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Dos viejos americanos

Últimamente se ha recuperado la obra de un novelista americano que se llama James Salter. Salamandra está reeditando sus novelas en español y muchos lectores se enamoran. Siempre es una novedad y un gusto poder amar la escritura de un hombre que sigue vivo. Incluso ha producido últimamente. Un libro que se titula Todo lo que hay, como haciendo una broma de viejo que no se siente viejo, que ya lo ha visto todo pero todavía tiene ganas de contarlo, que ni siquiera está seguro de haberlo visto todo.

He de añadir que suscribo enteramente el párrafo central del siguiente artículo:

http://cultura.elpais.com/cultura/2012/02/22/actualidad/1329932175_788084.html

Una vez, en este blog, mantuve una conversación sobre Mishima con Bloom. Le invité a cenar y me metí con él, pero él metió la cuchara en mi postre. Fue solo una más de las fantasías de comunicación con lectores célebres que tengo. Con los lectores se charla, a los escritores solo se les observa y, como mucho, se los lee. Así que con Salter no me voy a poner a hablar. Esto no aparece en mi fantasía. En mi mundo de lectora Salter es el hermano mellizo de otro que para mí es un maestro mayor, en el sentido de la edad y en el del genio; John Cheever.

Así que en mi visión, Salter y Cheever, James y John, Jim y Johnny, están sentados uno al lado del otro. Yo los miro pero ellos no me ven a mí. Ambos nacieron en la costa este de Estados Unidos, bajo el signo de géminis, y en sus retratos más conocidos tienen el pelo canoso. Parece que hubieran sido viejos siempre. Uno tiene ochenta y nueve años, el otro está muerto. Los que nacen para escritores son viejos desde niños, y si acaso rejuvenecen después, al final. Vienen sin la vida. Su destino es ganársela con las palabras y con su sudor. Tienen que apoderarse de ella.

Tal vez por eso, y porque todo en el mundo orgánico refleja, acaba reflejando, la composición físico-química o la estructura moral, muchos de los grandes vienen desposeídos, huérfanos, pobres, o sufren tempranas traiciones, tempranos abandonos de Dios. Se les presenta pronto, como en un sueño ante sus ojos demasiado abiertos, el alcantarillado de la vida. No sé como fue la infancia de James Salter, de John Cheever. Puede que ellos nos dijeran que no tuvieron nada de particular, pero en mi estampa los dos viejos americanos no hablan. Y así debe ser, porque a los escritores, como a los asesinos, solo se puede acceder por sus huellas.

Los niños de James son felices, habitan la superficie luminosa del mundo en que han nacido, lo malo está solo en los ojos de quienes los mira desde la vida adulta, en su corazón. Ellos son ajenos, son puros, porque para James lo malo está bajo la corteza, y ellos todavía no son más que forma, piel, promesa. Los niños de John están más ausentes, más hechizados o atrapados en las garras del mundo. Reflejan los defectos de sus padres (Adiós, hermano mío), sufren sus castigos injustos (El autobús a St. James), o vagan de una casa a otra sin querer volver a la hora de la cena como la gente decente (Un marido rural).

Las mujeres de James son bellas, decididas, sus hombres son activos, medrosos. Unos y otros se atraen por necesidades materiales, los une el azar, las circunstancias. Una anécdota puede dar lugar a un matrimonio, a una traición, a un abandono. Las mujeres de Cheever son más emocionales, más inescrutables. Están más lejos. John siempre mira por los ojos de un hombre, casi siempre. Sus hombres parecen más tristes, sus mujeres más alegres, pero eso es sólo el efecto del punto de vista que elige. Los personajes de James son aceitunas, con la blandura fuera y dentro lo imposible, el bocado de misterio que hay que tragar entero. Los personajes de John son almendras. Al contrario.

James Salter_Zona Cero_New York_2001_by Corina Arranz

Ella empezó de nuevo. Tocó unos cuantos acordes tristes que brotaron lentamente de sus largos dedos. Empezó a cantar con su voz fina de muchacha y la cabeza agachada. Siguió cantando. Conocía una infinidad de letras que constituían su auténtica elocuencia, los poemas en los que creía. “Las sábanas eran viejas y delgadas las mantas…”
-Mi primer novio lo cantaba -dijo Nedra-. Me llevó de fin de semana a la casa de veraneo de su familia. Fue después del verano. Todos se habían ido.
-¿Quién era? -preguntó Viri.
-Era mayor que yo -dijo ella-. Tenía veinticinco años.
-¿Quién?
-Allí tomé mi primer aguacate. Me lo comí con hueso y todo -explicó.
(Años Luz, James Salter. 1975)

La gente de James es más ordenada, se expresa por sus horarios, por cómo pone la mesa, por lo que dice en las fiestas. Son más profundos en la medida en que están ciegos a su propia profundidad. Los personajes de Cheever son más predecibles, más apasionados, más humanos, esto último es un efecto debido, quizás, a la creencia de John en el determinismo.

John es un americano de la vieja escuela, conductista a su pesar y, sobre todo, pragmático. El pragmatismo de Pierce, de James, rechaza la introspección y concluye que una conducta es mensurable, en términos estadísticos, psicológicos y morales, únicamente en función de sus consecuencias efectivas. Es una escuela que admite lo inaccesible dentro de la mente humana, que no pretende explicarlo todo, una postura humilde ante la vida, una visión de creyente científico, que confía en un Dios al que no necesita escrutar.

John cree que hay una serie de factores que explican un resultado en la conducta, que son misteriosos, tal vez inexplicables, pero existen. Cree también en el ambiente frente a la individualidad, en la clasificación y la división de las cosas. Es aristotélico. Sus personas son infelices, lo saben, y buscan la felicidad. Por lo mismo, el paisaje de John refleja sus emociones, las explica.

James es platónico. Funde lo bueno, lo bello y lo verdadero y enseña a sus personas esta confusión, de manera que cuando son felices físicamente pero notan una incomodidad espiritual se quedan asombrados y congelados, interrumpidos en ese asombro, no saben que hacer. No luchan contra su infelicidad, incluso la perpetúan. James es también posmoderno. La infelicidad de sus personas se ha instalado en ellas, las ha poseído, ni siquiera contemplan otra posibilidad, otro orden moral. Su descripción del mundo no expresa el espíritu de los personajes, lo sustituye.

"El tufo y los pepperoni y los ásperos colores de los líquenes que se adhieren a las paredes y los techos no son parte de la conciencia de un norteamericano, aunque haya vivido años enteros, como era el caso de Bascomb, rodeado por dicha aspereza. La subida de la escalinata le quitó el aliento. Se detuvo varias veces para recuperarlo. Todos le hablaban: ¡Salve, maestro, salve! Cuando veía la nave de ladrillo de la iglesia del siglo XII siempre murmuraba para sí la fecha, como si estuviese explicando a un amigo las bellezas del lugar. Las bellezas del lugar eran varias y sombrías. Él siempre sería allí un extranjero, pero su condición de tal le parecía una metáfora que comprometía al tiempo como si, mientras trepaba la escalinata extraña y dejaba atrás los muros extraños, estuviese ascendiendo a través de horas, meses, años y décadas." El mundo de las manzanas. John Cheever

“El tufo y los pepperoni y los ásperos colores de los líquenes que se adhieren a las paredes y los techos no son parte de la conciencia de un norteamericano, aunque haya vivido años enteros, como era el caso de Bascomb, rodeado por dicha aspereza. La subida de la escalinata le quitó el aliento. Se detuvo varias veces para recuperarlo. Todos le hablaban: ¡Salve, maestro, salve! Cuando veía la nave de ladrillo de la iglesia del siglo XII siempre murmuraba para sí la fecha, como si estuviese explicando a un amigo las bellezas del lugar. Las bellezas del lugar eran varias y sombrías. Él siempre sería allí un extranjero, pero su condición de tal le parecía una metáfora que comprometía al tiempo como si, mientras trepaba la escalinata extraña y dejaba atrás los muros extraños, estuviese ascendiendo a través de horas, meses, años y décadas.”                                                              El mundo de las manzanas. John Cheever

James posee el don del detalle, sus historias son tejidos, engranajes, es por encima de todo un novelista. John posee el don del impacto, sabe contar la casualidad, la anécdota. Es, en su corazón, un cuentista. Y ya está bien. Si sigo observando corro el riesgo de que en cualquier momento uno de los gemelos, puede que incluso el muerto, levante los ojos y me encuentre.

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Les Garçons et Guillaume, à table!

Hay que ver esta película, y hay que verla en francés mes amis, porque si no, no hace tanta gracia. Así que os presento un pequeño avance con subtítulos en inglés, que es lo más accesible que he encontrado, y más abajo una selección de escenas sin subtítulos.

Desde que Guillaume puede recordar, en casa se le llamaba a comer diciendo: “¡Guillaume y los chicos, a la mesa!” Como si él no fuera un hermano más, o ni siquiera un chico. Se puede hacer una película entera partiendo de esta anécdota. Se puede ser director, guinoista, actor y actriz principal, ahorrando varios sueldos y, lo que es menos práctico pero más importante, dando a todo un sentido personal, audaz, sofisticado y al mismo tiempo simple, como lo puede ser un adolescente solo ante el mundo. Cuando hablo de adolescencia me refiero a la edad que tiene todo ser humano cuando está un poco perdido, porque los modelos que le habían guiado hasta ahora ya no le sirven, y porque los afectos que lo habían acompañado ya no hacen que deje de sentirse solo, pero siguen siendo sus modelos, y sigue queriéndolos.

Claro que no es fácil contar esta historia. Primero, porque utiliza recursos teatrales, segundo, porque es una comedia. El teatro es la más difícil de las presentaciones de un texto narrativo por su inmediatez; la comedia es el más difícil de los géneros porque la vida, aparentemente o bien mirada, hace poca gracia, así que resulta complicado hacer que un espectador active su inteligencia calculadora, crítica, molida de los palos de la vida, y además se ría. Tercero; la estructura del guión es complicada porque intenta, o quizás consigue sin intentarlo, reproducir el funcionamiento de la memoria.

Cuando recordamos nuestra vida pasada no lo hacemos de un modo lineal, claro. La memoria escoge unas pocas escenas regentes de cada época de nuestra vida que se convierten en los portavoces de tal edad, de tal momento. Nos recordamos y nos explicamos en el pasado con el significado, con las características de esas escenas, que sintetizan los recuerdos en forma narrativa, como pequeños cuentos o sketches. Permanecen en el recuerdo las experiencias  que pueden dar sentido o incorporarse a estas estructuras de ficción, ya sea porque se adaptan, se deforman o incluso cambian. Lo que no es coherente o no es relevantes para esta función, es reprimido y olvidado sin piedad. No hay sitio para guardarlo todo, excepto en el cerebro del célebre Funes, el memorioso, y no hay piedad en la memoria.

Guillaume Gallienne, actor (http://www.comedie-francaise.fr/comedien.php?id=512&idcom=1167) que dentro de su historia también es actor, se sube a un escenario dentro de una película, y cuenta estos cuentos de la memoria que ilustran su relación con su madre y consigo mismo, pero no olvida en ningún momento su deber como narrador. Tiene que enlazar, tiene que entretener, y tiene que haber al final una revelación, una sorpresa, un giro que lo cambie todo, desde el principio. Como decía, esta película demuestra que se puede partir de un detalle y que el creador puede estar pluriempleado, pero también que se puede conseguir un guión original, ingenioso, divertido, que se meta con cuestiones complejas, como la identidad, en especial la identidad sexual, la relación con los padres, el acoso, el enamoramiento, la admiración, la hipocresía, el miedo a los otros y a uno mismo, y además las mujeres, los internados, la mili, los caballos, Sissí Emperatriz, y hablar muy en serio sin dejar de reírse.

He leído comentarios sobre Guillaume y los chicos en que desaprueban que siendo una comedia sea en el fondo muy amarga. Esta crítica se refuta nombrando a  Billy Wilder. También he leído que es demasiado personal para resultar convincente. Esta se refuta nombrando a Woody Allen. Se trata de una historia contada sin pretensiones y yo no diría que Galienne muestra en ella el nivel de estos maestros, pero, sin ninguna duda, me gustará ver más.

 


Escritores géminis. “Contengo multitudes”.

Géminis es la tercera constelación del zodiaco. Sus dos estrellas más brillantes, Cástor y Póllux, toman sus nombres de las figuras mitológicas de dos hermanos gemelos Cástor y Polideuco (Póllux, para los romanos), nacidos de un huevo de Leda, a quien Zeus había seducido adoptando la forma de un cisne. Los gemelos, obligados por un castigo divino a separarse, reniegan de su inmortalidad si no se les concede a ambos, y su padre Zeus (Júpiter) interviene, llegando a un acuerdo con Hades (Plutón) por el cual podrán permanecer juntos por toda la eternidad como desean, pero alternando seis meses de estancia en el Olimpo con seis meses en los infiernos.

Así, la imagen de los gemelos queda asociada para siempre a la dualidad humana (en realidad es una síntesis de su multiplicidad psicológica, o de la impresión de que dentro de cada individuo habitan muchos). Es uno de los símbolos más antiguos y recurrentes de nuestra cultura, y constituye la forma primitiva del tema literario del doble o, en su forma más contemporánea, el clon.

Géminis como signo astrológico se asocia al elemento aire (que se corresponde simbólicamente, a su vez, con las ideas, la imaginación, lo racional, la palabra, y todo lo relacionado con las funciones de la mente; también con el norte, el invierno, la noche, el palo de espadas de la baraja española y las picas del póker), comparte elemento con Libra y Acuario. Es un signo positivo (o masculino), así como el resto de signos de aire y también los de fuego (Aries, Leo y Sagitario) y pertenece al grupo de los llamados signos mutables (o comunicadores), en el que le siguen Virgo, Sagitario y Piscis.

Es el tercer signo de la rueda kármica zodiacal, representa el momento de la infancia en que se adquiere y se domina la palabra y el juego simbólico, después de Tauro (la primera infancia o infancia sensorial), regido por Venus, y antes de Cáncer (la pubertad), regido por Selene o Luna. Géminis está regido por el planeta Mercurio y adquiere las connotaciones simbólicas de la figura mitológica del mismo nombre: rapidez, mutabilidad, facilidad para la palabra y los idiomas, audacia, perspicacia o, en sentido negativo, personalidad errática, volátil o inestable.

"Tomó asiento junto al escritorio de Samuel Spade, se echó hacia adelante, ligeramente apoyado en su bastón de caña, y dijo: -No. Sólo quiero que averigüe qué le ocurrió. Espero que no lo encuentre -sus ojos verdes saltones miraron solemnemente a Spade. Spade se balanceó en el sillón. Su rostro -al que las uves de la barbilla huesuda, la boca, las fosas nasales y las cejas densamente pobladas otorgaban un aspecto satánico que no resultaba del todo desagradable- mostraba una expresión tan amablemente interesada como su tono de voz. -¿Por qué?El hombre de ojos verdes habló sereno y seguro: -Spade, con usted se puede hablar. Tiene la clase de reputación que debe tener un detective privado. Por eso he acudido a usted. El gesto de asentimiento no comprometió en nada a Spade. El hombre de ojos verdes prosiguió: -Y estaré de acuerdo con un precio razonable." Demasiados han vivido. Dashiell Hammett.

Considerando todas sus características simbólicas, lo que aporta el signo de Géminis a los autores-personaje nacidos bajo su influencia, es el destino del intercambio. Géminis juega: bien con su imagen (si se interesa por el mundo del espectáculo, como Marylin Monroe, Josephine Baker o Lawrence Olivier, que hicieron un personaje de sí mismos), bien con las ideas, con la palabra, si es un escritor.

Sade, Tieck, Bulwer-Lytton, Chesterton, Hardy, Doyle, Grin, Mann, Hammet, Torrente Ballester, Cheever, Calvino, Berlanga, y una extensa nómina de poetas detallada más abajo, creadores-personaje géminis, todos ellos, recogen una impresión de la vida mediada por esa mirada infantil, que puede aportar pureza, genio, pero también crueldad o inconsciencia, experimentar con esas vivencias usando la palabra y devolver algo renovado, algo que siempre estuvo ahí, pero transformado por su mirada especial.

Su forma sencilla, pero tremenda, de juzgar el significado de los acontecimientos, su asombro y fascinación por los escenarios íntimos, su descubrimiento de lo sublime o lo desastroso dentro de lo cotidiano, proviene todo ello de esa relación kármica entre su sensibilidad y la infancia, no la infancia como tema, que tanto atrae a los Acuario (Hoffmann, Dickens, Carroll, Chèjov…) sino la infancia como experiencia, como estado permanente que late siempre vivo, bajo las sucesivas capas de edad obligatoria.

"Antiguamente nunca había visto en esta ocupación de William ninguna clase de impedimento para tenerle por marido. De hecho, la necesidad de conseguir a toda costa un contrato que durara toda la vida —una virtud esencial que toda buena madre enseña— impidió que pensara en ello hasta que ya se había unido a William, la luna de miel había pasado y la etapa de reflexión había llegado. Entonces, como una persona que se ha topado con algún objeto en la oscuridad, se preguntó qué tenía ante sí; mentalmente le dio vueltas al asunto, lo sopesó; se preguntó si era raro o vulgar; si contenía oro, plata o plomo; si era un lastre o un pedestal; si lo era todo, o nada, para ella. Llegó a algunas conclusiones vagas, y desde entonces había mantenido su corazón vivo a fuerza de sentir compasión por la torpeza y la falta de refinamiento del que era su dueño, a fuerza de compadecerse a sí misma y de dejar que sus delicadas y etéreas emociones se proyectaran en actividades soñadoras: soñando despierta durante el día y anhelando durante la noche; algo que tal vez no habría molestado mucho a William de haber sabido de su existencia." Una mujer soñadora. Thomas Hardy.

La aportación del creador-personaje géminis suele ser original, porque se pregunta tan poco sobre si un tema es útil, correcto, o si va a interesar a otros, como un niño en edad escolar lo hace sobre cómo valoran los adultos sus juegos. Esto facilita mucho la labor creativa, le da un sentido completo en sí misma, y permite al creador-personaje géminis concentrarse en ella y aislarse del resto del mundo lo que, paradójicamente, puede acabar interesando a los demás con una pasión inesperada para el propio autor.

" Porque hay que ver la gracia que los nativos tienen para los motes: "Picha-de-oro" al padre de siete hijas preciosas; "El glorioso movimiento" a una cachonda grandota que es una gloria mirar cómo camina, que aquello parece una armonía sideral; "La Chinquilina", como su nombre indica, a una tía muy guarra, y "Chongo-güevo-caldereta", que no se sabe lo que quiere decir, pero que no carece de intríngulis verbal, a un mendigo muy famoso que no puede ser más que eso, "Chongo-güevo-caldereta". La saga/fuga de JB. Gonzalo Torrente Ballester

En virtud de la adaptabilidad de Mercurio y la distancia del elemento aire, el creador-personaje géminis puede resultar hiperracional, especialmente cuando se interesa por temas eruditos. Es preciso entrar en su juego, comprender el paradigma que adopta, para poder entender su estilo lleno de recovecos lógicos y de bromas privadas. En esto se parece al creador-personaje virgo (Borges, Cortázar), pero Virgo es un signo de tierra, por tanto material, que dedica su experimento a los elementos constituyentes de las historias: forma, género, punto de vista, mientras que Géminis, signo mental, induce al creador a jugar con las ideas que se transmiten en la narración, y no con su estructura.

Otras veces ese mismo juego del intelectual géminis facilita el acceso a temas, ideas, obras, que habían permanecido alejadas del conocimiento o del gusto general por resultar oscuras, prohibidas o abstrusas. En este caso Géminis es un divulgador, aunque en el camino desvirtúe un tanto la naturaleza original de aquello que transmite. Su carácter mutable (comunicador) no lo inclina, como el de los signos fijos (Tauro, Leo, Escorpio y Acuario) a conservar y organizar, sino a difundir.

"De todos los extravíos de la naturaleza, el que más ha hecho cavilar, el que más extraño ha parecido a esos pseudofilósofos que quieren analizarlo todo sin entender nunca nada -comentaba un día a una de sus mejores amigas la señorita de Villeblanche, de la que pronto tendremos ocasión de ocuparnos- es esa curiosa atracción que mujeres de una determinada idiosincrasia o de un determinado temperamento han sentido hacia personas de su mismo sexo. Y, aunque mucho antes de la inmortal Safo, y después de ella, no ha habido una sola región del universo, ni una sola ciudad, que no nos haya mostrado a mujeres de ese capricho, y, por tanto, ante pruebas tan contundentes, parecería más razonable, antes que acusar a esas mujeres de un crimen contra la naturaleza, acusar a ésta de extravagancia; con todo, nunca se ha dejado de censurarlas y, sin el imperioso ascendiente que siempre tuvo nuestro sexo, quién sabe si un Cujas, un Bartole o un Luis IX no habrían concebido la idea de condenar también al fuego a esas sensibles y desventuradas criaturas, como bien se cuidaron de promulgar leyes contra los hombres que, propensos al mismo tipo de singularidad y con razones tan igualmente convincentes, han creído bastarse entre ellos y han opinado que la unión de los sexos, tan útil para la propagación, podía muy bien no ser de tanta importancia para el placer. Dios no quiera que nosotras tomemos partido alguno en todo ello..., ¿verdad, querida? -continuaba la hermosa Agustina de Villeblanche, mientras daba a su amiga besos un tanto delatadores-. " Agustina de Villeblanche o La estratagema del amor. Marqués de Sade

El creador-personaje géminis coincide con Capricornio (Poe, Highsmith, Eco) y Escorpio (Stevenson, Dostoievski, Camus) en su interés por la psicología individual y todo lo que pueda influir en ella, pero Capricornio, como signo cardinal (líder), explora la psicología de sus personajes pensando en contribuir a una idea regente y primordial que esa narración está expresando en una forma concreta. Por ejemplo, Poe utiliza sus descripciones psicológicas para contribuir a una impresión de terror, perversidad, en sus cuentos de horror, o en el caso de sus cuentos policiacos, las habilidades de Dupin son, en realidad, una excusa para desentrañar un misterio, cuya resolución es la verdadera protagonista. Un ejemplo en este mismo sentido sería el Ripley de Highsmith.

Un creador-personaje géminis, en cambio, por ejemplo Bulwer Lytton, escoge el tema de sus obras casi al azar: el terror, la utopía, la novela histórica… para dar salida a una serie de reflexiones que se acaban convirtiendo en el centro de la narración, por encima de las exigencias del género o del estilo. Y cuán diferentes son los relatos policiacos del escritor géminis, en que la trama puede ser hilarante, confusa, a veces indescifrable, pero nunca el aspecto diáfano, incluso sobrenaturalmente nítido, del protagonista.

" El curita era la esencia misma de aquellas llanuras del este; tenía una cara redonda, sin interés y chata como un budín de Norfolk; unos ojos tan vacíos como el Mar del Norte, y llevaba varios paquetes de papel de estraza que era totalmente incapaz de tener juntos. Sin duda el Congreso Eucarístico había sacado de su estancamiento local a muchas criaturas semejantes, tan ciegas e ineptas como topos desenterrados. Valentín era un escéptico del más severo estilo francés y no sentía el menor afecto por los sacerdotes. Pero si podía sentir compasión, y este curita era capaz de provocar piedad a cualquier ser humano. Llevaba un paraguas muy grande y gastado, que constantemente se le caía. Parecía no saber, de los extremos de un boleto, cuál era el de ida y cuál el de vuelta. " El candor del Padre Brown. Chesterton

En este sentido podemos ver un ejemplo de cómo las diferentes sensibilidades colaboran (sin perder el punto de vista astrológico y sin olvidar que hablamos de ficciones), para abarcar la expresión completa del universo:

El creador-personaje capricornio Poe, creo a Dupin, pero sobre todo creo el género policiaco, en el que Dupin era una casualidad, un personaje que podría haber sido cualquier otro. Años después, el géminis Arthur Conan Doyle, empleando esa forma ya consolidada del género policiaco heredada del magisterio de Poe, introduce un personaje, una psicología particular: Sherlock Holmes, que es insustituible y sin cuya presencia no tendría sentido toda la obra en que aparece. Capricornio, signo de tierra, material, da la forma del cuento policiaco. Géminis, signo de aire, o mental, da el contenido: el individuo concreto que acaba representando el género.

Escorpio, por su parte, está tan interesado en indagar la verdad, la profunda verdad de las cosas, como cualquier otro signo fijo (organizador) y, regido por Plutón, dirige su exploración psicológica a lo más profundo, secreto, del alma humana. Pensemos en el Mr. Hyde de Stevenson (un doble, por cierto), en el Raskolnikov de Dostoievski, en el célebre taxista de Scorsesse o en el extranjero de Camus, creador-personaje del siglo XX que sospecha que en esa búsqueda de una verdad subsumida no va a encontrar nada, pero que, no obstante, se lanza a ella, y en el camino descubre el vacío.

"-¿Cómo te has portado, si puede saberse? El perro, agradecido sólo por esta aproximación, se acercó aún más a rastras, se apretó contra la pierna de su dueño y miró hacia arriba con sus ojos humildes. Durante un buen rato, Tobías contempló al humillado ser desde su altura y en silencio; mas luego, cuando sintió aquel calor conmovedor en su pierna, recogió a Esaú y lo levantó. -Está bien, voy a tener compasión de ti -dijo, pero cuando el buen animal comenzó a lamerle la cara, su estado de ánimo se transformó en emoción y melancolía. Oprimió al perro contra sí con doloroso cariño, sus ojos se llenaron de lágrimas, y sin articular bien las frases comenzó a repetir con voz ahogada: -Mira, eres mi único... mi único... Luego acostó a Esaú con todo cuidado en el sofá, se sentó junto a él, apoyó la barbilla en la mano y lo contempló con gran dulzura y recogimiento." Tobías Mindernickel. Thomas Mann

El precursor del extranjero es Bartleby, en el que Melville, creador-personaje leo (también signo fijo) descubre el poder de la inacción. Leo, como signo organizador, también busca una verdad profunda, pero Escorpio en el terreno de las emociones, inspirado por su elemento regente: el agua, y Leo en el terreno de los actos, inspirado por su elemento regente: el fuego.

El interés psicológico del creador-personaje géminis es diferente. No hay que olvidar que la clave kármica de Géminis es el intercambio. Lo que le interesa de sus personajes es cómo se relacionan con su medio, qué les hace sentir, pensar, desear, las cosas que les ocurren, cómo se integran o se aíslan de su entorno natural, su época, su grupo. En este sentido, el narrador geminiano es a menudo menos hábil que otros en la construcción de estructuras, pero en compensación elabora unos personajes muy poderosos, con una mirada muy nueva, muy vital, y de una gran amplitud psicológica, que llenan los objetos de su entorno con el significado que les da su memoria, su aprensión o su deseo.

"El tufo y los pepperoni y los ásperos colores de los líquenes que se adhieren a las paredes y los techos no son parte de la conciencia de un norteamericano, aunque haya vivido años enteros, como era el caso de Bascomb, rodeado por dicha aspereza. La subida de la escalinata le quitó el aliento. Se detuvo varias veces para recuperarlo. Todos le hablaban: ¡Salve, maestro, salve! Cuando veía la nave de ladrillo de la iglesia del siglo XII siempre murmuraba para sí la fecha, como si estuviese explicando a un amigo las bellezas del lugar. Las bellezas del lugar eran varias y sombrías. Él siempre sería allí un extranjero, pero su condición de tal le parecía una metáfora que comprometía al tiempo como si, mientras trepaba la escalinata extraña y dejaba atrás los muros extraños, estuviese ascendiendo a través de horas, meses, años y décadas. " El mundo de las manzanas. John Cheever

Entre los escritores géminis abundan los poetas. Posiblemente porque la poesía aúna dos de las claves simbólicas del signo de géminis: la palabra y el juego (o el experimento).  Pushkin, Whitman, César Vallejo,  García Lorca, Michaux, Pessoa, Saint-John Perse,  Ana Ajmátova,  Allen Gingsberg, Gamoneda, y muchos otros, nacieron bajo el signo de los gemelos. Es en poesía donde con más frecuencia revela el creador-personaje géminis su verdadera naturaleza.

Pessoa con sus heterónimos, o Walt Whitman con sus célebres versos (como el que titula esta entrada) en los que se identifica con los “otros”, y hasta con todos los objetos del universo, expresan esa multiplicidad de la conciencia que ocurre en todos nosotros, pero que Géminis percibe con especial claridad.  Otra correspondencia simbólica liga a Géminis con la poesía: el Loco (o el Jóker) y el Mago, los dos primeros arcanos mayores del Tarot.

" El pájaro, entre nuestros hermanos de sangre el de vivir más ardiente, conduce hasta los confines del día un singular destino. Emigrante y hechizado por el crecimiento del sol, viaja de noche, al ser los días demasiado cortos para su actividad. En época de luna gris, color muérdago de las Galias, puebla con su espectro la profecía de las noches. Y su grito entonces es el mismo grito de la aurora: grito de guerra santa a cuchillo. En el brazo de su ala, el balanceo inmenso de una doble estación y bajo la curva del vuelo, la curvatura misma de la tierra…La alternancia es su ley, su reino la ambigüedad. En el tiempo y espacio que incuba de un vuelo, su herejía consiste en vivir un verano único. Escándalo es también para el pintor y el poeta, que ensamblan estaciones en los puntos más altos de su intersección. (...) El hombre ha alcanzado la inocencia del animal. Y el pájaro, impreso en el ojo del cazador, se vuelve el cazador mismo en el ojo de la bestia, como ocurre con el arte de los esquimales. Bestia y cazador atraviesan juntos el vado de una cuarta dimensión. Marchan al fin, al mismo paso, desde la complicación de ser, hasta la felicidad de amar, dos seres ciertos, emparejados. Nos hallamos lejos de lo decorativo. Es la sabiduría perseguida como una búsqueda del alma y la naturaleza recuperada al fin por el espíritu, después de que ella todo lo cediera. Una meditación conmovedora y larga ha encontrado otra vez la inmensidad del espacio y hora en la que se extiende el pájaro desnudo, de forma elíptica, como las células rojas de su sangre. (...) Con todas las cosas errantes por el mundo, cosas al borde de la hora, van donde van todos los pájaros del mundo, a su destino de seres creados…A dónde va el movimiento mismo de las cosas, en su oleaje, adónde va el curso mismo del cielo, sobre su rueda, a esa inmensidad de vivir y crear por la que se conmovió la gran noche de mayo, van, doblando más cabos de los que crecen en nuestros sueños, y pasan, dejándonos en el océano de las cosas libres y no libres…Ignorantes de su sombra, sin saber de la muerte sino lo que de inmortal se consume en el ruido remoto de las grandes aguas, pasan, abandonándonos, y ya no somos los mismos. Ellos son el espacio atravesado por un único pensamiento. " Pájaros (fragmento). Saint-John Perse

Un viejo misterio de la psicología consiste en que la proporción de esquizofrénicos nacidos en los meses de mayo y junio sea muy superior a la de los nacidos en cualquier otra época del año. Esta proporción aumenta todavía cuando se añaden los sujetos diagnosticados de esquizotipia, es decir, que tienen el perfil de personalidad del esquizofrénico, pero no llegan a desarrollar los síntomas graves del trastorno.

Se han propuesto muchas teorías para explicar esta sorprendente coincidencia en términos científicos, pero ninguna satisfactoria. La astrología tiene su propia explicación: entre mayo y junio, la mayoría de los nacidos lo hacen bajo el signo de géminis, que representa la escisión de la personalidad. Tradicionalmente se considera que géminis es dual, pero en realidad es múltiple. Esto lo saben los locos y los poetas. Por eso Rimbaud, que no era géminis, pero sí las otras dos cosas, dijo una vez aquello de : “Je suis un autre”


				

Escritores acuario. En el país de las maravillas

Un individuo descrito a través de la estructura simbólica que contiene su signo del zodiaco es un arquetipo, es decir, un número limitado de atributos pertenecientes a diversas categorías lo definen de forma no exhaustiva, pero universal. El resultado coincide con el esquema de un personaje de ficción.

Por ejemplo, una descripción posible del Sherlock Holmes de Doyle sería la siguiente:

Un individuo inteligente, con grandes dotes analíticas, en especial para la deducción. Observador, meticuloso, maniático, solitario. Su temperamento es intenso, pero raramente expresa sus emociones; es honrado y fiel a sus principios, pero con cierto desapego sarcástico derivado de su visión distante y racional. Su innata curiosidad lo inclina a la investigación, y el gusto por ejercitarla le pone a veces en lugares o situaciones extrañas, lo que no debe confundirse con un espíritu aventurero, pues no busca la peripecia en sí, sino el placer intelectual de satisfacer su curiosidad, que a menudo indaga sobre la naturaleza humana. Disfruta con el hecho de ser diferente.

Sherlock (2010). BBC. Una de las últimas recreaciones de las aventuras del detective, excelente, en la que un Holmes del siglo XXI es interpretado por Benedict Cumberbatch, y Watson es un soldado recién llegado de Afganistán con una cojera que su nuevo compañero de piso describe como "somática". El actor es Martin Freeman, el Tim de The Office (2001), la versión británica, primigenia y sublime

Bien, pues la astrología (la de verdad), definiría un individuo de determinado signo con un discurso semejante. La descripción anotada en el párrafo anterior es la de un acuario típico, y Sherlock Holmes es un personaje acuario en mi opinión y en la de muchos astrólogos a los que me gusta leer. Conan Doyle lo hizo nacer erróneamente el 6 de enero, fecha correspondiente a un personaje capricornio. Considero la astrología una forma de ficción o, si así suena más respetable, de literatura.

Esta es la primera entrada de una serie en que algunos escritores queridos van a ser clasificados en base a un atributo inusual: la constelación del zodiaco que rigió su nacimiento. Hoy hablaré de lo que E.T.A Hoffmann, Lord Byron, Sthendal, August Strindberg, Charles Dickens, Lewis Carroll, G. A. Bécquer, Anton Chejov, Nikolai Semionovich Leskov, Jules Verne, James Joyce, Edith Warthon, Virginia Woolf, Paul Auster, Hening Mankell, John Ford, François Truffaut, Charles Darwin o Mozart, todos ellos acuario, tuvieron en común como creadores (y como personajes, creados por sus lectores al investigar e imaginar sus vidas).

El proyecto de agrupar autores nacidos entre el 20 de enero y el 19 de febrero me resulta divertido, y no más inútil o arbitrario que hacerlo con los que fueron españoles, románticos, homosexuales o mujeres.

Acuario es el undécimo de los doce signos de zodiaco, casi al final de la rueda kármica, donde ha superado la prueba de la experiencia (Capricornio), y se enfrenta a la revelación de la fe (Piscis); así, el destino del autor-personaje acuario es ir más allá de las figuras de autoridad y de las verdades relativas transmitidas por los padres y la tradición, en busca de una sabiduría más amplia y de una verdad superior.

"Nadie podría imaginar algo tan extraño y maravilloso como lo que le sucedió a mi pobre amigo, el joven estudiante Nathaniel, y que voy a referirte, lector. ¿Acaso no has sentido alguna vez tu interior lleno de extraños pensamientos? ¿Quién no ha sentido latir su sangre en las venas y un rojo ardiente en las mejillas? Las miradas parecen buscar entonces imágenes fantásticas e invisibles en el espacio y las palabras se exhalan entrecortadas. En vano los amigos te rodean y te preguntan qué te sucede. Y tú querrías pintar con sus brillantes colores, sus sombras y sus luces destellantes, las vaporosas figuras que percibes, y te esfuerzas inútilmente en encontrar palabras para expresar tu pensamiento." El hombre de la arena (1818)

En este sentido, la acción kármica en la vida emocional del creador-personaje acuario consiste en desapegarlo de lo seguro y estable, lo que se traduce en una infancia marcada por situaciones de desarraigo. Aunque la realidad no sea dramática, el niño-creador-acuario siempre vivirá con gran intensidad los conflictos en casa, y será muy sensible a todo lo que proceda de la figura paterna.

La orfandad, el abuso o la carga de los padres, las dificultades del matrimonio, los celos, el divorcio, las relaciones eróticas, el abandono de la pareja o de los progenitores, la lucha interna entre una oposición a lo establecido y el deseo de ser reconocido por esa misma estructura que se repudia, ya sea ésta el padre, la clase, el estado o la divinidad; todos estos son temas recurrentes en la obra del creador-acuario.

"Nos habíamos casado con dos hermanas. Este vínculo adicional entre nosotros, tal como lo considerarían algunos, en realidad sirvió sólo para apartarnos más. Su esposa me conocía bien. Nunca, estando ella presente, mostré mis celos o rencores secretos, pero aquella mujer los conocía tan bien como yo. Nunca, en aquellos momentos, levanté mi vista sin encontrar la suya fija en mí; nunca miré al suelo o hacia otra parte sin tener la sensación de que seguía vigilándome. Para mí era un alivio inexpresable cuando disputábamos, y fue un alivio todavía mayor cuando, encontrándome en el extranjero, me enteré de que había muerto. Tengo ahora la sensación de que era como si se hallara suspendida sobre nosotros una extraña y terrible prefiguración de lo que ha sucedido desde entonces. Tenía miedo de ella, me obsesionaba; su mirada fija vuelve ahora hacia mí como el recuerdo de un sueño oscuro, haciendo que se enfríe mi sangre." Confesión encontrada en una prisión de la época de Carlos II (1840)

La solución de este karma trae consigo grandes recompensas, y el creador-personaje-acuario que consigue superar los traumas del matrimonio y la paternidad, ya en su vida privada, ya usando su obra como catársis, llega a ser de una fidelidad perfecta al hogar y a la familia, amante y amado padre y esposo.

Las creadoras acuario tienen una dificultad añadida, pues la feminidad es ya de por sí una carga biológica y espiritual, y son notables los casos en que lo irresoluble de esa prueba kármica en una intensa creadora-personaje-acuario como Woolf o Warthon, acaba devastando su mente y su cuerpo.

"Pero esta ciudad hacia la que viajamos carece de piedra y carece de mármol, pende eternamente, se alza inconmovible, y tampoco hay rostro, y tampoco hay bandera, que reciba o dé la bienvenida. Deja pues que tu esperanza perezca; abandono en el desierto mi alegría; avancemos desnudos. Desnudas están las columnatas, a todos ajenas, sin proyectar sombras, resplandecientes, severas. Y entonces me vuelvo atrás, perdido el interés, deseando tan sólo irme, encontrar la calle, fijarme en los edificios, saludar a la vendedora de manzanas, decir a la doncella que me abre la puerta: Noche estrellada. -Buenas noches, buenas noches. ¿Va en esta dirección? -Lo siento, voy en la otra." Cuarteto de cuerda (1921)

Otras características que definen un signo zodiacal son el elemento que lo rige y su naturaleza o temperamento, que también tienen que ver con el destino de ese signo en el mundo: para qué ha sido dotado. En el caso de Acuario, su elemento es el aire, que comparte con Géminis y Libra, y pertenece con Tauro, Leo y Escorpio al grupo de los llamados signos fijos (organizadores).

El elemento aire lo liga simbólicamente al mundo de las ideas, la razón, la palabra, el norte, la noche, el palo de espadas de la baraja española y a las picas del Póker. Este elemento dota al creador-personaje acuario de capacidad para vivir a través de lo mental y aunque, como todo ser humano, tiene una parte pasional y física, necesita traducir a ideas o valores todo lo que proceda de ella, para poder asimilarlo y expresarlo.

Acuario puede ser sarcástico, ingenioso, encantador; aunque pocas veces le importa convencer a los demás de algo, si se lo propone es el más elocuente de los creadores, pero está incapacitado para la fe. Acuario duda de todo aquello que no puede pensarse, que sólo puede sentirse o creerse y, sin embargo, todo lo que tenga que ver con lo sobrenatural le atrae poderosamente, tal vez por lo mucho que revela acerca de la psicología humana.

"Densa niebla cubría el pueblo, cuando, en la Noche Vieja de 1883, regresaba a casa. Pasando la velada con un amigo, nos entretuvimos en una sesión espiritualista. Las callejuelas que tenía que atravesar estaban negras y había que andar casi a tientas. Entonces vivía en Moscú, en un barrio muy apartado. El camino era largo; los pensamientos confusos; tenía el corazón oprimido... "¡Declina tu existencia!... ¡Arrepiéntete!", había dicho el espíritu de Spinoza, que habíamos consultado. Al pedirle que me dijera algo más, no sólo repitió la misma sentencia, sino que agregó: "Esta noche". No creo en el espiritismo, pero las ideas y hasta las alusiones a la muerte me impresionan profundamente." Una noche de espanto (1884)

Sin embargo, el ejercicio de la mente abarca tanto lo racional como lo espiritual. Acuario no deja nunca de hacerse preguntas de naturaleza moral, y no acaba de resignarse a los juegos de palabras del creador-géminis, ni al cinismo (a veces fingido) del creador-libra, porque para Acuario la verdad es una cosa seria. En esto se encuentra espiritualmente unido a Sagitario -Swift, Flaubert, Eça de Queiroz, Emily Dickinson, Mark Twain, William Blake, Rilke, Beethoven-, y es habitual que exista empatía entre creadores contemporáneos de estos signos, a pesar de lo complejo de sus caracteres.

El motivo último por el que un obstinado Acuario puede pasar décadas estudiando, investigando o escribiendo novelas, es siempre exponer el funcionamiento de un sistema complejo de causas y efectos, cuyo significado sea universalmente inteligible y cuyas consecuencias pudieren verificarse. La verdad de un caso policiaco,  la verdad de la psicología humana, la verdad de la naturaleza, la verdad del misterio.

"Corre, corre en su busca, llega al sitio en que la ha visto desaparecer; pero al llegar se detiene, fija los espantados ojos en el suelo, permanece un rato inmóvil; un ligero temblor nervioso agita sus miembros, un temblor que va creciendo, que va creciendo y ofrece los síntomas de una verdadera convulsión, y prorrumpe al fin una carcajada, una carcajada sonora, estridente, horrible. Aquella cosa blanca, ligera, flotante, había vuelto a brillar ante sus ojos, pero había brillado a sus pies un instante, no más que un instante. Era un rayo de luna, un rayo de luna que penetraba a intervalos por entre la verde bóveda de los árboles cuando el viento movía sus ramas." El rayo de luna (1862)

Por eso Acuario no se interesa por las anécdotas o las particularidades, sino es para buscar leyes generales que describan las estructuras. Esto le da ventaja en todo lo que suponga unir técnica y creatividad. En la creación es sorprendentemente habilidoso para encontrar una fórmula que le sirva, con una estructura más o menos compleja, y repetirla o profundizar en ella hasta agotar todas sus posibilidades de expresión.

Acuario trabaja investigando una realidad constituida por el legado de la tradición y la cultura, para comprenderla y organizarla, pero con el ánimo de ir más allá (ésta es, como expliqué más arriba, su prueba kármica), lo que le lleva a intuir las formas o los temas del futuro. En literatura, los acuario con talento llegan a ser pioneros de un estilo o de unos temas que han de sacudir su entorno y dejar una huella indeleble. Animo al lector interesado (que será tan raro como yo), a volver a la lista de autores acuario expuesta más arriba y podrá comprobar que todos ellos han influido claramente en autores posteriores, a veces varias generaciones después de haber muerto.

"¡Su hogar! Miró a su alrededor, repasando todos los objetos familiares que durante tantos años había limpiado de polvo una vez por semana, mientras se preguntaba de dónde provendría tanto polvo. Tal vez no volvería a ver todos aquellos objetos familiares, de los cuales jamás hubiera supuesto verse separada. Y sin embargo, en todos aquellos años, nunca había averiguado el nombre del sacerdote cuya foto amarillenta colgaba de la pared, sobre el viejo armonio roto, y junto al grabado en colores de las promesas hechas a la beata Margaret Mary Alacoque. El sacerdote había sido compañero de colegio de su padre. Cada vez que éste mostraba la fotografía a su visitante, agregaba de paso: -En la actualidad está en Melbourne." Eveline, de Dublineses (1914)

Esa otra vida que el creador-acuario lleva en la verdad y el futuro que su imaginación construye lo abstrae poderosamente, y es la fuente de sus habituales manías, su hipocondria y del perfeccionismo que muchas veces le impide delegar responsabilidades y medir sus fuerzas ante la magnitud del trabajo que se impone.

El creador-acuario padece ansiedad crónica, tiene la sensación de ir siempre corriendo, lo que es reflejo de un verdadero movimiento espiritual en busca de esa fe que promete Piscis (el siguiente en la rueda zodiacal) y a la que la herencia saturnal de Capricornio le impide confiarse del todo.

Si no consigue canalizar de algún modo la constante actividad mental, la obsesión por transformar en ideas su impresión de las cosas bellas y ese afán de luchar contra lo que es, en favor de lo que debería ser, padece enfermedades somáticas que pueden llegar a ser graves. Esta debilidad, si puede llamarse así, lo pone en situación de comprender muy bien la enfermedad mental, la obsesión, de intuir con certeza lo insondable de la estupidez y la maldad humanas; aunque le repugnen no las juzga, lo que le permite narrarlas mejor que nadie salvo, tal vez, Escorpio -Sor Juana Inés de la Cruz, Stevenson, Dostoievski, Camus, Fuentes, Scorsesse-.

"Inconscientemente, mientras gesticulaba, tocó la mano de la señora de Rênal, que ésta había apoyado sobre el respaldo de una de esas sillas de mimbre que suelen tenerse en los jardines. La mano se retiró con brusca celeridad, pero Julián pensó entonces que era deber ineludible suyo conseguir que aquella mano no se retirase cuando sintiera el contacto de la suya. La idea de que tenía un deber que cumplir, y de que correría el ridículo más espantoso si no lo cumplía, desterró al punto hasta la sombra de placer de su corazón." Rojo y negro (1830)

Sobre todos los dones del escritor-acuario reina el de conseguir que el mundo que habita sólo en su imaginación parezca más verdadero que la realidad, porque es capaz de captar la estructura de las ideas, la forma en que las personas creemos ver las cosas, de modo que, aunque no conozca una realidad, sabe contar cómo la vería el lector si pudiera.

Algunos especímenes avanzados de este signo, como el llamado Lewis Carroll, fueron capaces de imaginar ese país maravilloso y, por qué negarlo, también algo oscuro (siempre hay secretos en la vida y la obra de un creador de signo fijo), remando en un bote bajo los oblicuos rayos del sol poniente, entre el zumbido de los insectos acuáticos, ante los ojos exigentes y asombrados de las hermanas Lidell, y de hacerlo realidad según lo iba narrando.

A estas alturas no se si es necesario advertirlo pero me gustaría desalentar cualquier interpretación irónica de esta entrada. Creo estar incapacitada para las bromas ingeniosas, sobre todo si son tan largas.


La escurridiza verdad

A altas horas de la madrugada del 16 de septiembre de 1987, una pareja de Brownsville, Texas, estaba viendo la televisión. Bill Murray, de 43 años, empezó a quejarse de dolor de espalda y le dijo a su mujer, Susie, que se iba a dormir. Una media hora después, ella apagó la televisión y también decidió retirarse. Al poco rato, la vida de los Murray cambiaría para siempre.

Bill Murray, dueño de un concesionario de coches usados con muchas deudas y tendencias suicidas, supuestamente se pegó un tiro aquella noche en la cama, junto a su mujer. Posteriormente, las pruebas forenses relativas a la posición del cadáver y la ausencia de restos de pólvora en sus manos, sugirieron que no podía ser un suicidio. Su mujer fue acusada, juzgada, y considerada culpable, por lo que pasó en prisión 8 años. En este tiempo se revisaron las pruebas y se reabrió el caso, al final se la declaró inocente.

Este es el resumen de uno de los casos reales narrados en la conocida serie Forensic Files, traducida al español como Crímenes imperfectos, que podéis encontrar casi íntegra en YouTube. La recomiendo. Prefiero estos casos reales, simples en cuanto a su contenido (simples; no fáciles…), que los complicados artificios de ficción tipo C.S.I, porque su impacto radica en el hondo reflejo de la naturaleza humana que proporcionan, y no en lo enrevesado de la peripecia forense. El caso de Bill Murray se narra en el capítulo 4 de una serie de más de 100. Al respecto del tema que voy a tratar, recomiendo también el visionado del capítulo 28, sobre la violación y asesinato de la funcionaria de prisiones Donna Payant.

Cuando una historia se narra, ya sea un cuento, un cotilleo, o un crimen real; ante un público ocioso, un amigo o un jurado, ésta se convierte automáticamente en ficción, y la ficción no funciona con las mismas reglas que la realidad. Verosimilitud no es lo mismo que verdad. Esta mezcla de narrativa y objetivismo es lo que puede contaminar una hipótesis basada en testimonios y evidencias, pues una de las más antiguas y radicales contradicciones del ser humano, es que somos al mismo tiempo seres hambrientos de verdad y mentira.

La literatura fantástica y la deductiva tienen algo en común: se sustentan sobre esta contradicción. En el caso del género fantástico los combatientes de esta lucha que se libra dentro del individuo son el Bien y el Mal, en el caso del género de misterio, son la verdad y la mentira. La analogía es simple: Dios-el Bien-la verdad, se manifiestan a través de la claridad de pensamiento y la lógica, el deseo de justicia, la contención, la deducción. El demonio-El Mal-la mentira, son la fuerza bruta, la pasión destructiva, la falacia, el salto lógico, el intento de ocultación, de que las cosas parezcan ser lo que no son.

Quien no conoce la verdad no puede ser libre. Desde el punto de vista de nuestra cultura cristiana, es deseo de Dios que el hombre tenga libre albedrío, por eso, la forma en que el demonio tienta al hombre es mostrándole sólo lo bueno de su influencia, y no las consecuencias nefastas del Mal, así lo esclaviza. El demonio es también el azar, el Mal que llega sin aviso porque no puede ser advertido (o resulta muy complicado hacerlo) en una secuencia de eventos, de modo que el investigador capaz de encontrar patrones en los actos malvados y predecirlos o, al menos, solucionar el enigma de su motivación e identidad, se convierte en el héroe. Mientras tanto, el lugar del demonio lo ocupan las drogas, el poder corrompido, la angustia existencial, la violencia, el psicópata.

Necesitamos las historias para reconstruir la realidad por fuera de ella y así, poder entenderla. La lectura compulsiva de novelas en las que el crimen se resuelve satisface nuestro hambre de verdad y justicia, pero también tenemos la necesidad de comprender, de observar y experimentar en la ficción, qué ocurre cuando la verdad no logra abrirse paso. Uno de los clásicos de la literatura fantástica que trata de ello es En el bosque, de Akutagawa, llevado al cine por Kurosawa con el título de Rashomon. Lo que subyace en la narración de los tres personajes es la imposibilidad de averiguar la verdad, más cuando cada uno de ellos se acusa, en lugar de intentar exculparse como sería de esperar.

La narrativa moderna aporta unas cuantas historias a este raro subgénero, por llamarlo de algún modo. Hoy quiero hablar de dos muestras excepcionales: una es una película titulada Memories of Murder (2003), dirigida por el coreano Bong Joon Ho, la otra es un documental: Capturing the Friedmans (2003), creado por Andrew Jarecki. En ellas, la verdad es una pequeña criatura encerrada en la caja de Pandora, y para poder escuchar su voz lastimera hay que dejar escapar antes todos los monstruos.

*

Memories of Murder (Salinui Chueok), cuenta la historia del primer asesino en serie de la historia de Corea del sur; un individuo que escogía mujeres que andaban solas por los caminos en noches de lluvia, mejor si llevaban puesto algo rojo, las ataba con su propia ropa interior, les cubría la cabeza con sus bragas, las violaba, introducía en su vagina algún objeto que llevasen consigo y las mataba, no se sabe muy bien en qué orden. Tal cosa ocurrió en 1986, en plena dictadura militar, cuando  los grandes recursos de la policía no se empleaban para resolver crímenes, y menos en una zona rural como fue el caso, y cuando la exactitud y la fiabilidad de las pruebas forenses no eran ni mucho menos las actuales.

Quien disfrute las historias en que el principal interés es la investigación policial (la de verdad), debe ver esta película al menos una vez. La solidez de la estructura narrativa permite que no sea necesario impostar la velocidad ni el impacto, sino que estos se efectúen de forma natural en el espectador. A quien esté harto de ver como el cine se recrea en fotografía de videoclip, efectos especiales apabullantes y sustos tipo ¡Buh!, para intentar ocultar sin éxito un guión tramposo y vacío, va a disfrutar mucho viendo como sí se puede volver a contar la misma historia de crímenes e incluso, si se hace bien, dejarnos otra vez dolidos y asombrados.

El truco es, como siempre, la suma de unos personajes equilibrados entre el arquetipo y la profundidad, y un guión preciso. Existe un protagonista y un antagonista, que pueden ser múltiples, con objetivos opuestos. El protagonista se pone en camino hacia su objetivo, alternativamente se equivoca y acierta; cada nuevo error le cuesta más y es más grave, cada nuevo acierto está más cerca de la verdad. Al final puede tener éxito o fracasar, o bien lograr su objetivo pero a un precio demasiado alto.

El protagonista es un detective rural acostumbrado a una lenta rutina, confiado en la infalibilidad de su instinto y hasta en la magia, que tiene como compañero fiel a un matón, dispuesto a sacarle a un sospechoso lo que sea menester, a base de botas con punta de acero. Cuando el caso se pone feo llega un detective de Seúl para ayudarles, que no comparte sus métodos y desprecia la falta de inteligencia con que se ha llevado el caso. Los tres forman ese triángulo platónico: el hombre que piensa, el que siente, y el que actúa. Cada uno de ellos proporciona al espectador cerebro, corazón y puños.

Así, la historia satisface no sólo nuestra necesidad de saber quién es el asesino y si por fin van a pillarlo, sino cómo se resuelve el conflicto entre estos tres sistemas, estos tres puntos de vista sobre el mundo, que a menudo cohabitan en cada individuo real. El espectador conoce el conflicto, porque lo ha sentido dentro de sí. Una película buena, un buen libro, no sólo cuentan cosas que pasan por fuera (lo que constituye la trama), además permite que los personajes aíslen elementos psicológicos en conflicto, y así poder imaginar, y aún ver (este es el gran poder del cine) cómo actúan fuera de nosotros.

Uno de los motivos que hace indiscutible el guión de Memories of Murder es el final. Conste que no voy a decir nada que no se sepa en los primeros minutos de película. Es difícil cerrar con elegancia una historia que cuenta la lucha entre verdad y mentira, sin poder ofrecer su resolución. Pero esta es también una historia sobre el fracaso. La pérdida de cada uno de los policías, lo que han sacrificado para enfrentarse al mal, a la mentira, tiene que ver con la función que los caracteriza.

En el caso del protagonista, su derrota es emocional, y es la emoción el motor de la acción humana, por eso el anticuado, el instintivo, el hombre de corazón es el que queda más destruido, y por eso es el protagonista de esta historia. Para compararlo con un personaje clásico, la razón por la que el detective Park Du Man es el protagonista, es la misma por la cual la acción de El hombre que mató a Liberty Valance gira en torno a John Wayne y no a James Stewart. En una historia en que la verdad no llega a saberse nunca o, aunque los personajes y con ellos el espectador, estén convencidos de cuál es, jamás podrán demostrarlo, el personaje grande es el gran perdedor.

Nunca me he encontrado con un detective fracasado cuya pérdida sienta con tanta realidad, que pueda escuchar como él los latidos de la ignorada verdad en el aire y sentir el deseo de emprender de nuevo una lucha en la que volvería a perder, y todo en los últimos segundos de una simple película policiaca.

*

Capturing the Friedmans narra también la historia de un criminal, lo que no está tan claro es si hay algún crimen.

A finales de los ochenta del siglo XX, el chalet de Arnold Friedman es registrado, después de haberse interceptado una revista de pornografía infantil procedente de Holanda que envió por correo a un amigo. En su despacho se encuentra gran cantidad de material de la misma naturaleza y es arrestado. Cuando lo descubre su comunidad de vecinos de clase media-alta, que hasta entonces había mostrado admiración y respeto por los Friedman y había confiado a Arnold y a su hijo menor, Jesse, la instrucción informática de sus hijos en el sótano de su casa, empiezan a brotar como setas las acusaciones de violación. Se llegaron a superar los 200 cargos.

Al tratarse de un documental, el autor no se ha dedicado a desenredar la verdad y la mentira para después enredarlas de nuevo según un patrón narrativo. Mentira y verdad se presentan al natural, en madeja. El director sólo decide en qué orden y cómo se muestran los pedazos de realidad, y el espectador sólo puede aspirar a encontrar los cabos y tirar de ellos, sin llegar nunca al corazón del asunto, sin poder llegar a ordenarlo. En este proceso especula, y es la especulación la gran protagonista de la historia.

No sólo especulación en el sentido detectivesco, sino en su más radical significado etimológico. Los testimonios producen un juego de espejos en que cada uno de los implicados refleja a otros. Cuando creemos conocer a un personaje, cuando estamos rozando su verdad, otro testimonio nos da una nueva perspectiva que no conocíamos y toda nuestra teoría se viene abajo. En Capturing the Friedmans, el espectador descubre, poco a poco, que el policía burlado es él.

Hay momentos cumbre de esta experiencia, como la declaración del hermano mayor culpando a su madre, el relato de uno de los chicos supuestamente violados que recordó los abusos con hipnosis, y los momentos en que toda la familia está reunida preparándose para el juicio, y apenas consiguen ponerse de acuerdo entre reproches, llanto y gritos.

No hay nada seguro salvo que todos mienten, pero tal vez no lo saben, o sí. Aquello a lo que el espectador asiste  no es tanto la historia de olímpica depravación que los padres de algunos niños y los tenaces agentes de policía quieren contarnos; es sobre todo cómo, en una familia que ha crecido entre mentiras (no sabemos cuáles, pero podemos olerlas, sentirlas todo el tiempo alrededor en esos inolvidables vídeos domésticos), la verdad ha irrumpido como un apocalipsis, pero no toda la verdad, quizás, sólo una cierta verdad, o un fragmento de la verdad completa.

Quien se atreva a enfrentarse a esta historia, observará seguramente la extraña calma, la morbosa pasividad con que el presunto violador de niños acepta su destino, mientras a su alrededor, los miembros de la familia que él ha creado y sostenido durante años se destruyen mutuamente. Parece que Arnold Friedman guardaba un secreto, pero no aquel del que le acusan, y para poder soportar su situación decide aceptar un castigo que considera injusto, a cambio del castigo justo que nunca recibirá.

Creo que necesitamos pensar que, cuando la verdad no puede salir a la luz con su forma, puede hacerlo disfrazada; que la justicia que no se efectúa por los cauces habituales llegará de otro modo, inadvertida e implacable. El protagonista de este Crimen y castigo a la americana, no era, seguramente, insensible a esta superstición, y creo que Andrew Jarecki decide contárnoslo. Al final, el misterio de Mr. Friedman no queda resuelto, pero sí se logra la triunfal mutación de un hombre en personaje.


El trono de la Antártida (I)

Creo que nunca he tocado aquí mi otro gran interés después de la ficción: la conducta humana. De todo el mundo de la psicología a la que dediqué cinco años, sólo por el gusto de estudiarla porque apenas he ejercido, me apasionó el diagnóstico clínico, el aprendizaje y sobre todo la neurociencia. Como nunca terminé de especializarme, lo que de la carrera ha quedado en mi memoria es más bien una forma de ver las cosas y una serie de conocimientos específicos.

El asombroso caso de Phineas Cage (1823-1860)

Muchos proceden de casos famosos, clásicos de la psicología, como el de Phineas Cage, el paciente amnésico HM, el niño salvaje en que Truffaut se inspiró para rodar una estupenda película; otros de reflexiones propias inspiradas en la ficción, y de esta forma puedo conjugar las dos pasiones de mi inteligencia. No son el tipo de anécdotas con que puedes matar el rato en el descanso del trabajo o la cola del INEM, pero si pueden justificar, tal vez, alguna entrada de este blog. Mi primera tentativa puede pecar de vaga, y siempre de haberse retrasado mucho. No pondré excusas; a quien este blog le deje frío no las necesitará, y quien lo disfrute sabrá perdonarme.

John Forbes Nash Jr. nació en el estado americano de Virginia Occidental, el 13 de junio de 1928. Un libro de Sylvia Nasar y una película de Ron Howard cuentan una parte de la historia de este creador, que desde niño mostró altas capacidades para las matemáticas y cierta tendencia llamada esquizotipia. Ésta consiste en escasa respuesta emocional, dificultades para la relación con otros, lenguaje incomprensible o inadaptado (por ejemplo, pensar en voz alta mientras se camina por la calle), pensamiento obsesivo… En los demás producen una impresión general de rareza y se les percibe como tímidos o egocéntricos.

Apenas con veintiún años, John Nash elaboró una hipótesis matemática inscrita en la teoría de juegos, basada en un “punto de equilibrio”. En ella se describía la posibilidad de un juego cerrado en que ninguno de los participantes perdiera, valorando cada uno racionalmente cuáles eran la opciones óptimas de los demás, y ajustando su objetivo en función de éstas. En un momento del siglo XX en que el mundo estaba dividido en bloques incompatibles y en que el capitalismo se percibía, erróneamente, como un juego de suma 0, Nash enfocó al individuo y sus decisiones como clave para la comprensión de la conducta competitiva, desplazando al grupo, que tenía más importancia en indagaciones de otros grandes matemáticos como Von Neumann.

John Nash en los años cincuenta

A pesar de haber investigado muchos otros temas, fue éste primer trabajo universitario de treinta páginas y sus consecuencias imprevistas en el mundo empresarial, lo que le dio a Nash el Premio Nobel de Economía en 1994. Esta revelación de su vida científica conjuró el interés por su atribulada vida personal. En 1998, Sylvia Nasar publicó una biografía del matemático A Beautiful Mind, que ganó el National Book Critics´Circle Award y quedó finalista del Pulitzer en la categoría biográfica.

Si John Nash hubiera tenido la intención explícita de describir el comportamiento de la economía desde un punto de vista liberal, es seguro que nunca hubiera recibido el Nobel, galardón que en los noventa ya era poco, pero todavía algo; sin embargo su particular postura egocéntrica, su aislamiento de cualquier ideología y hasta de la realidad, y el hecho de que el “punto de equilibrio” estuviera descrito en términos matemáticos sin extraerse ninguna conclusión sobre la acción humana, permitió que se ejecutara una operación de inadvertida justicia. Como intentaré mostrar a continuación, la verdadera maravilla en la mente de John Nash estaba antes y más allá de su locura y su genio.

Russell Crowe como John Nash

A beautiful mind (Una mente maravillosa), se estrenó en España en una fecha curiosa: 22/02/2002, y en general gustó. Ron Howard es uno de esos directores que consiguen gran eficiencia llevando a su terreno aquello que ruedan; es un estupendo director de aventuras maravillosas, como Dentro del laberinto y Willow, así que cuando rueda Apollo 13 extrae la fábula sobre el fracaso que contiene y cuando dirige Cinderella man lo transforma en un cuento sobre la honradez y el progreso.

El director tiene intuiciones certeras acerca de lo que al gran público puede interesarle de esta historia, y lo pinta a brochazos: la peculiaridad del personaje, la dificultad y el acierto de su primer trabajo, el sacrificio de su mujer, el misterio de su propia mente y el método que emplea para resolverlo. Al respecto, Nash ha declarado muchas veces que, después de treinta años de tratamientos inútiles, se curó porque llegó un momento en que decidió ignorar sus visiones y sus delirios. Así de simple. Para hacer más dramática esta curación, el director convierte el acto de voluntad del protagonista en una investigación sobre los productos de su cerebro en que aplica una sencilla función lógica: el sentido común.

Pero la cara oculta del matemático tenía muchas formas. La locura fue sólo una de ellas. Antes ya había dado muestras de extravagancia, obcecación e incluso deshonestidad. Tuvo un hijo al que no quiso conocer ni reconocer, fruto de una relación clandestina con una enfermera mayor que él a la que abandonó. En 1957 se casó con una alumna del MIT, Alicia Lardé, mujer inteligente y con un porvenir brillante, pero Nash sólo quería una mujer bonita y enamorada, buena anfitriona de sus colegas científicos, y que le ayudase en el que consideraba el único objetivo del matrimonio: “producir hijos”. Alicia cedió y dejó su profesión para traer al mundo al primogénito reconocido de Nash, que llegaría a desarrollar esquizofrenia, como su hermano mayor desconocido.

Jennifer Connelly como Alicia Lardé

Jennifer Connelly como Alicia Lardé

La esquizofrenia es la más grave de las enfermedades mentales, porque la actividad racional del enfermo se disocia de la realidad y opera en base a leyes privadas a las que los demás no tienen acceso, lo que imposibilita la comunicación real con ellos. El individuo esquizofrénico queda bloqueado dentro de su locura, y si además resulta ser poco declarativo, lo que ocurre a menudo, ésta puede pasar desapercibida durante años en que sus delirios son tomados como rarezas o bromas. Esto le ocurrió a John Nash cuando un buen día de 1958 apareció en su despacho del MIT con una revista LIFE, diciendo que en su portada había un mensaje en clave que le enviaban los extraterrestres.

Más o menos por aquella época asistió a una fiesta de disfraces vestido sólo con un pañal, y pasó la velada en el regazo de su mujer chupándose el dedo. Alicia entró una mañana en su despacho y encontró la pared llena de puntos equidistantes hechos con un rotulador durante horas de absurda concentración. Nash rechazó una cátedra alegando que se sentía muy honrado por el ofrecimiento pero que no podía aceptar, ya que iba a ser coronado emperador de la Antártida. Pertinaces hombres de corbata roja lo perseguían y espiaban, seres desconocidos dialogaban sobre él a sus espaldas, pero a sus espaldas no había nadie. Viajó a Europa y recorrió las embajadas pidiendo asilo político. Desde allí envió a su hijo de diez años una serie de postales en las que escribía ininteligibles esquemas con lápices de colores.

Los Nash recién casados

Si aquella mente era maravillosa, puede decirse que Alicia, que se había casado con la perfecta mezcla entre caballero sureño y genio loco, se encontró de pronto en un espeluznante País de las Maravillas. Hay una frase en el guión de Interiores de Woody Allen que siempre me ha parecido muy precisa: “En el interior de una mente enferma existe también, de algún modo, un espíritu enfermo”. John Nash no era violento, pero actuó con mezquindad y bajeza porque abandonó el control de su mente en manos de la enfermedad: su maldad se conecta con su disfunción neurológica y adquiere, de este modo, un sustrato biológico. Esto es emocionante porque supone una prueba de la indisolubilidad entre  alma y cuerpo o, por decirlo en términos más modernos, conecta lo orgánico, lo racional y lo moral.

Nash creía que si dejaba de estar loco dejaría de ser un genio, y apoyaba su sospecha el hecho de que los medicamentos que dominaban su psicosis bloquearan también su capacidad de trabajo. Hay que tener en cuenta que tales fármacos en los años 60 eran poco discriminativos, es decir, no afectaban sólo a las funciones que pretendían controlar, sino a toda la conducta. Además, la etiología de la esquizofrenia no estaba clara, aún no lo está, por lo que Nash recibió un tratamiento incorrecto y agotador que consistía en inducirle regularmente un coma diabético.

Nash en los años noventa. Universidad de Princeton

Sin embargo, cuando este hombre se hizo grande no fue cuando abandonó el tratamiento y se arrojó a su abismo, dejando a quienes le querían y un trabajo que consideraba mediocre para ocupar el trono de Antártida, sino cuando decidió, en medio de la locura, que quería abandonarla, cuando encontró el modo de desprestigiar el poder de la esquizofrenia dentro de su cerebro. Esto es insólito y tan genial como cualquier obra de arte. John Nash empleó su voluntad y su inteligencia para reconquistar la soberanía de su mente: su libertad. Ese, a mi juicio, fue el mayor reconocimiento, el que él mismo se otorgó.

Fin de la primera parte.


El trono de la Antártida (II)

Todo lo anterior da pie a un interesante debate sobre la racionalidad dentro de la locura, y apoya una hipótesis que siempre ha bullido en mi cabeza cuando me aproximo a un caso, el que sea, de trastorno mental, así como cuando me planteo la legitimidad del Mens Rea. ¿No hay, en el fondo, una voluntad que cede a la locura en lugar de combatirla?

Caprichos. 43

Si no fuese así, por qué algunos depresivos acaban suicidándose, o se pasan la vida enfermos, mientras que otros, con síntomas igualmente agudos, se sobreponen. Por qué los ataques esquizoides provocan abandono de la medicación en algunos individuos y en otros no. Por qué hay quien supera el alcoholismo o la drogadicción, o se mantiene en niveles compatibles con la vida y la convivencia, y hay quien se consume hasta la maldad o la muerte.

Creo que la respuesta es que el ser humano nunca es irracional. Nuestros actos responden a un incentivo que motiva la conducta, aumentan debido a refuerzos internos (placer, orgullo…) o externos (dinero, atención…) y disminuyen en la medida en que la ausencia de refuerzo o el castigo sea contingente con la conducta. Ahora bien, incentivos y refuerzos son distintos para cada individuo, por eso la conducta humana es universalmente semejante en su estructura, pero impredecible en términos de contenido. Si padecemos un trastorno mental, puede ocurrir que nuestra escala de valores y refuerzos se desplace a lo excéntrico en el sentido moral o estadístico, pero sigue siendo una escala en base a la que actuamos.

No está en mi ánimo hacer un trabajo de análisis en un caso que no conozco de cerca, así que pondré de ejemplo al John Nash personaje  y no al John Nash real. Recordemos a Russel Crowe paseándose por la universidad, cercano sólo a unos pocos compañeros, hablando con el espectro Paul Bettany y soñando con la gloria científica. Es casi imposible acceder al mundo interior de un esquizofrénico, pero sus manías y delirios pueden darnos una pista acerca de lo que le motiva.

Nash-Crowe quiere destacar en lo que se le da bien, pero no le basta con un reconocimiento moderado, que ya tiene. Quiere ser el mejor, hacer un descubrimiento importante para la humanidad, destacar. Esta es su ambición, el incentivo. Para ser reconocido es imprescindible la relación con otros seres humanos que le reconozcan y halaguen, por tanto la evitación que Nash-Crowe hace del contacto humano no es fruto de un deseo de soledad, sino de una incapacidad o dificultad para la relación: todo estímulo negativo en este sentido, ser ignorado o criticado, es un castigo (lo es, en mayor o menor medida, para todas las personas).

Bien, una vez definidos incentivo o motor de la conducta, refuerzos y castigos, veamos qué sucede. Nash-Crowe no sabe pedir el cariño y el respeto de los que le rodean, pero tiene una serie de manías y excentricidades que sabe muy bien que captan su atención. El resultado es que sus compañeros le ignoran (le castigan) cuando es normal, y le refuerzan cuando es raro, en consecuencia, las rarezas van en aumento. Por otra parte, a la necesidad de destacar intelectualmente, se une la ansiedad por ser, en base a una idea patriarcal de la familia, el hombre de la casa, quien debe mantener el hogar con su esfuerzo (en este caso mental), y sin ayuda. Alrededor de los treinta años se empiezan a esperar resultados en la realización personal, y a menudo hay también seres queridos a los que satisfacer. Esto aumenta el estrés, y ésta es la edad habitual en que se desencadenan trastornos de la conducta que han permanecido latentes.

Como el reconocimiento no llega, Nash-Crowe se lo inventa: los extraterrestres le mandan criptogramas, el gobierno requiere su ayuda para luchar contra los comunistas, le persiguen porque es una pieza clave en el espionaje internacional. Sustituye el refuerzo exterior, que es escaso y exige tensiones y frustración, por el colorido e intenso placer que le proporciona su mundo interior, en que él es el único y atribulado protagonista. En realidad, la mente de Nash-Crowe no hace otra cosa que jugar a los espías por su cuenta. ¿Es irracional? Todo lo contrario. Su razón ha emprendido un combate contra una realidad práctica que no atiende sus expectativas.

En este sentido, Sylvia Nasar comete un error fundamental en la interpretación que hace de la conducta del verdadero John Nash. Dice algo así como que, al contrario que sus compañeros y maestros matemáticos, él empleaba la intuición, mucho más que una metodología estricta, para obtener conclusiones. Para la autora, esto sintoniza con su comportamiento irracional y también con su egoísmo, con su necesidad de separarse de los demás.

Lo que Nasar llama “intuición” y que declara ser “irracional”, es en realidad el producto de muchas horas de trabajo racional en una misma dirección. Gran cantidad de recursos mentales se han puesto a operar sobre una serie de percepciones, datos, hipótesis o estudios. Muchas veces se han adquirido de modo informal o consisten en inadvertidos procesos de inducción y deducción, basados en la experiencia, que no pueden expresarse verbalmente, porque no se recuerdan o porque son de naturaleza abstracta. Entonces, cuando llega la idea intuitiva parece insuflada por una fuerza misteriosa y exterior. Así, se prevé un resultado que no está presente, pero que se deriva de todo lo anterior. La intuición es parte de toda labor creativa compleja, científica, artística o empresarial, que supone prefigurar lo que no existe a partir de lo que se conoce. Sólo el cerebro humano con su actividad racional puede crear.

Llanto por Ícaro. Herbert James Draper

El sueño de la razón produce monstruos, dice el famoso grabado de Goya. Y así es. Los monstruos de la locura también proceden de la Diosa Razón, cuando se evade de la realidad práctica y deja de colaborar con ella, cuando olvida los límites e intenta sobrevolar el abismo de la realidad sin otra ayuda que sus propias fuerzas. El ser humano es racional, pero su razón no es suficiente. Nash-Crowe aprende, al final del cuento, que necesita poner orden en su mente, ejercer su libertad y respetar la de los otros, para poder sobrevivir y alcanzar su sueño. Pocas veces se puede asistir a la realidad de este descubrimiento con tanta satisfacción como en una película de Ron Howard.