22 MAESTROS (5)

POETAS NIÑOS

San Juan de la Cruz

España, 1542-1591

El sacerdote. Para venir a gustarlo todo, no quieras tener gusto en nada. Para venir a saberlo todo, no quieras saber algo en nada. Para venir a poseerlo todo, no quieras poseer algo en nada. Para venir a serlo todo, no quieras ser algo en nada.

1. En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada.
2. A oscuras y segura,
por la secreta escala, disfrazada,
¡oh dichosa ventura!,
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.
3. En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.
4. Aquésta me guiaba
más cierto que la luz de mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.
5. ¡Oh noche que guiaste!
¡oh noche amable más que el alborada!
¡oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!
6. En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.
7. El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía.
8. Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

La carta del sacerdote en el Tarot representa las potencias espirituales del hombre: la fe, la humildad, la castidad. En algunas barajas lo ilustran con símbolos paganos de autoridad esotérica, como a un brujo o un druida, aunque algunos de los elementos figurativos de estos personajes pueden confundirse con los que definen al mago (arcano 1) o al ermitaño (arcano 9). En otras es una autoridad eclesiástica claramente cristiana, como en la famosa y antigua Visconti-Sforza, el Tarot milanés o la Raider-White. Su nombre también varía mucho; además de Sacerdote puede ser el Sumo Sacerdote, el Hierofante, incluso el Papa. En negativo representa también el doctrinarismo y la hipocresía.

Esposa:
¿Adónde te escondiste,
amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti, clamando, y eras ido.
Pastores, los que fuerdes
allá, por las majadas, al otero,
si por ventura vierdes
aquél que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.
Buscando mis amores,
iré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.
(Pregunta a las Criaturas)
¡Oh bosques y espesuras,
plantadas por la mano del amado!
¡Oh prado de verduras,
de flores esmaltado,
decid si por vosotros ha pasado!
(Respuesta de las Criaturas)
Mil gracias derramando,
pasó por estos sotos con presura,
y yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó de hermosura.
Esposa:
¡Ay, quién podrá sanarme!
Acaba de entregarte ya de vero;
no quieras enviarme
de hoy más ya mensajero,
que no saben decirme lo que quiero.
Y todos cantos vagan,
de ti me van mil gracias refiriendo.
Y todos más me llagan,
y déjame muriendo
un no sé qué que quedan balbuciendo.
Mas ¿cómo perseveras,
oh vida, no viviendo donde vives,
y haciendo, porque mueras,
las flechas que recibes,
de lo que del amado en ti concibes?
¿Por qué, pues has llagado
aqueste corazón, no le sanaste?
Y pues me le has robado,
¿por qué así le dejaste,
y no tomas el robo que robaste?
Apaga mis enojos,
pues que ninguno basta a deshacellos,
y véante mis ojos,
pues eres lumbre dellos,
y sólo para ti quiero tenellos.
¡Oh cristalina fuente,
si en esos tus semblantes plateados,
formases de repente
los ojos deseados,
que tengo en mis entrañas dibujados!
¡Apártalos, amado,
que voy de vuelo!
Esposo:
Vuélvete, paloma,
que el ciervo vulnerado
por el otero asoma,
al aire de tu vuelo, y fresco toma.

Juan de Yepes Álvarez nació en Ávila en una familia de aldeanos empleados en la industria de telares. La mitad del siglo XVI en España era época de aguda crisis económica y agraria; su padre y uno de sus tres hermanos murieron de hambre, su madre, sus hermanos supervivientes y él erraron de un pueblo a otro hasta asentarse en Arévalo, pidieron ayuda a familiares ricos que no se la dieron, mendigaron, pasaron siempre hambre. Juan se quedó pequeñito y con las mejillas chupadas.

Empezó en la iglesia desde lo más bajo de la jerarquía, incluso puede decirse que conoció el subsuelo, usando esta palabra en el mismo sentido que Dostoievsky en su famoso título. Hizo de monaguillo, acompañó en los entierros, sirvió de enfermero en el llamado Hospital de bubas de Medina del Campo, para enfermos de gonorrea, sífilis y herpes. Era una ocupación común de la iglesia que de este modo mataba dos pájaros de un tiro: sus postulantes jóvenes ofrecían un servicio abnegado en circunstancias muy desagradables, con mayor sacrificio y por tanto con mayor ejercicio y prueba de su vocación y además, después de ver lo que veían allí, tenían más motivos para reprimir sus instintos naturales.

Esposa:
¡Mi amado, las montañas,
los valles solitarios nemorosos,
las ínsulas extrañas,
los ríos sonorosos,
el silbo de los aires amorosos;
la noche sosegada,
en par de los levantes de la aurora,
la música callada,
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora;
nuestro lecho florido,
de cuevas de leones enlazado,
en púrpura tendido,
de paz edificado,
de mil escudos de oro coronado!
A zaga de tu huella,
las jóvenes discurran al camino;
al toque de centella,
al adobado vino,
emisiones de bálsamo divino.
En la interior bodega
de mi amado bebí, y cuando salía,
por toda aquesta vega,
ya cosa no sabía
y el ganado perdí que antes seguía.
Allí me dio su pecho,
allí me enseñó ciencia muy sabrosa,
y yo le di de hecho
a mí, sin dejar cosa;
allí le prometí de ser su esposa.
Mi alma se ha empleado,
y todo mi caudal, en su servicio;
ya no guardo ganado,
ni ya tengo otro oficio,
que ya sólo en amar es mi ejercicio.
Pues ya si en el ejido
de hoy más no fuere vista ni hallada,
diréis que me he perdido;
que andando enamorada,
me hice perdidiza, y fui ganada.
De flores y esmeraldas,
en las frescas mañanas escogidas,
haremos las guirnaldas
en tu amor florecidas,
y en un cabello mío entretejidas:
en sólo aquel cabello
que en mi cuello volar consideraste;
mirástele en mi cuello,
y en él preso quedaste,
y en uno de mis ojos te llagaste.
Cuando tú me mirabas,
tu gracia en mí tus ojos imprimían;
por eso me adamabas,
y en eso merecían
los míos adorar lo que en ti vían.
No quieras despreciarme,
que si color moreno en mí hallaste,
ya bien puedes mirarme,
después que me miraste,
que gracia y hermosura en mí dejaste.
Cogednos las raposas,
que está ya florecida nuestra viña,
en tanto que de rosas
hacemos una piña,
y no parezca nadie en la montiña.
Deténte, cierzo muerto;
ven, austro, que recuerdas los amores,
aspira por mi huerto,
y corran sus olores,
y pacerá el amado entre las flores.
Esposo:
Entrado se ha la esposa
en el ameno huerto deseado,
y a su sabor reposa,
el cuello reclinado
sobres los dulces brazos del amado.
Debajo del manzano,
allí conmigo fuiste desposada,
allí te di al mano,
y fuiste reparada
donde tu madre fuera violada.
O vos, aves ligeras,
leones, ciervos, gamos saltadores,
montes, valles, riberas,
aguas, aires, ardores
y miedos de las noches veladores,
por las amenas liras
y canto de serenas os conjuro
que cesen vuestras iras
y no toquéis al muro,
porque la esposa duerma más seguro.

Juan superó todas estas pruebas. A cambio, adquirió una familia ideal con más recursos que la biológica, aprendió a leer y pudo estudiar Artes, se ordenó, tuvo por fin un lugar en el mundo. Su orientación fue siempre contemplativa y eremítica, no tenía marcadas ambiciones mundanas, y aunque en las biografías muy orientadas a resaltar su faceta de santo se dice que su trabajo literario era marginal y supeditado a la búsqueda de Dios, y efectivamente así lo declaraba él, con toda su honesta convicción, para cualquiera que pueda conectar con su sensibilidad poética es obvio que ésta era regente de todo su carácter.

Si Juan hubiese nacido y crecido en otras circunstancias habría sido un amante, un romántico. Sus versos revelan una fuerte afectividad y un erotismo que podía aliviar en su sentido religioso, porque su intensidad psicológica y profundidad convertían esos impulsos sexuales en algo sagrado; el amor verdadero siempre lo hace. Como no fue un caballero, sino un fraile, dirigió ese impulso de búsqueda hacía lo sobrenatural, hacía lo alto y hasta imposible, con la palabra, como con sus pies emprendió el ascenso del monte Carmelo.

Esposa:
Oh ninfas de Judea,
en tanto que en las flores y rosales
el ámbar perfumea,
morá en los arrabales,
y no queráis tocar nuestros umbrales.
Escóndete, carillo,
y mira con tu haz a las montañas,
y no quieras decillo;
mas mira las compañas
de la que va por ínsulas extrañas.
Esposo:
La blanca palomica
al arca con el ramo se ha tornado,
y ya la tortolica
al socio deseado
en las riberas verdes ha hallado.
En soledad vivía,
y en soledad he puesto ya su nido,
y en soledad la guía
a solas su querido,
también en soledad de amor herido.
Esposa:
Gocémonos, amado,
y vámonos a ver en tu hermosura
al monte o al collado
do mana el agua pura;
entremos más adentro en la espesura.
Y luego a las subidas
cavernas de la piedra nos iremos,
que están bien escondidas,
y allí nos entraremos,
y el mosto de granadas gustaremos.
Allí me mostrarías
aquello que mi alma pretendía,
y luego me darías
allí tú, vida mía,
aquello que me diste el otro día:
el aspirar del aire,
el canto de la dulce filomena,
el soto y su donaire,
en la noche serena
con llama que consume y no da pena;
que nadie lo miraba,
Aminada tampoco parecía,
y el cerco sosegaba,
y la caballería
a vista de las aguas descendía.

Esto es lo que en mi opinión lo caracteriza como poeta y lo diferencia de otros místicos: utiliza con más constancia y con más sencillez la pasión erótica y el matrimonio como símbolos de su unión con Dios. En sus poemas no suelta el hilo, no deja de recordarnos que está hablando del Señor y el alma, su amante que lo busca, sin embargo ese efecto conmovedor, esa impresión directa de descubrimiento carnal no puede venir solo de la comunicación con lo abstracto. Como dirigía cada uno de esos sentimientos a Dios, como los llamaba amor a Dios, creía que procedían de él.

Su genio no era intelectual, su imaginación daba cuerpo a todo impulso que sentía, y creía de corazón en la verdad de lo que expresaba, intentando darle un sentido cristiano, cuando en realidad era aún más amplio, más universal, mejor, desde mi visión laica actual. Él hubiese considerado peor, más pequeño, todo lo que desbordase su idea de Dios. Para un hombre de su época, su rústica crianza y su fantasía lírica no se puede esperar otra cosa, no tenía otros cauces para desahogar algo tan intenso.

Qué bien sé yo la fonte que mane y corre,
aunque es de noche.
1. Aquella eterna fonte está escondida,
que bien sé yo do tiene su manida,
aunque es de noche.
2. Su origen no lo sé, pues no le tiene,
mas sé que todo origen de ella tiene,
aunque es de noche.
3. Sé que no puede ser cosa tan bella,
y que cielos y tierra beben de ella,
aunque es de noche.
4. Bien sé que suelo en ella no se halla,
y que ninguno puede vadealla,
aunque es de noche.
5. Su claridad nunca es oscurecida,
y sé que toda luz de ella es venida,
aunque es de noche.
6. Sé ser tan caudalosos sus corrientes.
que infiernos, cielos riegan y las gentes,
aunque es de noche.
7. El corriente que nace de esta fuente
bien sé que es tan capaz y omnipotente,
aunque es de noche.
8. El corriente que de estas dos procede
sé que ninguna de ellas le precede,
aunque es de noche.
9. Aquesta eterna fonte está escondida
en este vivo pan por darnos vida,
aunque es de noche.
10. Aquí se está llamando a las criaturas,
y de esta agua se hartan, aunque a oscuras
porque es de noche.
11. Aquesta viva fuente que deseo,
en este pan de vida yo la veo,
aunque es de noche.

Creo que su amistad con Teresa de Jesús y su atracción por la causa teresiana procede en realidad de su afinidad en este sentido. Ambos buscaban una forma de vivir la fe que tuviera algo de orgánico, de natural, en el sentido de sencillo, eran personas más sensuales que formales, más inspirativas que organizadas, querían realizar este carácter en su destino de religiosos. Con sus mejores intenciones, emprendió con Teresa la reforma del Carmelo, que supuso la escisión de la Orden entre calzados y descalzos y la creación de congregaciones que no estaban aprobadas por las autoridades.

En aquel momento, las disensiones y fusiones entre órdenes religiosas y los acuerdos eclesiásticos venían a ser como las relaciones entre grandes empresas hoy día; influían en la política y las finanzas, eran asuntos importantes, tocaban a la seguridad personal y al destino de muchas personas, se podía acabar muerto o en la cárcel. A Juan le pasó lo que a muchos escritores que se meten en política creyendo que se trata de una batalla de ideas, y no.

LLAMA DE AMOR VIVA
Canciones del alma en la íntima comunicación,
de unión de amor de Dios. Del mismo autor.
1. ¡Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
Pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
¡rompe la tela de este dulce encuentro!
2. ¡Oh cauterio suave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
que a vida eterna sabe,
y toda deuda paga!
Matando. muerte en vida la has trocado.
3. ¡Oh lámparas de fuego,
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba oscuro y ciego,
con extraños primores
calor y luz dan junto a su Querido!
4. ¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno,
donde secretamente solo moras
y en tu aspirar sabroso,
de bien y gloria lleno,
cuán delicadamente me enamoras!

En los efectos materiales de esta empresa Teresa de Jesús lideró, Juan aportó su enorme resistencia. Conoció ocho meses de encierro en una celda de Toledo del tamaño de un aseo de invitados, sufrió el frío, el hambre, la enfermedad, la traición de algunos de sus frailes, que se pasaron al enemigo, le negaron y vendieron información. Sus superiores le creyeron asociado a sus propios delatores y fue castigado. Nunca se recuperó de su época de presidio, y los últimos tres meses de vida los pasó con dolor y sin recibir cuidados, debido a la estricta lectura de las normas de pobreza de su prior, quizás también a rencores personales.

Dos mujeres fueron importantes en su vida y tal vez conoció con ellas alguna realización del amor físico para tan bien describir los goces del espíritu, aunque no nos es dado saberlo y no es imposible que viviera en una castidad literal. Lo que yo pienso es que de su relación con ellas se desprende la existencia, al menos, de deseos humanos. Una es Teresa de Jesús, inteligente sensible y revolucionaria de la iglesia de su tiempo, que le metió en un buen lío pero lo compensó comprendiendo su inteligencia y dándole al mundo una medida del valor de su obra, cosa para la que Juan no valía. Otra es la viuda segoviana Doña Ana de Mercado y Peñalosa, a quien le dedicó La llama de amor viva.

Dos buenas páginas sobre su biografía y su obra, desde una perspectiva más católica:

http://www.sanjuandelacruz.com/

De luces y tinieblas: La ‘noche oscura’ en Juan de la Cruz y T.S. Eliot

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2 responses to “22 MAESTROS (5)

  • Román

    ¡Cuánta belleza, Rebeca! ¡Qué bien has elegido esos maestros! Nuestros místicos son nuestro mayor tesoro. No hace falta ser creyente para saberlo; quienes desde niños, por motivos puramente intelectuales, dejamos la senda religiosa podemos dar fe de tal cosa. Son además inseparables de lo español en su mas profundo sentido. Son nuestra carne y nuestras sangre. Como siempre,leerte y releerlos ha sido toda una aventura intelectual que despierta múltiples registros, dudas, e incógnitas, algunas de ellas como resonando armónicamente a las que tú misma expresas. Esas dudas tuyas a las posibles experiencias de San Juan de la Cruz responden a las mismas que tengo yo respecto de dos de mis mayores maestros intelectuales, dos gigantes profundamente amados que fueron ambos homosexuales pero hombres de pies a cabeza sin la menor duda: Proust y Lorca. Me es imposible creer que no tuviesen el goce inmenso de conocer a la mujer en toda su realidad por lo bien que, como San Juan de la Cruz, describen lo erótico en el mejor, mas profundo, auténtico y sentido de los modos. Es hora de compadecerse de aquellos de nuestros semejantes que no saben ver mas allá de lo visible ni sentir la verdad profunda de que las artes nos dan vida mas allá de la vida y nos hacen vivirla, no una sino mil y mas veces. Gracias por tu literatura, querida Rebeca. Asombra que con tu juventud puedas comprender tánto y tan profundamente.

  • rebecatabales

    Gracias por tu comentario, Román. Ya sabes que descubrí los poemas de Juan en medio de la noche y la pequeña naturaleza de mi casa fugaz, a lo mejor eso es el conocimiento, toda ciencia trascendiendo.Un abrazo.

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