    Nunca había pensado en esa conexión, pero ahora que la leo parece obvia. Ojalá que salga el libro de Hoffmann que tienes en mente, aunque sólo sea por leer tu introducción.

  • rebecatabales

    Hay una nueva recopilación de cuentos en Cátedra (2007), que contiene La atalaya del primo, o El mirador del primo, una de sus piezas más difíciles de encontrar. También están Las minas de Falun, que nunca había podido leer en español, y Las aventuras de la noche de San silvestre, con su prefacio y sus cuatro episodios, como Dios manda. Pero siguen sin animarse a sacar unas obras completas. Siempre nos quedará Penguin. A lo mejor un día de estos me lío la manta a la cabeza y publico un monográfico sobre Hoffmann, o lo intento. Gracias por el comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s