Romanticismo alemán vs. romanticismo americano

A finales del siglo XVIII, los románticos comenzaron a derribar los muros de la antigua tradición, construida sobre la fe en Dios y la desconfianza en los seres humanos, y a cavar los cimientos para una tradición nueva que aún sostiene muchas convenciones presentes. A partir de entonces la naturaleza, la poesía, el hombre y sus instintos son glorificados.

El hombre es capaz de todo, y sobre todo algunos hombres especiales, visionarios, de inteligencia superior y espíritu desafiante, por lo que la sociedad los rechaza y no les deja otro camino que el crimen o la huida. Rousseau cambió el mundo de la imaginación en primera persona con sus Confesiones, después vinieron Goethe y Shelley. La literatura se llenó entonces de aristócratas rebeldes, huérfanos torturados y lloricas sin causa, algunos de ellos inmortales.

Otra generación de románticos encabezada por Thieck, Hoffmann y otros autores fantásticos, se adentran en los pasillos de la mente, el corazón y las tripas del resplandeciente superhombre, donde resulta oler a sangre, miedo y depravación. Los primeros cisnes románticos despreciaron a esta bandada de cuervos. Goethe consideraba que ponían en peligro a los jóvenes y el espíritu nacional (él, cuyo Werther arrastró al suicidio a unos dos mil lectores) y Sir Walter Scott, el rey del folclore, escribió en 1837 que la obra de Hoffmann necesitaba más el análisis psiquiátrico que la crítica literaria.

Un apunte de Roderick Usher, por Evelina Silberlaint

Vi que era un esclavo sometido a una suerte anormal de terror. “Moriré -dijo-, tengo que morir de esta deplorable locura. Así, así y no de otro modo me perderé. Temo los sucesos del futuro, no por sí mismos, sino por sus resultados. Me estremezco pensando en cualquier incidente, aún el más trivial, que pueda actuar sobre esta intolerable agitación. No aborrezco el peligro, como no sea por su efecto absoluto: el terror. En este desaliento, en esta lamentable condición, siento que tarde o temprano llegará el periodo en que deba abandonar vida y razón a un tiempo, en alguna lucha con el torvo fantasma: el miedo.”

La caída de la casa Usher.

En septiembre de 1838 y 1839 se publicaron, respectivamente, Ligeia y La caída de la casa Usher, de Edgar Allan Poe. De entre todas sus obras, la primera fue la favorita del autor, la segunda siempre ha sido la mía. La atmósfera de pesadilla, la enfermedad física y mental como floración de la culpa, el amor incestuoso, la verdadera amistad encarnada en aquel que viene a presenciar y a precipitar la muerte, lo inorgánico activo frente a lo vivo inanimado, el arte decadente, la perversidad de la herencia… y otros materiales que el autor amasó y trituró con obsesión, para su mal, empastan tan perfectamente como en Ligeia y, tal vez, con un motivo final más alto, en un dolor más universal y más clarividente.

Hoy quiero celebrar esta publicación. Uno de los puntos de conflicto respecto a la biografía de Poe ha sido el motivo por el cual tanto genio no fue reconocido y apreciado en su época, y varias décadas después de su muerte. Esta entrada contiene una aportación personal; una hipótesis al respecto.

Según su valoración de la mente del hombre (llamada entonces alma), el escritor romántico pudo elegir entre tres opciones fundamentales: la optimista (el hombre es bueno por naturaleza), la fatalista (el hombre es malo por naturaleza) y la épica (el hombre cayó por el pecado original pero en su fe, en su capacidad para el trabajo y la resistencia, está la salvación). Cada una de estas posturas ante la vida se ramifica innumerablemente, tanto en las experiencias que recoge en la ficción, como en las corrientes filosóficas que las alimentan y que partieron de ellas.

La primera es Goethe. Con el tiempo llegaría a ser Víctor Hugo. Sus protagonistas no dejan de ser decadentes, pero al final de la historia notamos que han querido contarnos cómo podrían haber sido mejores, de no haber estado rodeados de injusticia e hipocresía. Más allá del romanticismo, pero sin abandonar su esencia, Dickens llegaría a la más alta expresión de este punto de vista.

Estas ficciones, por oscuras que resulten, no dejan de narrar una realidad solar. Nada que ver con el mundo del relato fantástico, donde el hombre es un pelele en manos de fuerzas ajenas o que cree ajenas. En estos relatos se define un inconsciente que actúa como fábrica de espectros, cuyas sombras se proyectan primero en visiones y fantasías. Esos monstruos, arduamente soñados, encuentran camino hacia la realidad por un bucle de asociaciones obsesivas con objetos que los refieren y en ellos brotan, se activan.

Los protagonistas de Hoffmann, Thieck, Gautier…, se dejan vencer por el mal que opera en su mente, no pueden resistirse a su poder. Pero ellos creen en un ente maligno exterior; no creen volverse malos, o locos, sino que son captados por la maldad circundante, por más que sus razonables amigos y prometidas se empeñen en recordarles que todo está en su cabeza. Poe introduce un cambio decisivo en esta línea.

Con Poe, el mal está ya en el corazón mismo del hombre, se ha implantado en él: no es el diablo, ni el inconsciente. Todo el horror humano viene de esa esencia corrompida de la que no puede liberarse. El protagonista criminal de Poe puede ser castigado (El gato negro, El corazón delator), o bien quedar impune (El barril de Amontillado), pero será siempre su propio pie el que le lleve al castigo o la impunidad. Es la voluntad del hombre, el asco que poco a poco le invade por su propia crueldad (El hombre de la multitud), el que le lleva a delatarse, o bien asume el peso de su carga, pero de esta decisión emana un permanente horror.

Maqueta creada por Evelina Silberlaint

Y entonces, para mi caída final e irrevocable, se presentó el espíritu de la PERVERSIDAD. La filosofía no tiene en cuenta a este espíritu; y, sin embargo, tan seguro estoy de que mi alma existe como de que la perversidad es uno de los impulsos primordiales del corazón humano, una de las facultades primarias indivisibles, uno de esos sentimientos que dirigen el carácter del hombre. ¿Quién no se ha sorprendido a sí mismo cien veces en momentos en que cometía una acción tonta o malvada por la simple razón de que no debía cometerla? ¿No hay en nosotros una tendencia permanente, que enfrenta descaradamente el buen sentido, una tendencia a trasngredir lo que constituye la Ley por el solo hecho de serlo?

El gato negro.

El romanticismo norteamericano, o mejor dicho, el modo en que los estadounidenses revisaron y adaptaron las inquietudes románticas por la naturaleza moral del hombre, está impregnado de fe en una verdad inmanente, ininteligible para el ser humano, compatible con el Dios hebraico del antiguo testamento. Dios tal vez no es justo, pero es Verdad, y La verdad os hará libres. El sentido estético del romántico norteamericano radica al mismo tiempo en esta devoción y en los fundamentos de la corriente filosófica que sería llamada pragmatismo. Para el pragmatismo no importa si el hombre es naturalmente bueno o malo, no importa su esencia ni el hecho de que tal cosa exista, sólo el resultado de sus actos. Hawthorne, y después Melville, son los grandes románticos de su patria.

Tenemos por ejemplo al personaje principal de Bartleby el escribiente, creado por Melville. El protagonista escogido por los románticos solía ser un inadaptado, pero de la rebelión de Bartleby no resulta el crimen o el suicidio, sino la inacción. Es la falta de acción, no de alma, la que lo expulsa del mundo. El Poe que sus compatriotas pudieron entender y hasta celebrar fue el autor inteligente y mundano de El escarabajo de oro y las aventuras de Dupin… pero el demencial Roderic Usher, los maridos desquiciados de  Berenice, Morella, Ligeia, que se perfilan en los caminos tortuosos de su alma, que hondamente son sin hacer nada, les resultaban inquietantes.

Maqueta creada por Evelina Silberlaint

En los días más brillantes de su belleza incomparable, seguramente no la amé. En la extraña anomalía de mi existencia, los sentimientos en mí nunca venían del corazón, y las pasiones siempre venían de la inteligencia. A través del alba gris, en las sombras entrelazadas del bosque a mediodía y en el silencio de mi biblioteca por la noche, su imagen había flotado ante mis ojos y yo la había visto, no como una Berenice viva, palpitante, sino como la Berenice de un sueño; no como una moradora de la tierra, sino como su abstracción; no como una cosa para admirar, sino para analizar (…)

Berenice.

Cómo iban a apreciar lo que ese Poe oscuro significaba, no sólo en la literatura, sino en la talla del diamante por cada una de cuyas infinitas caras el mundo se ve distinto. Y a pesar de todo, el genio de América, como lo llamo Gómez de la Serna, nació, vivió y murió americano y anglosajón, con su amor por el trabajo, con la empresa nunca realizada de su propia revista, con sus conocimientos náuticos y su pasado en West Point, su inteligencia práctica y su neurosis. Ese forcejeo interno entre racionalismo y pragmatismo, decadencia y progreso, miedo cerval de animal nocturno contra la más alta lucidez humana para el análisis, romanticismo alemán contra romanticismo americano; tal vez fue lo que acabó con él. Se puede especular sobre la muerte, sin embargo, el misterio de la vida de un hombre es siempre sagrado.

Los textos citados proceden del primer volumen de los Cuentos de Poe, editados por Alianza, con traducción de Julio Cortázar.

Anuncios

5 responses to “Romanticismo alemán vs. romanticismo americano

  • Carlos

    Bienvenida de nuevo Rebeca, aunque ha sido una espera muy larga.
    Análisis preciso y muy bien traido sobre los terrores románticos. Ciertamente parece que con Poe nace otro tipo de relato que sobrepasa las fantasías románticas para inscribirse en una cierta crueldad malsana (ahora pienso al hilo de tus ideas en ese “El corazón delator” que tanto me gusta porque el horror surge de esa culpa que apuntas).
    Mi última lectura ha sido “Narración de Arthur Gordon Pym” (próxima entrada)y me refrendas con tu estupendo artículo todo lo que me sugiere Poe. No me extraña que tuviera tanta aceptación para muchos (no tanto en su país como bien apuntas)y fuera el origen de un tipo de narración más psicológica si se puede decir así. Creo que el Maupassant más perturbado toma mucho de Poe y por eso es el más fascinante, el terror producido en la propia mente.
    Te animo a seguir escribiendo estos reflexivos y certeros artículos con los que tanto disfruto. Un abrazo.

  • rebecatabales

    Hola de nuevo, Carlos. El Romanticismo es uno de esos temas inagotables que nunca me canso de escarbar. Poe, como tú dices, es otra cosa. Habría sido un visionario con o sin Romanticismo. Se suele hablar de él como precursor del policiaco, pero anticipó mucho más: el thriller, por ejemplo; el suspense basado en la tensión psicológica. Maupassant, como dices, es hijo de Poe (pero también de Flaubert… pareja conflictiva), pero voy más allá: dudo que un Hitchcock hubiera podido existir tal y como lo conocemos sin Poe y Hoffmann. Estoy impaciente por leer esa entrada sobre Narración de Arthur Gordon Pym. No es tan bueno Poe en la larga distancia, pero tiene momentos brillantes, ¿no? Los primeros capítulos, sobre todo. Veamos lo que opinas. Un abrazo

  • Alejandro Ovalles Bonilla

    Hola Rebeca. Suscinto y esencial tu artículo. Esta semana tengo a 78 estudiantes leyéndolo. Un abrazo desde Bogotá.

  • rebecatabales

    ¿En serio? Qué orgullo, Alejandro. ¿Tienes un blog actualizado?

  • Alejandro Ovalles Bonilla

    Hola Rebeca, el blog de mi clase es elprofealejo.blogspot.com, y otro sobre cuentos es cuentosalicia.blogspot.com

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s