La década en que la televisión venció al cine (II)

2.

Los Fisher son una familia de California, común y corriente excepto por el hecho de que trabajan en una funeraria, instalada en el bajo de la casa donde viven. El cabeza de familia es Nathaniel Fisher (Richard Jenkins), la madre, Ruth (Frances Conroy), el hijo mayor, Nate (Peter Krause), que lleva una vida independiente en Seattle , el pequeño de los varones, David (Michael C. Hall), que trabaja en la funeraria con su padre, y la hija adolescente, Claire (Lauren Ambrose).

El padre fallece en un accidente de coche y, como suele ocurrir, la familia se une en torno a la muerte que además, en este caso, es el negocio que la sostiene. Nate viene desde Seattle y en el avión conoce a Brenda (Rachel Griffith), con la que tendrá una tortuosa relación muy marcada por el momento vital en que se conocen. Sobre los hombros de David cae el peso de un negocio que habrá de heredar su hermano mayor ausente y que, sin embargo, siente como una responsabilidad propia. Rico (Freddy Rodríguez), un joven portorriqueño que trabaja recomponiendo y maquillando los cadáveres, de quien Nathaniel fue mentor, sueña con llevar el negocio en pie de igualdad con los Fisher. Claire, la Morticia del instituto, se droga en una fiesta con el primero de los muchos chicos problemáticos que pasarán por su vida, cuando se entera de que su padre ha muerto y colocada, completamente perdida, como todos, vuelve a casa.

En casa está Ruth, que nunca ha podido ser otra cosa que una cuidadora. Cuidó a su madre inválida mientras su hermana Sarah (Patricia Clarkson), vivía la vida hippie, quedó embarazada la primera vez que hizo el amor y después cuidó a sus tres hijos, en la soledad inmensa de la maternidad, dentro de la soledad inmensa de una casa funeraria. Ama a su marido pero su extraña vida emocional, atormentada y poco expresiva, aplanada por los años y las dificultades, la va separando de él y de sí misma. El día de su muerte le niega el último beso que podría haberle dado. Anuncia la tragedia a su hijo con la siguiente frase, ya célebre:

“Ha habido un accidente. El coche está destrozado. Tu padre ha muerto. Tu padre ha muerto… y el asado se ha quemado.”

Se ha dicho tanto, tanto sobre A dos metros bajo tierra (Six Feet Under). No sólo porque algunos la consideran la mejor serie de televisión de todos los tiempos en términos técnicos, en cuanto a la construcción del guión, la solidez del argumento y los personajes, sino porque todos los que la hemos visto, en nuestras casas, con los amigos, hemos pasado horas indagando en esos seres extraordinarios que nos parecen más reales que aquellos con quienes compartimos la vida, debido a esa magia de la ficción que nos permite espiarlos hasta en los más íntimos gestos de su imperfección.

Los grandes relatos sobre la muerte que se han dado, ya en el horror, como los cuentos de Poe, ya en el estudio psicológico invasivo y aterrador, como el que ejerce Tolstoi sobre Iván Ilich, ya en las joyas cortazarianas Las fases de Severo o Conducta en los velorios, nos han enseñado que la muerte no puede contarse desde dentro. El misterio no se puede resolver a sí mismo. Es la vida, latiendo en torno a la muerte, con el vértigo y la pasión que provoca ese vacío, lo que se está narrando.

El creador de A dos metros bajo tierra fue Allan Ball, guionista de American Beauty. Podemos valorar su gran talento en la medida en que consiguió que una película dirigida por Sam Mendes no fuera pretenciosa y aburrida. Por cierto que Mena Suvari (la de la bañera y los pétalos de rosa), también tiene un pequeño papel de seis capítulos en esta serie. Para Six Feet Under, Allan Ball escogió un innovador y eficiente recurso: aunar un planteamiento semejante en cada capítulo (alguien, de alguna manera, en algún lugar, muere; lo que aprovecha para desplegar ante nuestros ojos todo un catálogo de formas de acabar), con un tema novelístico (se abre el telón con la muerte del padre y se cierra con la muerte de otro Fisher).

El motivo novelístico es la pérdida del padre, el motivo recurrente es la pérdida de la fe. Cada personaje queda atado a esa pérdida, vampirizado por ella. Para superar este estado, esta zombificación, cada uno de ellos deberá emprender dos caminos paralelos y tortuosos: encontrarse a sí mismos y encontrar lo que no son ellos mismos (el impulso, la energía, Dios). Otros personajes secundarios, tan vivos y profundos como la familia Fisher, por ejemplo la familia disfuncional de Brenda, los Chenowith, se hacen eco de este conflicto fundamental, ampliando su alcance, multiplicando los puntos de vista.

A dos metros bajo tierra fue producida por la HBO. Se emitieron cinco temporadas de unos trece capítulos cada una, entre el 3 de junio de 2001 y el 21 de agosto de 2005. Se filmó principalmente en el 2303 Oeste, Calle 25 de Los Ángeles, California.

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10 responses to “La década en que la televisión venció al cine (II)

  • Román

    Hola Rebeca:

    después que leí tu post anterior a éste, me bajé los primeros capítulos de Los Soprano, Life on Mars y Seis pies bajo tierra y como, además, estoy leyendo a diario y escribiendo en mi blog, pues me hago novillos a mi mismo saltándome el plan de estudio tan minuciosamente planeado.

    ¡Je je, resulta refrescante volver a costumbres de la infancia, cuando me saltaba el cole para leer Tom Sawyer..!)

    Ahora en serio. Me parece muy acertado tu punto de vista sobre el aumento de calidad de las series y te leo con placer. Respecto a Mad Men te diré que es mi favorita porque tiene una estética muy bella, como muy bien notaste pese a que no te gustase la forma de tratar la peripecia vital de sus personajes. A mi me gustó, particularmente, el trasfondo que refleja la “pérdida de inocencia” de la América de los 50, preludio del cambio inminente que iba a producirse con la llegada de Kennedy al poder y sus consecuencias. Todo el mundo occidental (Si, incluso nosotros en España) estaba pendiente de los cambios de la década y seguíamos diariamente por la radio y la prensa los incidentes que iba produciendo la lucha por los derechos civiles, las tensiones entre los estados del Sur y los del Norte de USA, la crisis de los misiles, el pulso con la URRS, y la tensión interna que desembocó en el asesinato de Kennedy, que ya pudimos seguir desde aquí por TV, día a día, incluyendo la extraña aparición de personajes como Oswald con su ojo a la virulé, su esposa Marina y el extraño sainete de Ruby disparandole en directo,solo que, atendiendo a que entonces era tan solo un adolescente, y pese llevar esas imágenes indeleblemente grabadas en mi desde entonce, hoy veo las cosas de manera muy distinta, con la perspectiva de lo que vino luego y ha condicionado el presente de ellos y el nuestro. Tal vez eso confiere un valor añadido a la serie por retratar un mundo y unos valores ya definitivamente idos desde el punto de vista de unos seres que ignoraban totalmente lo que se les venía encima pero iban cambiando, también casi sin notarlo.
    Bien, Rebeca, como no quiero que mi comentario adquiera la dimensión del “Tractatus” Witgensteiniano lo dejo aquí hasta la próxima que seguro que no faltará, dado lo mucho que me gusta como escribes.
    Hasta Pronto

  • rebecatabales

    Hola, Román. Lo mejor de todo es que te lo vas a pasar pipa con estas series. Los Soprano y A dos metros bajo tierra son ya clásicos, pero Life on Mars te va a sorprender todavía más, si cabe, porque no te esperas que un argumento así vaya a crecer tanto. Probablemente me falte el interés en las referencias que dices, en cuanto a Mad Men, pero lo cierto es que sigo pensando lo mismo, soy cabezona, como buen escritor, jaja. De todas formas siempre he dicho que algo tiene que tener un fenómeno, televisivo o lo que sea, para convertirse en eso precisamente. No es por casualidad. Gracias por dedicarle tu tiempo a mi blog una vez más, un gran abrazo.

  • Leo

    Ay, madre… No soy nada televisiva, pero últimamente todo el mundo me insiste en el auge de las teleseries. Con estas dos últimas entradas tuyas me pones la zanahoria delante con tanta contundencia que, jo… ¡tengo miedo! ¿Y si me engancho y no puedo parar? Con la cantidad de series, y de temporadas que llevo de retraso. 🙂

  • rebecatabales

    :). Pues nada, Leo, es hora de ponerse a ello. Ya sabes; la temporada más larga comienza con un capítulo.

  • Román

    -Si, esas cosas suceden constantemente…- me decías en tu costestación a mi comentario en tu entrada anterior. Me quedé con ganas de seguir charlando contigo, Rebeca y el resultado es mi post más reciente. Como siempre anárquico, traigo de los pelos desde Jung a Kate Bush, invocándoles para contestarte, porque tú has estado presente como fondo a lo largo de toda mi exposición, aun sin nombrarte. En realidad, Rebeca, charlaba contigo. Esa es la magia de la escritura que nos acompaña, no solo a profesionales como tú.
    Por cierto, Rebeca, Debieras darte un garbeo por “La Casa del Libro” dicen que tu novela está descatalogada, pese a lo cual rebajan su precio sin que uno pueda comprarla. No entiendo que en la era del ebook un libro pueda dejar de venderse por un motivo (final de la edición) que debiera pertenecer a un pasado superado por la tecnología.
    Con afecto
    Román

  • rebecatabales

    Me parece que has captado la esencia de todo aquello a lo que aspiro en literatura, como escritora y como lectora, y lo que puede ser lo mejor de la vida: todo aquello, como la ficción, que permite romper la “soledad fundamental del hombre”, ese don divino de la libertad, pero también esa maldición ancestral por la cual al fin uno siempre está solo. Todo lo que necesitamos más allá de motivos prácticos tiene que ver con esa interrupción, creo: las humanidades, la religión y todo lo espiritual, la amistad, el sexo, el amor, el juego, los viajes y todas las herramientas, más o menos sofisticadas, que los sostienen, sirven en realidad para que podamos comprendernos y cotillearnos, entrar en otros, o en “el universo”, en algún sitio donde uno se sienta comprendido y acompañado, y reflejado, aunque sea sólo por un momento. Esto es lo que me diferencia cualitativamente, me parece, de un mono. Yo me pongo a charlar aquí, como tú dices, y me hace feliz que recojas el guante, estés o no de acuerdo conmigo, porque siento que al otro lado de mí misma hay quien entiende lo que estoy queriendo hacer, que se ha contado en su cabeza lo que yo cuento, y que hasta decide regalarme los valiosos matices que separan su discurso del mío. Por supuesto que hay gente mala, o idiota, o las dos cosas, cuya intervención es mejor ignorar, pero no es el caso de este blog, gracias a vosotros. Con las novelas es más difícil, pero estoy aprendiendo.
    Hablando de novelas, en cuanto a Eres bella y brutal me temo que no hay mucho que yo pueda hacer. Una vez que la novela sale de las manos del autor y termina la época de promoción en que es un producto rentable, no vale la pena pelearse mucho por ella. Es la editorial quien tendría que encargarse de sacar una segunda edición, puesto que la primera se agotó, sorprendentemente, pero no he tenido noticias al respecto. Firmé un contrato de reedición electrónica, pero por lo que sé no se encuentra todavía en este formato. De todas formas, déjalo encargado en algún sitio para que lleguen demandas a la editorial. Ni si quiera a mí me quedan ejemplares, y si quisiera pedirlos a la editorial tendría que pagarlos, así está la cosa.
    Estoy deseando leer tu entrada, me pongo ya. Un abrazo.

  • Evelio

    ¡Hola, Rebeca! No veía ocasión de comentar algo en tu estupendo blog, pero SFU me viene al pelo: yo soy un trastornado de las series, digamos,”antiguas” (CIPOL, Hombre del maletín, Santo, Vengadores, Danger Man…), pero fue SFU la que me reenganchó. Nada que añadir a tus observaciones, a no ser corregirte que atribuyas a James Cromwell el papel del padre de los Fisher. Ahora no tengo a mano mis recursos (¡ay, eso de tenerlo todo al alcance de la tecla, acaba con la memoria), pero Cromwell (secundario inconfundible como Presidente de los EEUU)no encarna al primer marido, sino al otro (siento ser tan impreciso, pero las cinco de SFU las tengo guardadas, y no precisamente a mano). Bueno, soy de los que están de acuerdo con el gran peso de HBO en la dignificación de los TV drama (véase Concepción Cascajosa Virino, profe de la Carlos III), pero no acabo de entrar a los Soprano, tampoco a The Wire, y mira que lo siento. En cambio, si me dicen que iba a ser casi adicto a Grey’s Anatomy, ni yo mismo lo hubiera creído. ¡Pues sí!
    En cuanto a tu magnífica novela, no sé si te habrás enterado de que El Corte Inglés está saldando un montón de ejemplares a 5,95. Te lo digo porque yo he aprovechado para hacerme con unos cuantos (unos cuantos cuantos), para regalarlos, nunca había regalado un libro con tanta fruición por mi parte (y seguro que por las otras partes también). Como muy bien sabes, las editoriales están obligadas a comunicar los saldos a los autores, y ofrecerles ejemplares a un precio igual o inferior al del saldo. La verdad, estamos en una crisis que hace tiempo se nota en cuestiones relacionadas con el consumo cotidiano, pero saldar una novela excelente, premiada, con muy buenas críticas, apenas dos años después del lanzamiento, no me lo explico (o quizá sí, qué pena). Por favor, sigue con el blog: no sabes cuánta vida me has dado. Muchas gracias. Un abrazo.

  • rebecatabales

    Tienes razón, me bailó la vista cuando busqué los actores. Ahora lo rectifico. The Wire tampoco me convenció a mí, aunque ha sido muy valorada, pero al lado de The Shield palidece infinitamente. Me alegra mucho que después de haber charlado sobre mi novela te hayas animado a pasar por aquí. En cuanto a Eres bella y brutal, te digo algo parecido a lo que comentaba con Román. El mercado es el mercado. Si les conviene quitarse los últimos ejemplares que quedan, lo harán al precio que sea, y no está mal tampoco, quiero decir que el verdadero valor de un libro no puede apreciarse antes de comprarse así que es un producto difícil de colocar. Yo, por mi parte, soy como todos los escritores, siempre tengo el hígado puesto en el asador de la siguiente novela. Eres bella y brutal fue un fenómeno para mí, la experiencia de ver una primera novela publicada y de un éxito relativo, pero para mí inesperado y enorme, recompensó todo el trabajo que invertí en ella. Resulta emocionante, además, dos años después, comprobar cómo de vez en cuando sigue emocionando a alguien, o inspirando a un escritor de mi edad que todavía no ha podido publicar y que me otorga la suficiente autoridad como para pedirme consejo. Todas estas cosas son las que tengo en cuenta sobre todo, y son impagables. Otro abrazo, Evelio, y bienvenido.

  • davidtorres

    Impresionante disección de la que sin duda es la mejor teleserie de todos los tiempos (en dura competencia con The Shield). Una obra de arte que habla de la muerte y que es un monumento a la vida. La vi dos veces y lloré y reí a partes iguales con Ruth, con David, con Rico y con Claire, pero el personaje que nunca se va de mi cabeza, el que me acompañaba a todas partes, era Nate, el hombre que nunca hace lo que quiere sino lo que quieren los demás. Qué inmensa es la tercera temporada y qué cierre tan majestuoso en el final del penúltimo capítulo. La música del adiós.

  • rebecatabales

    Nate, que se define a sí mismo como una “semiculta máquina de follar”, y que sin embargo es el personaje más espiritual de todos, en continua lucha entre la realidad y el deseo, a la busca de lo trascendente en todas sus formas, incluido el sexo, pero incapaz de despegarse de lo conveniente, con un pie en el más allá. Anda que no hemos pasado horas discutiendo si la culpa del fracaso de su relación con Brenda y sus desgracias la tenía la insatisfacción crónica de él o el cinismo de ella, como si fuesen amigos o hijos a quienes quisiéramos ver felices. Qué serie tan grande y The Shield también. Gracias por pasarte, David.

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