Cuentos contra el poder

Después de una larga pausa quiero seguir hablando de cuentos populares, pero antes copio las siguientes definiciones del Diccionario del diablo de Ambrose Bierce:

Berza: Hortaliza común que se cría en el huerto de la casa, tan grande e inteligente como la cabeza de un hombre. La berza se llama así en honor a Bercio, príncipe que al llegar al trono emitió un decreto, por el que nombró un Consejo Superior del Imperio. Dicho Consejo fue constituido por los ministros de su predecesor y las berzas del huerto real. Cuando quiera que las medidas políticas tomadas por Su Majestad fallaban escandalosamente, se anunciaba con pena que varios miembros del consejo superior iban a ser decapitados, y los súbditos murmuradores quedaban apaciguados.

Idiota: Miembro de una tribu grande y poderosa cuya influencia en los asuntos humanos ha sido siempre preponderante y dominante. La actividad del idiota no se limita a ningún campo del pensamiento o acción especial sino que “lo controla y regula todo”. Siempre tiene la última palabra y sus decisiones son inapelables. Él impone las modas de opinión y gusto, dicta los límites de la expresión oral y circunscribe las conductas poniéndoles una fecha límite.

Política: Un conflicto de intereses que se enmascara como una discusión de principios. La dirección de asuntos públicos para obtener beneficios privados.

Estas tres palabras definen las tres grandes amenazas que contiene el poder, o más bien a sus víctimas: la impunidad, la estupidez y el latrocinio. Uno de mis cuentos populares favoritos, puede que el primero junto a La Bella y la Bestia, habla de todo eso. En realidad, habla también sobre la peste y la fe. Se trata de El flautista de Hamelín, de los hermanos Grimm.

Hamelín está infestada de ratas y sólo un flautista mágico puede liberarla, pero el mezquino alcalde y sus concejales serviles traman un plan: dejarán que él acabe con las ratas y después se negarán a pagarle. La venganza del flautista será terrible: se llevará a los niños del pueblo. Todos los niños le seguirán al son de la alegre música de su flauta, felices como le siguieron las ratas, y nadie los volverá a ver jamás.

Decía que este cuento habla también sobre la fe. Sobre la fe se sostienen los cimientos de nuestra civilización. La confianza en que si vendo algo el comprador va a pagarme, en que si deposito una cantidad de dinero en un banco va a estar allí cuando vaya a por él, la fe ciega en que mis gobernantes están usando con sentido común el dinero que detraen del fruto de mi trabajo. En último término dependemos de la honradez de personas a las que no conocemos y a las que no les importamos.

Cuando el alcalde del cuento decide no pagar al flautista, la injusticia que comete es la menor de sus faltas. Lo peor es que transgrede esa ley de confianza; lo que denominamos honor, palabra envejecida y a menudo malempleada. Este alcalde no es castigado, pero tiene al final un gesto que le honra un tanto: devuelve el bastón de mando a los entristecidos ciudadanos, mientras desde la falda de la montaña, al otro lado del río, llegan todavía las notas de una canción mágica. Los poderosos no acostumbran a abandonar el poder, ni siquiera después de haber cometido las acciones más abyectas.

El poder corrompe. Siempre ha sido cierto, hasta el punto de que un ser humano puede convertirse en otro, irreconocible para los que lo amaban, después de haber pasado por la alquimia del poder. En la narración maravillosa o legendaria, estos cambios debidos al efecto del ambiente solían representarse con hechizos o posesiones.

“Cathal, rey de Munster, era un buen rey y un gran guerrero. Pero una bestia, invisible, maligna y violenta vino a morar dentro de él, provocándole un hambre incesante que nunca satisfacía.”

Este es el comienzo de un breve manuscrito irlandés del siglo XVI. Últimamente se ha recopilado en colecciones de cuentos celtas con el título de La visión de McConglinney, nombre del sabio que finalmente consigue exorcizar al rey, después de que su apetito haya arrasado las haciendas y las provisiones de Carn hasta Cork, y amenace con asolar todo el país. Algo parecido le ocurre al Sin Cara de El viaje de Chihiro, de quien la protagonista declara, con seguridad infantil: “Sólo es malo en la casa de los baños.” Es decir, sólo es malo donde puede fabricar oro falso y repartirlo a voluntad, con lo que hace despertar la codicia y la estupidez de todos sus moradores.

En la misma línea alegórica, los sucesivos protagonistas de Beowulf tenían fantásticos (en el sentido literario del término) bastardos con una forma pagana de súcubo, representada por Angelina Jolie en la animación de 2007. Ella los encantaba con sus promesas, no sólo de pura y dura lujuria, sino de un poder que a la larga terminaba con ellos. Esta historia tiene la habilidad de narrar también cómo cada uno de los sucesores del poder es testigo de lo que la soberbia y la avaricia hacen con sus predecesores, sin que por ello se apliquen el cuento. O sea, no sólo habla del peligro y la corrupción que radica en el mismo corazón del poder, en su mismo nacimiento, sino del que se perpetúa en su heredad.

En cuanto a la perpetuación y la herencia del poder, existe también un cuento satírico de origen celta, recopilado entre otros por el húngaro Val Biro, quien lo titula: El rey perezoso. Trata de un monarca celoso de su poder, pero vago hasta el punto de que jamás se levanta de su trono y tienen que alimentarlo y vestirlo sus cortesanos. Incapaz de decidir entre sus tres inútiles hijos  quién ha de ser el sucesor y, como es perezoso hasta para morirse, decide que será rey para siempre. Pasan largos años de tiranía inactiva, y ocurre que el rey engorda tanto que ya no cabe en la sala del trono, y manda hacer un agujero en el techo por donde sacará la cabeza, para recibir a sus ministros en el ático. El rey sigue engordando hasta que el palacio se derrumba sobre su cuerpo, pero, advierte el narrador con sorna, es posible que siga vivo debajo de las ruinas.

El 5 de mayo de 1282 nació en Escalona uno de los sobrinos de Alfonso X apodado el sabio; Don Juan Manuel, de celebridad honrosa, atributo que no puede concederse a todas las celebridades que existen. Don Juan Manuel es el autor de la primera versión literaria de El traje nuevo del emperador. Ésta fue publicada con el título de El paño maravilloso en el Libro de los enxiemplos del Conde Lucanor et de Patronio, hoy conocido como El conde Lucanor, en 1335.

“Los burladores recibieron muy bien al cortesano, y antes de llevarlo donde estaban los telares le explicaron la maravillosa condición del paño, que sólo podía ser visto de quien fuera hijo de padres honrados. Acercáronlo después a un telar, ante el cual se puso a hacer como si trabajara uno de los burladores, y el cortesano, con gran maravilla, vio cómo la lanzadera, en medio del estrépito de todo el artefacto, iba y venía de uno a otro lado, entre una invisible urdimbre, sin que se viera su labor de trama. Palideció el cortesano, sospechando si sería hijo de padres ladrones cuando nada veía de lo que aquel hombre ejecutaba; mas por no dejar conocer su turbación púsose a alabar el primor con que el tejido iba realizado.”

Con este cuento, el conde Lucanor advierte a Patronio ante el poder y el alto coste de decir la verdad. Ninguno de los cortesanos se atreve a hablar, contaminados ya por la excesiva proximidad del poder, y la rebelión se gesta en lo más vulgar del pueblo llano. Una sana oposición a los gobiernos sólo puede realizarse con verdad y sentido común de los gobernados, lo que hoy llamamos sociedad civil. Contra el abuso, el autor no propone la sangre ni la anarquía, sino la constante desconfianza. Claro que esta actitud es costosa y los ciudadanos tienden a pagar la comodidad con su silencio, la ilusión de certeza con su libertad.

“Así llegó el rey a la catedral, donde echó pie a tierra y fue solemnemente recibido por el Obispo y cabildo, quienes bajo palio se disponían a conducirlo hasta el altar mayor, cuando un sacristán, por más señas borracho, metiéndose en medio de los dignatarios de la Iglesia, dijo a grandes voces:

-A mí no me importa ser tenido por hijo de ladrón, que ni yo ni nadie sabemos quién fue mi padre, y por eso digo que estoy cierto de que el Rey ha venido en camisa a la catedral.

Y cuando esto hubo dicho, un pilluelo que lo oyó, clamó entre grandes risotadas:

-Sí, sí; verdad es: el Rey está en camisa.

Y así, primero entre el pueblo que llenaba la plaza de la catedral, a lo último entre los señores y clero que rodeaban al Soberano, se vino a reconocer, en alta voz, por todo el mundo, que el Rey había ido en camisa a la catedral.”

Si El paño maravilloso hubiese acabado con una muchedumbre mansa que ve un emperador desnudo y vitorea a un emperador vestido, entonces Don Juan Manuel nos estaría dando a entender que ese pueblo merece que le sigan robando. Pero un sacristán borracho y un niño locuaz se atreven a señalar el culo al aire de su Serenísima, y ganan el derecho a merecer otra cosa.

Un par de siglos más tarde, con la aparición de la literatura moderna, los escritores geniales comienzan a defender la bondad de las monarquías. El truco está en volcar sobre un personaje malvado todo el peligro del caciquismo, de modo que el sistema feudal que lo sostiene y corrobora queda justificado. Ejemplos emblemáticos en España son Fuenteovejuna, de Lope o El Alcalde de Zalamea de Calderón. El individuo o el pueblo se alzan contra un poderoso abusador, pero carecen de instituciones, de medios para hacer  justicia, a no ser la ocultación que salva la honra o el crimen que la repara, y al fin quien tiene que venir a poner orden es la supraterrestre figura del Rey.

Estas obras y otras del barroco europeo buscan provocar en el espectador la indignación ante lo injusto, pero al mismo tiempo y veladamente, nos cuentan que el individuo por sí sólo no tiene el derecho (o la fuerza para hacerlo valer) de defenderse, que las leyes no deben ser dictadas contra el abuso, sino en prevención de la injusticia social, y que un poderoso con buenas intenciones es mejor juez que un plebeyo con cultura, o peor aún, con principios.

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13 responses to “Cuentos contra el poder

  • Carlos

    Bravo Rebeca, un nuevo análisis de los cuentos atinadísimo y tan próximo a la realidad que da miedo.
    Hablas de honor, justicia y confianza unida al poder y está claro que esas palabras se derrumban a su vera y la corrupción se hace grande en las alturas. Debe ser una condición inherente al ser humano, porque desde tiempos antiguos viene siendo la misma cantinela como demuestran los ejemplos que aquí recoges.
    Las definiciones de Bierce soberbias como siempre. Me quedo con el simpático cuento de El rey perezoso y añado Olvidado Rey Gudú, como una sabia muestra moderna de todo eso que nos gusta de los cuentos. Un abrazo.

  • rebecatabales

    Hablando de honor, es un honor que el primer comentario sea el tuyo. Hace poco, cuando por fin he podido darme una vuelta por el blog roll, he visto que tengo pendientes 5! entradas tuyas por revisar, sobre todo la ultima sobre Henry James me tienta. Es curioso que cites Olvidado rey Gudú; la leí hace mucho y la tenía olvidada por completo. En cuanto al poder, yo estoy a favor de la vieja oposición libertaria, pero conservadora, que dicta que no hay que recurrir a revoluciones sangrientas, sino a la constante crítica y vigilancia de los poderosos, o sea, que no estén nunca cómodos en su puesto. Anthony Burgess decía: “Lo único que podemos hacer es aguijonear constantemente a nuestro gobierno, desobedeciéndole en todo lo que nos atrevamos (después de todo, tenemos que ganarnos la vida), preguntando por qué y manteniendo un hábito de desconfianza”. Un abrazo

  • Anabel

    Desde niños hemos tenido claro que el poder pertenecía al rey. Este podía ser déspota, avaro, cruel… en cualquier caso aprendimos la relación que se establece entre dominante y dominados. Y así vemos que nuestra literatura infantil ha sido siempre una prolongación y un espejo de nuestras sociedades. Claro está que en los cuentos el verdadero poder es el poder de escapatoria o de justicia que se logra a través de la magia o quizás de un héroe. De esta manera aprendíamos que el déspota siempre recibe su castigo y que al malo por serlo le dan su merecido y ésta es quizás la parte que menos concuerda con la realidad.
    Rebeca, permíteme añadir a tu maravillosa lista otro ejemplo, El señor de las moscas. Añado este libro para ayudarnos a comprender que las relaciones de poder, así como las injusticias, parecen inherentes al ser humano.
    Maravillosa entrada

  • rebecatabales

    Gracias Anabel, siempre que escribo tu nombre me acuerdo del poema de Poe. Como dices, El señor de las moscas me parece una gran novela sobre el poder, también de cómo el tipo de sociedad civilizada en que nos sentimos seguros es, en realidad, muy vulnerable a la barbarie, porque una parte emocional y atávica de nosotros mismos la añora. Creo que el poder es uno de los grandes temas, aunque es difícil abordarlo en lo narrativo sin ponerse discursivo: la ciencia ficción es uno de los grandes campos donde eso puede suceder, casi todas las grandes obras de ciencia ficción que han llegado a más gente tratan sobre alguna forma de poder. Yo sólo quería tratar el origen en los cuentos populares y pararme en el barroco, donde nace la literatura moderna, porque haber tratado de hacerlo en extenso, tipo: “El poder en la literatura”, habría sido meterse en un gran berenjenal, demasiado para un blog. Gracias otra vez por tus comentarios y por seguir visitándome.

  • Iván Fernández Balbuena

    Creo que en tiempos, en la Unión Soviética, Fuenteovejuna se representaba sin el final. El pueblo mataba al comendador, y luego moría torturado pero no aparecía el rey para salvar la situación. ¿Censura justificada? No lo tengo claro, la verdad, pero le quitas una página o menos al libro y lo que cambia el sentido de la obra.

  • rebecatabales

    Yo tampoco tengo nada claro que la censura esté justificada en ningún caso, más bien tengo clarísimo que no, nunca. Es típico de los sistemas totalitarios, y vital para su supervivencia, corregir la ficción para darle una orientación más ideológica, “justa” o “moralizante”, o acabar por prohibir, del mismo modo en que lo hacen los fanáticos religiosos. Esto que cuentas yo no lo sabía, pero recuerdo otros casos famosos en que por temas de moral se han cambiado los finales, por ejemplo en “Casa de muñecas”. Estoy contigo en que cambia todo el sentido de la obra, incluso creo que lo destruye. Fuenteovejuna no tiene sentido si no acaba como acaba, además, no revela nada de lo que oculta el inconsciente de sus autores para que una bloguera cualquiera pueda dedicarse a indagar y comerse la cabeza.

  • Ricardo

    Muy buenos ensayos, gracias. Me encontré tu blog buscando sobre Utamaro y me seguí con otros de tus textos; fue un fortuna. Saludos. Ricardo Cruz García

  • rebecatabales

    Gracias a ti, Ricardo. Espero merecer tu fidelidad. Últimamente tengo problemas de tiempo y me está costando mantener activo el blog, pero trabajo en ello. Espero que pronto podré publicar tres entradas al mes como era mi primera intención. Temas para reflexionar no faltan, un saludo.

  • Carlos

    Rebeca ¿donde está tu promesa de dedicarte más al blog? Espero tu entrada. Un abrazo

  • rebecatabales

    No es mi culpa, lo juro: prometí que lo intentaría… pero es que no me dejan dormir mucho últimamente… y llega un momento en que la cafeína ya no sirve. Sigo intentándolo.

  • Yolanda

    Injusticia. Policía Local del ayuntamiento de las Palmas de Gran Canaria, suspendido de empleo y de

    sueldo, durante un mes, desde el día 4 de este mes de Enero del 2011, por denunciar el vehículo

    oficial del Alcalde Sr, Jerónimo Saavedra, quitando le autoridad al Agente denunciante y dándole

    crédito a su conductor, el cual para justificar la denuncia, puso en boca de este, palabras que no

    dijo.

    Enlaces de la noticia:

    http://www.canarias7.es/articulo.cfm?id=196151

    http://www.canarias7.es/articulo.cfm?Id=196677os

  • Martha Janneth Chaparro Pacheco

    Julio 17 de 2011
    REBECA
    Celebro mucho tu talento para la Literatura y el Cine, sobre todo por el Ánime, Miyazaki es la muestra. Como existen pocos críticos o críticas con ésta veta, me gustaría saber tu concepto sobre LA TUMBA DE LAS LUCIÉRNAGAS (1988) de Isao Takahata, socio y amigo de Miyazaki. Ya que recientemente he leído “El Análisis a la Película Ánime La tumba… de Takahata” que le hace DRAKENLEAND (Javier Medina Molinero), crítico ánime español, el cual se me hace muy duro. Me gustaría saber tu doble apreciación, o sea, a la Película y a la Crítica de Javier Drakenleand, si tienes un tiempito. De antemano, gracias.
    At/ Martha Chaparro
    ******************************

  • rebecatabales

    Muchas gracias Martha! Echaré un vistazo a la crítica que mencionas y te cuento. Aunque he de advertir que no he visto entera La tumba de las luciérnagas, porque su crudeza se me hizo casi insoportable.

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