Miyazaki & co.

El 28 de enero de 1985 se estrenó en Japón el capítulo 10 de la temporada 1 de Meitantei Holmes (Las aventuras de Sherlock Holmes animadas por el equipo de Hayao Miyazaki). Éste capítulo, dirigido por él y titulado Los acantilados de Dover, fue lo primero que disfruté de este estupendo narrador, y aún lo conservo en el antediluviano formato VHS, mezclado con algún otro de David el Gnomo, Los tres mosqueteros, La vuelta al mundo de Willy Fog y demás. A propósito, Holmes y Miyazaki casi comparten cumpleaños; Según compruebo en la introducción de Todo Sherlock Holmes, editado en Cátedra con prólogo y notas de Jesús Urceloy, Sherlock nació el 6 de enero de 18…

Por su parte, Hayao Miyazaki (宮崎駿) nació el 5 de enero de 1941 en Tokyo. Alguno de sus largometrajes son bellezas a las que hay que asistir e historias que a ningún gran lector pueden pasarle desapercibidas. Para mí lo son especialmente El viaje de Chihiro (千と千尋の神隠し Sen to Chihiro no kamikakushi), 2001, y Mi vecino Totoro (となりのトトロ Tonari no Totoro), 1988. La primera es una historia fantástica de aventuras, la segunda, un drama intimista con apariencia de cuento de hadas.

Chihiro es una niña de unos siete años que queda atrapada en un mundo nocturno: un balneario de dioses regentado por la bruja Yubaba (el nombre recuerda mucho a Baba Yaga, la legendaria bruja de los cuentos populares recopilados por Afanasiev, y hace recordar el parentesco entre las ilustraciones rusas que le dieron forma, como las de Bilibin, y la pintura japonesa). Los habitantes de la Casa de los Baños son babosas, ranas, simpáticos dioses con apariencia de juguete, y espectros que parecen sacados del Kabuki. La forma en que se consigue que Chihiro evoque nuestros terrores de infancia y nuestra forma de hacerles frente es magistral, y el escenario, los efectos visuales y un guión lleno de digresiones que parece confeccionado sobre la marcha (nada más lejos de la realidad), hace que la historia trasncurra como un sueño, con esa poderosa impresión de verdad en lo imposible.

A Chihiro se la ha considerado fácilmente una Alicia en un Wonderland japonés, pero reducir esta historia a otra vuelta de tuerca de la obra de Carroll no le hace justicia, y además no sirve para entenderla. Sí que comparten unos cuantos elementos muy rudimentarios: la estructura de viaje iniciático, un mundo maravilloso del que continuamente se sospecha que es irreal, la protagonista infantil, la antagonista autoritaria.

Pero es mucho más lo que las separa. Para empezar, el mundo en que Alicia se introduce y después cae (primero un túnel, luego un pozo), no deja nunca de ser hostil. Todo nuevo personaje que la niña interpreta como una oportunidad de salvación termina siendo inaccesible, abundan los juegos de lógica y lo onírico encierra el País de las Maravillas en un sistema de significados y relaciones propias que aparta a la protagonista, y al lector con ella, a menos que ambos decidan entrar en su juego. El conjunto de la historia parece un acertijo, un laberinto, y la protagonista no puede más que errar por sus pasadizos, hasta que la vigilia la salva de ser absorbida por el horror.

Pero Chihiro puede, es más, debe comprender el mundo en que ha quedado encerrada para sobrevivir. Asistimos a la inolvidable presentación de los personajes que constituye la primera media hora de película con fascinación, miedo y absoluta fe, y poco a poco descubrimos que todos son, en secreto, amigos, y que hasta la cruel enemiga que ha apresado a los padres de Chihiro y que pretende robarle su nombre y con él la memoria, se desdobla en otro ser amable.

La trama de Mi vecino Totoro es muy sencilla: dos niñas se mudan a una casa en el campo con su padre. Su madre lleva muchos meses en el hospital y está lejos, por lo que la visitan con menos frecuencia de lo que les gustaría. Se comunican sobre todo por carta. Viven en la constante angustia de que nunca vuelva. Un día, mientras la hermana mayor está en el colegio, la pequeña descubre la entrada a la guarida del rey del bosque, personaje mudo que volverá a aparecer como figura protectora y buen augurio, que precede a las noticias sobre la madre, y que salva a las niñas de la desesperación cada vez que su ánimo decae.

En mi vecino Totoro, el mundo mágico al que las niñas acceden es paralelo a un nuevo mundo real que también les inquieta: la casa vacía llena de polvo, los desconocidos cuya amistad tendrán que ganarse. La mayor se integra enseguida en lo real mientras que la pequeña es la que con más habilidad accede a lo maravilloso. Los dos mundos se integran hasta la resolución, en la que ambos resultan indispensables. Ver esta película es como hacerse amigo de un niño. Parece fácil. El viaje de Chihiro tiene el impacto de la alucinación pero tal vez Mi vecino Totoro suponga una experiencia más profunda.

Estas dos son, para mí, los trabajos más redondos, mejor acabados de Miyazaki, pero hay otros también inolvidables como Porco Rosso, El castillo en el cielo o El castillo ambulante. La princesa Mononoke es muy espectacular y fue muy elogiada, pero a mí siempre me ha parecido excesivamente larga y rebuscada; es la única de toda su producción en que el ecologismo y otros valores subyacentes no terminan de empastar en la trama, los personajes no están bien definidos y cuesta identificarse con la protagonista.

Miyazaki, junto con Isao Takahata, trabajó en la creación de las series Heidi, Marco y La abeja Maya para el estudio Zuiyô Enterprise, que en los setenta se convertiría en Nippon Animation. En los ochenta alcanzó el sueño de abrir, junto con Takahata, su propio estudio: Studio Ghibli, bajo el emblema del gracioso personaje mágico, medio gnomo, medio roedor, que es el “rey del bosque” en Mi vecino Totoro. Con la serie sobre el célebre ladrón Lupin, abandonó el mundo infantil e incorporó una visión más amplia y compleja que cristalizó en Nausicäa del valle del viento (風の谷のナウシカ Kaze no tani no Naushika), 1984, basada en un manga propio.

Así, en toda la obra de Miyazaki reina esa afortunada aleación entre elementos orientales y occidentales, entre el uso justo de las nuevas tecnologías de la animación y la estructura narrativa tradicional. Sus historias hablan casi siempre de la redención a través del trabajo, el arraigo y el amor, y del difícil equilibrio entre independencia y sacrificio. En sus dos penúltimas películas, El viaje de Chihiro y El castillo ambulante, la pareja protagonista está formada por una niña feúcha, pero inteligente y trabajadora, y por un chico al que su soberbia ha llevado a buscar el poder de la magia y que ha acabado esclavizado por ella. La pureza de los protagonistas los lleva a aferrarse a amigos secretos que podrían haber juzgado peligrosos, si hubiesen tenido más sentido común que lealtad pero, como los amables vagabundos de Mark Twain son, antes que razonables, nobles de corazón.

Pervive en la obra de Miyazaki la literatura infantil de tradición victoriana con adolescentes o animales como protagonistas (Oliver Twist, Belleza negra, Siete chicos australianos…) y algo que recuerda al cine de John Ford, aunque no sabría definir exactamente el qué. Esta hermandad proceda, tal vez, de los modelos cinematográficos de la generación de Miyazaki. La vida en las minas de El castillo en el cielo recuerda Qué verde era mi valle, y Porco Rosso sería un perfecto John Wayne fordiano si no fuera porque es un cerdo… o quizá no lo es; en cuanto a las posibilidades del disfraz, la animación supera al cine.

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10 responses to “Miyazaki & co.

  • Carlos

    Rebeca, como te puedes imaginar comparto todo lo que tú tan bien dices. Sus obras, a poco que rasgues tienen más profundidad de la aparente y un poder de sugerencia enorme.A su cine vuelvo constantemente porque lo siento muy mágico y me sigue conmoviendo tras cada visionado (y las he visto muchas veces).Tengo grabadas todas sus bandas sonoras compuestas por Joe Hisaishi y escucharlas es recuperar una parte más de esas películas, un deleite para el oido. Un placer, compartir de nuevo tus caminos

  • rebecatabales

    Es verdad, me había olvidado de las bandas sonoras que son espectaculares, y también tienen algo de película clásica de aventuras. No conocía al autor, gracias por compartirlo.

  • Elena

    Me alegra mucho ver que Inesita te deja publicar de vez en cuando. Me encantan tus entradas. Tienen algo de mágico, de nuevo es coincidencia que hace unos días descubrí El viaje de Chihiro! Tiraré del hilo siguiendo tus consejos…
    Muchos besos y que disfrutes de la nueva vida!

  • rebecatabales

    No te pierdas Mi vecino Totoro. Hace poco la vi en una lista de no sé qué crítico sobre las cien películas del siglo y era la que escogía de todas las de Miyazaki. Besos

  • angel

    pues la verdad es que a mí lo japones, y lo asiático en general, me pilla un poco lejos y apenas lo sigo. Supongo que tendría que prestarle más atención, pero lo cierto es que con leerme lo europeo y algo americano ya tengo mi tiempo libre a reventar.
    En fin, lo anoto, y a ver cunado puedo 😉
    besos

  • rebecatabales

    Yo creo que la forma eficaz de contar una historia es universal. Para mi gusto, los narradores chinos suelen ser un rollo, tanto en cine como en literatura, porque los chinos no tienen una tradición novelística importante, y sí poética y filosófica, pero Japón y Corea del Sur son otra cosa, han asimilado los modelos occidentales sin perder su propia tradición narrativa y si le quitas el envoltorio exótico, como los nombres de los personajes o las costumbres locales, la historia bien contada no se siente extraña, al menos, no más extraña que la de cualquier autor independiente occidental. Estoy segura de que si pruebas te gustará.

  • Worsley

    Me gustan tus entradas. Espero seguirte a partir de ahora. Mis pelis favoritas de Miyazaki son, en este orden: Mi vecino Totoro, El viaje de Chihiro y Porco Rosso. Creo que la suya es una filmografía muy a tener en cuenta y que, narrativamente, poco o nada tienen que envidiar a otras películas no animadas en las que la fantasía y la imaginación jueguen un papel importante. En cuanto a la estética ya ni te cuento. Miyazaki ha creado escuela en muchos sentidos. Lo dicho, enhorabuena por el blog. Saludos desde Menorca.

  • rebecatabales

    Buena elección, yo tardé en ver Porco Rosso porque lo del cerdo protagonista me echaba para atrás, pero Miyazaki siempre es buena apuesta. Espero seguir leyendo tus opiniones. Un saludo.

  • lejano

    “Estas dos son, para mí, los trabajos más redondos, mejor acabados de Miyazaki, pero hay otros también inolvidables como…”

    … nausicäa rebeca, nausicäa!, cómo puedes alejarla tantas líneas de esa lista bendita? en la versión no recortada para occidente, evidentemente. sabes que la estrenarán el 9 de abril en los mejores cines de españa? o en los peores, quién sabe. yo me acabo de enterar. no importa: ve a verla.

    aunque descubrí a miyazaki y me emocioné con chihiro (y aún antes, sin saberlo, como tantos otros, con aquella magnífica serie de aventuras), y de hecho con casi todas sus obras, nausicäa (corto y pego, demasiado vago para tantas diéresis) es sencillamente… pero ve a verla!

    si no escribo más o menos es porque me impones (3. tr. Infundir respeto, miedo o asombro. U. t. c. intr.). no se elige, eso, no te creas.

    hola.

  • rebecatabales

    Vaya, qué pasión. Pues dicho esto no tengo otro remedio que ir a verla. Mi problema con Nausicäa es que sólo la he visto en japonés sin subtítulos y todo parecen insultos. 9 de abril, me lo apunto.

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