El ruiseñor y la rosa

“Me dijo que bailaría conmigo si le llevaba una rosa roja -se lamentaba el joven estudiante-, pero no hay una sola rosa roja en mi jardín”.

Así es como se presentan personaje, tono y conflicto en la primera frase de un cuento. Yo sigo revisando mi colección de joyas literarias (estoy últimamente en ánimo de revisión y no de recolección); ahora, al extraño cuarzo de Solaris y al diamante perfecto de A sangre fría, me gustaría añadir este pequeño rubí, producto de la sangre coagulada de un noble pajarito. El ruiseñor y la rosa es uno de los cuentos para niños de Oscar Wilde que conformaron su primera obra: El príncipe feliz y otros cuentos, de 1888, junto con El niño estrella, el pescador y su sombra, El joven rey… Es un libro atípico del Wilde mundano que conocemos por aforismos y procesos judiciales, pero no tanto del Wilde simbolista, parnasianista, despojado de cinismo. Algo queda de este genio mimado en la resolución de El fantasma de Canterville. Sus preocupaciones fundamentales: la belleza, la fugacidad de la juventud y del amor, el sacrificio y la redención, están contenidas en forma pura y radiante en las historias de amor imposible de una estatua de oro y una golondrina (El príncipe feliz), un gigante viejo y un niño inmortal (El gigante egoísta) y ésta precisamente, que de niña me rompió el corazón, en la que un ruiseñor se enamora de un estudiante despechado.

El ruiseñor y la rosa según Sergei Pimenov

El ruiseñor y la rosa según Sergei Pimenov

Spoiler alert! Al que nunca haya leído este cuento maravilloso (en los dos sentidos), le recomiendo que lo haga ahora, porque a continuación procedo a separar sus mitades y mirar las pepitas.

El conflicto del estudiante protagonista ya lo conocemos. Está enamorado de una mujer caprichosa, que como aquellas malvadas románticas de las leyendas de Bécquer o de los tangos de LePera, le pide al protagonista cualquier cosa difícil de conseguir, no porque la desee mucho, sino para ver halagada su vanidad. Da la casualidad de que en el jardín del estudiante no crecen rosas rojas, si no, no habría cuento, y tampoco lo habría si el estudiante no fuese compadecido por otra criatura a la que él, a su vez, ignora: un ruiseñor que cada noche canta, bajo la luz de la luna, frente a su ventana. El ruiseñor es la contrafigura de la dama desdeñosa; sabe que no conseguirá nada del estudiante, pero aún así quiere ayudarle, para su mal. Un rosal blanco hace saber al pájaro que puede conseguir enrojecer una de sus rosas si canta hasta el alba con una espina clavada en el pecho, para que su sangre riegue el corazón de la flor. El pájaro se arriesga al suplicio hasta que, al amanecer, la rosa es ya de un rojo vivo y él expira. Cuando el estudiante despierta y ve la rosa, corre emocionado a llevársela a su amada, que la desprecia porque el hijo del chambelán le ha hecho un regalo más valioso, y le ha prometido que bailará con él toda la noche. El estudiante, amargado, se entrega a sus libros y reniega del amor para siempre.

Los cuentos de Wilde han sido llevados al cómic por Craig Russell

Los cuentos de Wilde han sido llevados al cómic por Craig Russell

La profunda tristeza que sostiene el cuento está recorrida del impulso eléctrico que consiguen transmitir los grandes narradores a sus historias, hasta las más humildes: el lector rabia y quisiera tirarle de los pelos al protagonista. El lector es el privilegiado que puede comprender la injusticia, aunque no puede gritársela al estudiante. El ruiseñor lo ha dado todo y su sacrificio no sólo es inútil, sino que queda en sombra, porque el amante sincero en la filosofía interna de las ficciones dramáticas de Wilde, es siempre el perdedor. El amado es indolente, caprichoso y terrible, y debe ser así, porque es bello.

No obstante, tanto la obra como la vida de Oscar Wilde nos revelan que el fondo de esta creencia narrativa es aún más profundo. El autor era ajeno a ciertas prohibiciones morales de la época, en la medida en que intervenían su búsqueda de la realización del placer, pero sus ficciones estaban sostenidas siempre por un sustrato moral de una calidad mayor, es decir, más universal, de acuerdo a su idea o sentimiento de justicia. De los tres cuentos que he nombrado antes, El ruiseñor y la rosa es el más despiadado porque es el más injusto, es decir, Wilde hace sufrir al lector el dolor, y después la rebeldía ante la ruptura de una ley no escrita según la cual el bueno debe ser recompensado. Pero es que Wilde, en sus cuentos para niños, da el mismo salto que Andersen: no son exactamente cuentos de hadas o fábulas lo que ofrecen, sino relatos en que los elementos simbólicos sirven de parábola estética para que los niños puedan atisbar abismos que, al crecer, se encontrarán frente a frente. El sacrificio por amor está narrado de una forma muy similar en La sirenita, de Andersen. Ella renuncia a su vida inmortal, a su cola de pez y a su voz, a cambio de unas dolorosas piernas y una existencia muda junto a un hombre que no la ama. Al final llega la muerte, y la muerte para las sirenas, como para las aves, es una muerte abismal, sin esperanza, porque no tienen alma.

Cuadro de Carol Muse Skinner, inspirado en el cuento

Cuadro de Carol Muse Skinner, inspirado en el cuento

Sin embargo en otros cuentos como El príncipe feliz o El gigante egoísta, aparece al final un Dios justo que reconoce la bondad de los protagonistas y los salva del desprecio de los seres humanos ignorantes y corruptos. Los premia con el Paraíso. Esta visión del Bien y el Mal, del amor como sacrificio y el egoísmo como condena eterna, son netamente puritanas (de hecho, es el mismo fondo puritano de Stevenson) y pueden resultar demasiado convencionales en contraste con cierto Wilde iconoclasta que nos ha llegado a través de las biografías, pero es fundamental comprender esta faceta para medir el alcance de su obra.

En El retrato de Dorian Gray, Lord Henry y Dorian tienen una conversación reveladora al respecto:

“-Qué gana un hombre que consigue el mundo entero y pierde su alma.

-¿Por qué me pregunta eso?

-Se lo pregunto porque creo que usted puede contestarme, Dorian.

-El alma es una terrible realidad, puede uno comprarla, venderla, traficar con ella. Puede uno envenenarla o hacerla perfecta. Hay un alma en cada uno de nosotros.”

Sin aprovechar y subvertir estas creencias platónicas, habría sido imposible para Wilde producir horror con la historia de un hombre cuyo alma se hace física en la superficie de un lienzo y, de este modo, se aparta de su cárcel mortal, pero no para elevarse, sino para corromperse. La gran literatura inglesa está escrita desde profundas raíces cristianas, pragmáticas y aristotélicas, y este es uno de los motivos de que, tanto El retrato de Dorian Gray como El extraordinario caso del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde (también más adelante en El hombre invisible, aunque ya desde otra perspectiva), hacen que juzguemos malvada y nos de miedo la posibilidad de escisión entre alma y cuerpo.

La mujer fatal de El ruiseñor y la rosa, por Charles Robinson

La mujer fatal de El ruiseñor y la rosa, por Charles Robinson

Oscar Wilde nació en Dublín, el 16 de octubre de 1854, bajo el signo de Libra. Según los astrólogos de la vieja escuela y los poetas interesados en simbología que encuentro tanto gusto en leer, Libra rige los libros. Es curioso que cada país o cada cultura de la que podemos obtener biografías detalladas tiene su gran escritor o su gran pensador Libra. España: Cervantes (y Unamuno, Buero Vallejo…), Francia: Rimbaud, Estados Unidos: Faulkner (pero también Fitzgerald, Greene, Capote…), China: Confucio, India: Ghandi, Japón: Akiyuki Nosaka,  y un largo etcétera. Así Inglaterra, que debe ser tratada como algo especial por habernos dado a Shakespeare, tiene su Wilde.

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22 responses to “El ruiseñor y la rosa

  • angel

    Hola Rebeca!
    me ha parecido un comentario muy interesante. Ya me dan ganas de salir corriendo a la bibioteca y coger uno de esos cuentos de Wilde, al que tampoco he leído mucho, la verdad.
    Vaya, pues yo soy Piscis, empiezo a perder la esperanza de hacer algo bueno en literatura 😉
    Cuídate
    ángel

  • rebecatabales

    A los piscis les suele dar por la música, pero también hay alguno por ahí, como Víctor Hugo, Akutagawa, Burgess… nada insignificante. De todos modos no te impacientes; es que les toca en marzo. Me alegro mucho de que mi entrada de ganas de leer a Wilde, eso ya es algo. Ciao.

  • Carlos

    Cuanta ternura hay en esos tres maravillosos cuentos de Wilde y cuanta crueldad en la literatura infantil.Ciertamente los buenos cuentos infantiles, los más populares nos ofrecen buenas pistas del comportamiento adulto de los humanos. Rebeca, siempre nos iluminas con tus brillantes apuntes.

  • rebecatabales

    Jo, gracias. Yo pensaba que era darle vueltas a cosas inútiles. Pero es verdad, hay vicios peores.

  • Tassabra

    Me encanta Wilde, tiene ese qué sé yo que te atrapa. Es uno de esos escritores de los que jamás podría hablar, porque no sé qué decir de él, me atasco, me brillan los ojos y se me entreabren los labios. Sí, se me queda una expresión un tanto peculiar, por no decir estúpida, pero no puedo evitarlo.

    Y aunque su única novela me parezca fascinante, creo que como escritor de cuentos gana mucho más.

    Muy interesante, como siempre, Rebeca.

  • rebecatabales

    Sí, es difícil hablar de su estilo, porque es muy sencillo, es de esos pocos grandes escritores que puedes leer tranquilamente en su lengua materna sin hacerte un lío. El año que viene hablamos de su fase de dramaturgo, ja, ja, si quieres. Un abrazo

  • Iván Fernández Balbuena

    Wilde tiene otro cuento muy bello pero iogual de curel, “El cumpleaños de la infanta”. También de una crueldad sin redención posible.
    Es curioso lo de los cuentos para niños. Cuando partían de una base folklórica (Perrault, los Grimm) eran crueles pero cuando luego empezaron a ser totalmente originales (Andersen, Wilde) la crueldad incluso se acentúa. Eso sí, no dejan de ser magistrales obras de literatura.
    No sé lo que opinarían muchos pedagogos modernos defensores de una literautra infantil-juvenil políticamente correcta y, a la vez, totalmente insulsa.

  • rebecatabales

    Puf, los pedagogos. Y sí, yo también he pensado a menudo qué les pasa a algunos escritores para niños. No es que haga falta ponerse siempre truculento pero es que alguno parece que escribe para tontos. A los niños les gusta sentirse sobrecogidos por las buenas historias, como los mayores, y tienen el don de ser implacables contra lo que no les gusta, aunque no sepan explicar por qué.

  • Carlos

    Totalmente de acuerdo con vosotros, aunque sea pedagogo de formación (que no en ejercicio). Los buenos cuentos se explican y se defienden por sí mismos. Odio los cuentos bienintencionados.

  • rebecatabales

    Pues el apoyo de un pedagogo con opinión en contra de los pedagogos políticamente correctos es especialmente valioso. “Los buenos cuentos se defienden por sí mismos”, esa es la cuestión. No creo que haya que evitar por sistema el cuento que transmite unos valores, de hecho, todo texto narrativo para niños o mayores tiene una lectura moral, pero es repugnante cuando se vacía de todo significado a un cuento que originalmente era arte, por miedo a que los niños no lo entiendan o se asusten, con todo lo que ven y tendrán que ver en la vida real, y lo que la ficción puede ayudar en el proceso de dar significado a esas vivencias.

  • davidtorres

    Bravo, Rebeca. Borges dijo de Wilde que había una virtud sin la cual todas las demás no valen nada y esa virtud es el encanto. Añadió: “En la historia de la literatura hay centenares de autores harto más complejos e imaginativos que Wilde. Ninguno más encantador”. Remataba así la faena: “Su obra podía haber sido escrita esta mañana”.
    Por cierto, creo recordar que la primera traducción que hizo Borges del inglés al español, con unos 7 años, fue El príncipe feliz.

  • rebecatabales

    No sabía eso, pero tiene mucho sentido. Borges, genio-lector, adoró a Wilde; genio-actor. Los que no somos genios nos resistimos a asumir nuestro deber de mirar y contar, por muy alto que sea este ejercicio. Hablando de contar, a ver si retomo el ritmo del blog con 2010 (me he dado de recuperación física hasta la Navidad)

  • jordim

    Muy buen gusto. Wilde es de los que no van a morir.

  • rebecatabales

    Bienvenido

  • Loren

    Me entusiasma Wilde. Tengo una edición de su prosa completa en Aguilar y otra de todos los cuentos en Austral, con prólogo de Luis Antonio de Villena. Cada cierto tiempo vuelvo a releerlos.
    Te felicito por el nuevo año y por esta magnífica entrada.
    Un beso.

  • rebecatabales

    Gracias Loren, siempre es un placer. Feliz 2010

  • pedro

    Me ha parecido muy cuidadosa esta página; pero eso que digas que EL RUISEñOR Y LA ROSA es un cuento infantil, me parece fatal.

    Gracias por el cuidado de la trascendencia de las palabras.

    Pedro A.
    Dallas, Texas
    mayo de 2010

  • rebecatabales

    Gracias Pedro. No es que yo diga que el ruiseñor y la rosa es un cuento infantil, sino que fue concebido por el autor como un cuento para niños. Tienes razón en que dentro de este grupo es un caso especial, porque no hay en él ninguna moraleja, sino algo mucho más profundo. El alcance del cuento depende de quién lo esté leyendo porque como dijo Wilde, es al lector a quien refleja la literatura, y no a la vida. Aprecio mucho que valores el cuidado de las palabras, es una de mis obsesiones. Un saludo

  • camila inostroza montes

    mui bueno me guto caleta mui bn resumido “ESPECTACULAR” me encanto i me sirvio arto 🙂 gracias.

  • ana sol

    mejor que despertara a que el AMOR es algo muy distinto a lo que “creyó vivir”…

    GRACIAS

  • nacho

    el pescador y su sombraaaaaaaaaaaaa

  • Román

    Tuve la suerte de leer ese cuento de niño, y tambén el Principe Feliz. En un contexto bien distinto El Fantasma de Canterville. No en una bella edición ilustrada, sino en una curiosa pubicación de la España de los años 50, antes por tanto de que tu nacieras, que llevaba el curioso nombre de “Enciclopedia Pulga”. El Príncipe Feliz, por el contrario, lo leí en la “Colección Cadete” (entre el pantalón corto de niño y el largo de varón. Vamos, en el que puedes ver en las Aventuras de Tintín: El pantalón de golf ja ja ja) ¡Qué maravillosa sensibilidad la de Wilde! Doy gracias por haberlo leido en el momento preciso..

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