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Escritores acuario. En el país de las maravillas

Un individuo descrito a través de la estructura simbólica que contiene su signo del zodiaco es un arquetipo, es decir, un número limitado de atributos pertenecientes a diversas categorías lo definen de forma no exhaustiva, pero universal. El resultado coincide con el esquema de un personaje de ficción.

Por ejemplo, una descripción posible del Sherlock Holmes de Doyle sería la siguiente:

Un individuo inteligente, con grandes dotes analíticas, en especial para la deducción. Observador, meticuloso, maniático, solitario. Su temperamento es intenso, pero raramente expresa sus emociones; es honrado y fiel a sus principios, pero con cierto desapego sarcástico derivado de su visión distante y racional. Su innata curiosidad lo inclina a la investigación, y el gusto por ejercitarla le pone a veces en lugares o situaciones extrañas, lo que no debe confundirse con un espíritu aventurero, pues no busca la peripecia en sí, sino el placer intelectual de satisfacer su curiosidad, que a menudo indaga sobre la naturaleza humana. Disfruta con el hecho de ser diferente.

Sherlock (2010). BBC. Una de las últimas recreaciones de las aventuras del detective, excelente, en la que un Holmes del siglo XXI es interpretado por Benedict Cumberbatch, y Watson es un soldado recién llegado de Afganistán con una cojera que su nuevo compañero de piso describe como "somática". El actor es Martin Freeman, el Tim de The Office (2001), la versión británica, primigenia y sublime

Bien, pues la astrología (la de verdad), definiría un individuo de determinado signo con un discurso semejante. La descripción anotada en el párrafo anterior es la de un acuario típico, y Sherlock Holmes es un personaje acuario en mi opinión y en la de muchos astrólogos a los que me gusta leer. Conan Doyle lo hizo nacer erróneamente el 6 de enero, fecha correspondiente a un personaje capricornio. Considero la astrología una forma de ficción o, si así suena más respetable, de literatura.

Esta es la primera entrada de una serie en que algunos escritores queridos van a ser clasificados en base a un atributo inusual: la constelación del zodiaco que rigió su nacimiento. Hoy hablaré de lo que E.T.A Hoffmann, Lord Byron, Sthendal, August Strindberg, Charles Dickens, Lewis Carroll, G. A. Bécquer, Anton Chejov, Nikolai Semionovich Leskov, Jules Verne, James Joyce, Edith Warthon, Virginia Woolf, Paul Auster, Hening Mankell, John Ford, François Truffaut, Charles Darwin o Mozart, todos ellos acuario, tuvieron en común como creadores (y como personajes, creados por sus lectores al investigar e imaginar sus vidas).

El proyecto de agrupar autores nacidos entre el 20 de enero y el 19 de febrero me resulta divertido, y no más inútil o arbitrario que hacerlo con los que fueron españoles, románticos, homosexuales o mujeres.

Acuario es el undécimo de los doce signos de zodiaco, casi al final de la rueda kármica, donde ha superado la prueba de la experiencia (Capricornio), y se enfrenta a la revelación de la fe (Piscis); así, el destino del autor-personaje acuario es ir más allá de las figuras de autoridad y de las verdades relativas transmitidas por los padres y la tradición, en busca de una sabiduría más amplia y de una verdad superior.

"Nadie podría imaginar algo tan extraño y maravilloso como lo que le sucedió a mi pobre amigo, el joven estudiante Nathaniel, y que voy a referirte, lector. ¿Acaso no has sentido alguna vez tu interior lleno de extraños pensamientos? ¿Quién no ha sentido latir su sangre en las venas y un rojo ardiente en las mejillas? Las miradas parecen buscar entonces imágenes fantásticas e invisibles en el espacio y las palabras se exhalan entrecortadas. En vano los amigos te rodean y te preguntan qué te sucede. Y tú querrías pintar con sus brillantes colores, sus sombras y sus luces destellantes, las vaporosas figuras que percibes, y te esfuerzas inútilmente en encontrar palabras para expresar tu pensamiento." El hombre de la arena (1818)

En este sentido, la acción kármica en la vida emocional del creador-personaje acuario consiste en desapegarlo de lo seguro y estable, lo que se traduce en una infancia marcada por situaciones de desarraigo. Aunque la realidad no sea dramática, el niño-creador-acuario siempre vivirá con gran intensidad los conflictos en casa, y será muy sensible a todo lo que proceda de la figura paterna.

La orfandad, el abuso o la carga de los padres, las dificultades del matrimonio, los celos, el divorcio, las relaciones eróticas, el abandono de la pareja o de los progenitores, la lucha interna entre una oposición a lo establecido y el deseo de ser reconocido por esa misma estructura que se repudia, ya sea ésta el padre, la clase, el estado o la divinidad; todos estos son temas recurrentes en la obra del creador-acuario.

"Nos habíamos casado con dos hermanas. Este vínculo adicional entre nosotros, tal como lo considerarían algunos, en realidad sirvió sólo para apartarnos más. Su esposa me conocía bien. Nunca, estando ella presente, mostré mis celos o rencores secretos, pero aquella mujer los conocía tan bien como yo. Nunca, en aquellos momentos, levanté mi vista sin encontrar la suya fija en mí; nunca miré al suelo o hacia otra parte sin tener la sensación de que seguía vigilándome. Para mí era un alivio inexpresable cuando disputábamos, y fue un alivio todavía mayor cuando, encontrándome en el extranjero, me enteré de que había muerto. Tengo ahora la sensación de que era como si se hallara suspendida sobre nosotros una extraña y terrible prefiguración de lo que ha sucedido desde entonces. Tenía miedo de ella, me obsesionaba; su mirada fija vuelve ahora hacia mí como el recuerdo de un sueño oscuro, haciendo que se enfríe mi sangre." Confesión encontrada en una prisión de la época de Carlos II (1840)

La solución de este karma trae consigo grandes recompensas, y el creador-personaje-acuario que consigue superar los traumas del matrimonio y la paternidad, ya en su vida privada, ya usando su obra como catársis, llega a ser de una fidelidad perfecta al hogar y a la familia, amante y amado padre y esposo.

Las creadoras acuario tienen una dificultad añadida, pues la feminidad es ya de por sí una carga biológica y espiritual, y son notables los casos en que lo irresoluble de esa prueba kármica en una intensa creadora-personaje-acuario como Woolf o Warthon, acaba devastando su mente y su cuerpo.

"Pero esta ciudad hacia la que viajamos carece de piedra y carece de mármol, pende eternamente, se alza inconmovible, y tampoco hay rostro, y tampoco hay bandera, que reciba o dé la bienvenida. Deja pues que tu esperanza perezca; abandono en el desierto mi alegría; avancemos desnudos. Desnudas están las columnatas, a todos ajenas, sin proyectar sombras, resplandecientes, severas. Y entonces me vuelvo atrás, perdido el interés, deseando tan sólo irme, encontrar la calle, fijarme en los edificios, saludar a la vendedora de manzanas, decir a la doncella que me abre la puerta: Noche estrellada. -Buenas noches, buenas noches. ¿Va en esta dirección? -Lo siento, voy en la otra." Cuarteto de cuerda (1921)

Otras características que definen un signo zodiacal son el elemento que lo rige y su naturaleza o temperamento, que también tienen que ver con el destino de ese signo en el mundo: para qué ha sido dotado. En el caso de Acuario, su elemento es el aire, que comparte con Géminis y Libra, y pertenece con Tauro, Leo y Escorpio al grupo de los llamados signos fijos (organizadores).

El elemento aire lo liga simbólicamente al mundo de las ideas, la razón, la palabra, el norte, la noche, el palo de espadas de la baraja española y a las picas del Póker. Este elemento dota al creador-personaje acuario de capacidad para vivir a través de lo mental y aunque, como todo ser humano, tiene una parte pasional y física, necesita traducir a ideas o valores todo lo que proceda de ella, para poder asimilarlo y expresarlo.

Acuario puede ser sarcástico, ingenioso, encantador; aunque pocas veces le importa convencer a los demás de algo, si se lo propone es el más elocuente de los creadores, pero está incapacitado para la fe. Acuario duda de todo aquello que no puede pensarse, que sólo puede sentirse o creerse y, sin embargo, todo lo que tenga que ver con lo sobrenatural le atrae poderosamente, tal vez por lo mucho que revela acerca de la psicología humana.

"Densa niebla cubría el pueblo, cuando, en la Noche Vieja de 1883, regresaba a casa. Pasando la velada con un amigo, nos entretuvimos en una sesión espiritualista. Las callejuelas que tenía que atravesar estaban negras y había que andar casi a tientas. Entonces vivía en Moscú, en un barrio muy apartado. El camino era largo; los pensamientos confusos; tenía el corazón oprimido... "¡Declina tu existencia!... ¡Arrepiéntete!", había dicho el espíritu de Spinoza, que habíamos consultado. Al pedirle que me dijera algo más, no sólo repitió la misma sentencia, sino que agregó: "Esta noche". No creo en el espiritismo, pero las ideas y hasta las alusiones a la muerte me impresionan profundamente." Una noche de espanto (1884)

Sin embargo, el ejercicio de la mente abarca tanto lo racional como lo espiritual. Acuario no deja nunca de hacerse preguntas de naturaleza moral, y no acaba de resignarse a los juegos de palabras del creador-géminis, ni al cinismo (a veces fingido) del creador-libra, porque para Acuario la verdad es una cosa seria. En esto se encuentra espiritualmente unido a Sagitario -Swift, Flaubert, Eça de Queiroz, Emily Dickinson, Mark Twain, William Blake, Rilke, Beethoven-, y es habitual que exista empatía entre creadores contemporáneos de estos signos, a pesar de lo complejo de sus caracteres.

El motivo último por el que un obstinado Acuario puede pasar décadas estudiando, investigando o escribiendo novelas, es siempre exponer el funcionamiento de un sistema complejo de causas y efectos, cuyo significado sea universalmente inteligible y cuyas consecuencias pudieren verificarse. La verdad de un caso policiaco,  la verdad de la psicología humana, la verdad de la naturaleza, la verdad del misterio.

"Corre, corre en su busca, llega al sitio en que la ha visto desaparecer; pero al llegar se detiene, fija los espantados ojos en el suelo, permanece un rato inmóvil; un ligero temblor nervioso agita sus miembros, un temblor que va creciendo, que va creciendo y ofrece los síntomas de una verdadera convulsión, y prorrumpe al fin una carcajada, una carcajada sonora, estridente, horrible. Aquella cosa blanca, ligera, flotante, había vuelto a brillar ante sus ojos, pero había brillado a sus pies un instante, no más que un instante. Era un rayo de luna, un rayo de luna que penetraba a intervalos por entre la verde bóveda de los árboles cuando el viento movía sus ramas." El rayo de luna (1862)

Por eso Acuario no se interesa por las anécdotas o las particularidades, sino es para buscar leyes generales que describan las estructuras. Esto le da ventaja en todo lo que suponga unir técnica y creatividad. En la creación es sorprendentemente habilidoso para encontrar una fórmula que le sirva, con una estructura más o menos compleja, y repetirla o profundizar en ella hasta agotar todas sus posibilidades de expresión.

Acuario trabaja investigando una realidad constituida por el legado de la tradición y la cultura, para comprenderla y organizarla, pero con el ánimo de ir más allá (ésta es, como expliqué más arriba, su prueba kármica), lo que le lleva a intuir las formas o los temas del futuro. En literatura, los acuario con talento llegan a ser pioneros de un estilo o de unos temas que han de sacudir su entorno y dejar una huella indeleble. Animo al lector interesado (que será tan raro como yo), a volver a la lista de autores acuario expuesta más arriba y podrá comprobar que todos ellos han influido claramente en autores posteriores, a veces varias generaciones después de haber muerto.

"¡Su hogar! Miró a su alrededor, repasando todos los objetos familiares que durante tantos años había limpiado de polvo una vez por semana, mientras se preguntaba de dónde provendría tanto polvo. Tal vez no volvería a ver todos aquellos objetos familiares, de los cuales jamás hubiera supuesto verse separada. Y sin embargo, en todos aquellos años, nunca había averiguado el nombre del sacerdote cuya foto amarillenta colgaba de la pared, sobre el viejo armonio roto, y junto al grabado en colores de las promesas hechas a la beata Margaret Mary Alacoque. El sacerdote había sido compañero de colegio de su padre. Cada vez que éste mostraba la fotografía a su visitante, agregaba de paso: -En la actualidad está en Melbourne." Eveline, de Dublineses (1914)

Esa otra vida que el creador-acuario lleva en la verdad y el futuro que su imaginación construye lo abstrae poderosamente, y es la fuente de sus habituales manías, su hipocondria y del perfeccionismo que muchas veces le impide delegar responsabilidades y medir sus fuerzas ante la magnitud del trabajo que se impone.

El creador-acuario padece ansiedad crónica, tiene la sensación de ir siempre corriendo, lo que es reflejo de un verdadero movimiento espiritual en busca de esa fe que promete Piscis (el siguiente en la rueda zodiacal) y a la que la herencia saturnal de Capricornio le impide confiarse del todo.

Si no consigue canalizar de algún modo la constante actividad mental, la obsesión por transformar en ideas su impresión de las cosas bellas y ese afán de luchar contra lo que es, en favor de lo que debería ser, padece enfermedades somáticas que pueden llegar a ser graves. Esta debilidad, si puede llamarse así, lo pone en situación de comprender muy bien la enfermedad mental, la obsesión, de intuir con certeza lo insondable de la estupidez y la maldad humanas; aunque le repugnen no las juzga, lo que le permite narrarlas mejor que nadie salvo, tal vez, Escorpio -Sor Juana Inés de la Cruz, Stevenson, Dostoievski, Camus, Fuentes, Scorsesse-.

"Inconscientemente, mientras gesticulaba, tocó la mano de la señora de Rênal, que ésta había apoyado sobre el respaldo de una de esas sillas de mimbre que suelen tenerse en los jardines. La mano se retiró con brusca celeridad, pero Julián pensó entonces que era deber ineludible suyo conseguir que aquella mano no se retirase cuando sintiera el contacto de la suya. La idea de que tenía un deber que cumplir, y de que correría el ridículo más espantoso si no lo cumplía, desterró al punto hasta la sombra de placer de su corazón." Rojo y negro (1830)

Sobre todos los dones del escritor-acuario reina el de conseguir que el mundo que habita sólo en su imaginación parezca más verdadero que la realidad, porque es capaz de captar la estructura de las ideas, la forma en que las personas creemos ver las cosas, de modo que, aunque no conozca una realidad, sabe contar cómo la vería el lector si pudiera.

Algunos especímenes avanzados de este signo, como el llamado Lewis Carroll, fueron capaces de imaginar ese país maravilloso y, por qué negarlo, también algo oscuro (siempre hay secretos en la vida y la obra de un creador de signo fijo), remando en un bote bajo los oblicuos rayos del sol poniente, entre el zumbido de los insectos acuáticos, ante los ojos exigentes y asombrados de las hermanas Lidell, y de hacerlo realidad según lo iba narrando.

A estas alturas no se si es necesario advertirlo pero me gustaría desalentar cualquier interpretación irónica de esta entrada. Creo estar incapacitada para las bromas ingeniosas, sobre todo si son tan largas.


El proceso

El pequeño, hiperactivo, enfermo, simpático, frustrado y genial Ernst Theodor Wilhelm Hoffmann, que más tarde se llamó a sí mismo Ernst Theodor Amadeus en honor al pequeño, hiperactivo, enfermo, simpático, pobre y genial Mozart, es un autor amado y contradictorio. Exitoso en su época, banalizado por el naturalismo francés y el nacionalismo alemán, recuperado después como autor juvenil y hasta infantil… recopilado al fin con esfuerzo, como manjar de bibliotecas fantásticas, visionarias, exquisitas.

E.T.W Hoffmann y Ludwig Debrient en la taberna Lutter & Wegener

E.T.W Hoffmann y Ludwig Debrient en la taberna Lutter & Wegener, por Paul Bette

Por otra parte tenemos a Franz Kafka, que no puede ser más que Kafka, y tal cosa siempre es otra cosa. Un enigma humano que forma parte de su propia obra de un modo que sólo puede darse en el siglo XX, cambalache. Su obra es inmortal, cada una de sus piezas es un clásico desde el momento en que fue imaginada, puede transfigurar el pasado y prefigurar el porvenir, y descubrirla es, para cualquier lector del mundo, una revelación inolvidable.

Ocurre que, estudiando a Hoffmann para unas obras completas imaginarias, he encontrado constantes referencias a su relación con la obra de Kafka, a su influencia en el estilo o la temática… la verdad es que no lo dejaban muy claro, y no di mucho crédito a esta comparación. Un primer biógrafo, pensé, pudo relacionar a estos dos autores por motivos superficiales: ambos aprendieron su lengua materna en una zona de Prusia (Hoffmann) o del Imperio Austrohúngaro (Kafka) en que se hablaba alemán, pero que no formaban parte de lo que hoy día llamamos Alemania, y en ambos casos eran regiones más o menos periféricas del Imperio. Hay otras coincidencias además de la lengua en que escriben. Sus orígenes son judíos, la carrera que les da de comer es el derecho, ambos crecen con grandes aptitudes creativas, pero tristes y delicados, en familias marcadas por relaciones desgraciadas y hasta por la locura. Los dos encuentran dificultades cuando desean y ambos acaban por enamorarse de una mujer de carácter, de origen polaco, de quien las circunstancias tienden a separarles (Hoffmann se ve apartado de Mischa y su hijo por sucesivos cambios de destino debido a las invasiones napoleónicas, Kafka no obtiene de su napoleónico padre el permiso para contraer matrimonio con Dora). Ambos mueren jóvenes, comidos por uno de los padecimientos que adquirió su sensibilidad crónica: una especie de esclerosis en el caso de Hoffmann (algunos autores dicen que neurosífilis), tuberculosis complicada con laringitis en el caso de Kafka. Ambos perdieron la voz antes de morir. Hoffmann tuvo que señalar la pared para indicar que le volviesen la cabeza hacia ese lado, antes de cerrar los ojos.

No es inverosímil que un primer biógrafo, después de registrar esta lista de coincidencias, hubiera imaginado un reflejo en sus obras sin pararse a comprobarlo; por último, unos biógrafos habrían copiado a otros. Este es un modo habitual de engordar las listas de influidos o influyentes en tal o cual autor o en tal o cual estilo que a veces los críticos se sienten llamados a reivindicar. Era posible, seguí reflexionando, que a un autor como Hoffmann, que goza del prestigio discreto del autor de género, se le quiera relacionar como sea con Kafka, Dostoievski o Poe. Me propuse investigarlo, aunque fuera por encima, y busqué en los textos de Kafka y en los estudios sobre su obra con la expectación de una profunda admiradora de Hoffmann. Fui cauta y descarté muchos pasajes en los que de hecho encontré similitudes, suponiendo que podían ser atribuciones de mi admiración (uno de los trucos que aprendí leyendo a psicoanalistas es que cualquier cosa puede representar a otra si se sabe inventar conexiones). Finalmente me convenció el comprobar que muchos biógrafos de Kafka también nombraban a Hoffmann como uno de sus precursores.

Como parecen existir verdaderas conexiones entre ambos autores, ¿cuáles son éstas? No cuento yo con las lecturas de Borges como para imitar Kafka y sus precursores (Otras inquisiciones, 1952), donde el maestro propone una lista de obras precursoras y afina el concepto mismo: “El hecho es que cada escritor crea sus precursores. Su labor modifica nuestra concepción del pasado, como ha de modificar el futuro. En esta correlación nada importa la identidad o la pluralidad de los hombres. El primer Kafka de Betrachtung es menos precursor del Kafka de los mitos sombríos y de las instituciones atroces que Browning o Lord Dunsany”. Aprovecho esta maravilla para inaugurar una nueva sección del blog: la página “Otros”, donde iré poniendo todos los textos a que hagan referencia las entradas, y algún otro que me apetezca. En ella puede caber también un texto interesante sobre El castillo, según J.M Navas. Volviendo al tema, lo indudable son ciertas coincidencias en el planteamiento de las historias por parte de ambos autores. Solemos encontrar un protagonista joven que cree desenvolverse en un mundo normal, a menudo muy reglado, una universidad, una oficina, un ministerio o el microclima de la pequeña burguesía, pero que pronto comienza a notar incongruencias, interrupciones de una ley tácita o natural, pruebas de un misterio mayor que no parecen percibir los demás, o que no les afectan. Para describir este ambiente y estas relaciones, los dos autores alternan un estilo de documento oficial y la intervención efusiva de personajes secundarios que irrumpen con una familiaridad inesperada. Y a pesar de todo ello persiste, en los dos, un tono de diario íntimo, de confesión.

Su sentido del humor es también parecido. Marcel Brion dice de Hoffmann: “Su frecuente recurso a la ironía (…) impregna su fantasía de un color y una atmósfera sarcásticas que muy a menudo paralizan la aparición de la angustia”. Es habitual en los cuentos de Hoffmann (sobre todo en los primeros: El puchero de oro o El caballero Glück), que el protagonista atacado por fuerzas incomprensibles o por la cotidiana fatalidad, tropiece y de con sus narices en el suelo, que algún funcionario borracho se ponga a chillar en medio de una aparición diabólica y estrelle su copa de vino contra la pared, o baile, o se quite el sombrero, haga muecas… todo se convierte de pronto en un grabado de Boilly. Por su parte, Kafka, aunque muy diferente en la expresión de lo grotesco, también suele emplearlo en momentos no climáticos. En la colonia penitenciaria contiene uno de estos momentos, cuando en plena descripción de la máquina de tortura, el soldado recoge la ropa del preso con la punta de su bayoneta y le obliga a ponérsela, hecho lo cual ambos ríen como amigos, al comprobar que ambas prendas están rajadas por detrás y que el preso enseña el culo a la concurrencia. Un momento tan cómico en medio de tanto horror parece proceder de una escena real o de una imaginación potente hasta los últimos detalles (Kafka cuenta en sus diarios que soñó estas escenas, y pidió unas vacaciones de quince días para dedicarse a ellas y a unos capítulos de América). El humor negro contribuye a que la historia deje mayor cicatriz en la imaginación. En estos aspectos y en muchos otros profundiza el espléndido prólogo de Jordi Llovet a las Obras Completas de Kafka para Galaxia Gütenberg/Círculo de lectores (2003).

Hoffmann adquiere lecturas muy intensas y reveladoras como precursor de Kafka, pero tal vez su vida resultó ser más kafkiana que su obra. Funcionario de día, escritor prolífico, músico y juerguista en su tiempo libre, cultivó con un humor críptico y amargo la frustración que le producía su fealdad y sus relaciones con las mujeres. Cuando había llegado tan alto como podía en la jurisprudencia, se dedicó a escribir textos difamantes y a repartir caricaturas de sus compañeros magistrados, travesura que lo llevó a un pequeño tribunal de Polonia a juzgar ladrones de gallinas. Allí conoce a Michaelina, a quien apoda Mischa, de hermosos ojos azules. Se enamora de ella y se la lleva a vivir a su casa, aunque apenas pueden entenderse, porque ella no habla alemán. No le hace falta el idioma para quedar embarazada enseguida, y pronto nace una boca que alimentar. Pese a su capacidad casi increíble de trabajo, el nuevo padre sigue emborrachándose y dando problemas, y su destino último es Plock, pueblo de cuyo interés y vida cultural da testimonio su mismo nombre. Hoffmann se aburre mortalmente y tiene ataques de nervios. Acaba yéndose a Berlín, pasa hambre, se separa de su mujer y su hijo para que no pasen hambre con él. Consigue la dirección de un teatro musical y cuando empieza descubre que está hecho una ruina. Etcétera. Los Josephs y los Kas de Kafka suelen moverse menos, pero es tentador imaginar qué habría hecho Franz de un personaje con la vida interior de Hoffmann.

Sus sensibilidades fueron muy distintas. Hoffmann empleó la fantasía, la visión, inauguró la fiesta del surrealismo y dio un nuevo uso a la caricatura, en sus cuentos más oscuros introdujo el pasado y los deseos de los personajes como fuente y destino de su conducta, descubrió las posibilidades narrativas y las complejidades filosóficas del tema del autómata, pero toda la obra de Kafka parte de una sola o tal vez dos inquietudes profundas e irresolubles. Él emplea, en palabras de Borges “la parábola religiosa de tema contemporáneo y burgués” y se expresa a menudo en el relato de sueños, ideas, aforismos, sin ninguna intención poética, sino literal. Por momentos sus frases adquieren el ritmo del versículo. Toda su obra aprehende, o lo intenta, alguna forma incomprensible de divinidad, y sus reflexiones íntimas podrían haber inspirado sermones de John Donne o poemas de Zhuang Zi. En toda esta grandeza quiero ver una intuición superior a la que todas sus vivencias pudieron sugerirle, y una forma incompleta de justicia. Los hermanos varones de Kafka murieron en la niñez, sus hermanas, en los campos de concentración nazis. 20 cuadernos de notas personales y 35 cartas íntimas que Dora guardaba, fueron confiscados y destruidos por la Gestapo en 1933. De Franz Kafka nos ha quedado Kafka.

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El 20 de febrero de 1932 se estrenó en estados Unidos Freaks, de Tod Browning. El 20 de febrero de 1951, el mundo conoció The African Queen, de John Houston, y el mismo día de 1963 Orson Welles se llevó a su país natal Le procès, su propia lectura kafkiana. No ha habido en el cine ningún proceso que se aproxime tanto al de Kafka, ningún Joseph K. se ha parecido tanto a Joseh K. como Anthony Perkins. El abogado y el juez son, grandiosamente, el director de la película. La secretaria del abogado y la mujer del alguacil, tiernas pero fatales, se meten en los cuerpos de Romi Sneider y Elsa Martinelli. Hay efemérides que son una fiesta.


Inconvenientes de la creación del mundo

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El azar ha querido que decida publicar mi primera entrada hoy; sábado 7 de febrero, en el aniversario del nacimiento de Charles Dickens. Pero hoy es también el cumpleaños de un personaje más querido para mí, algo más cercano geográficamente, y casi tan desconocido. El poeta Juan Manuel Navas que, esté donde esté, cumplirá hoy 38 años. Felicidades. En realidad ignoro si sigue escribiendo, supongo, basándome en ciertas pruebas que más abajo expondré, que vive, y sé que una vez fue poeta, por lo que siempre será poeta mientras no declare lo contrario. Por lo poco que sé su vida es de una opacidad pétrea y su obra, de un brillo mineral.

Juan Manuel Martínez Navas nació el 7 de febrero de 1971 en Madrid. Cursó estudios de Filología Hispánica y Derecho, y trabajó desde muy joven (quizás aún trabaja), para una empresa de telecomunicaciones. Suele firmar sus escritos como Juan Manuel Navas, Juan Manuel M. Navas o J.M. Navas. He averiguado también, torpemente y con esfuerzo, que estuvo casado y tiene dos hijos: una niña y un niño. El pequeño habla poco; pero observa fijamente con unos enormes ojos azules. La mayor se atrevió a revelarme que lo que más le gusta de su padre es su cariño, su aspecto y sus comidas, atributos notables que no tienen a su favor todos los poetas del mundo. A su ex mujer debo agradecerle que me dejara ver la casa en que vivieron durante doce años y alguna correspondencia abandonada con editoriales y viejos amigos; sin todo ello habría tenido que resignarme a hablar sólo de lo que Navas publicó, y esto habría sido menos interesante. Hay algo inmensamente triste en tener que entender a un autor que se admira basándose sólo en lo que quiso mostrar, en no arriesgarse a inducir, a imaginar.

Para empezar por el principio, no tengo más remedio que dar crédito a algún relato de encuentros en la noche madrileña, de lecturas en Libertad 8 y copas en bares de Lavapiés y Huertas, de cenas con amigos, a fotografías poco nítidas en las que el autor parece risueño o borracho, aparecidas en algún blog, que lo relacionan con cierta generación no académica formada, entre otros, por los grandes poetas Jesús Urceloy y Álvaro Muñoz Robledano, y el conocido novelista, poeta también, David Torres. He podido seguir el tejido de una red de encuentros bibliográficos que los unen. En los últimos años del siglo XX, Torres y Navas fundan y dirigen la revista Anónima. Navas pone en marcha la editorial Poeta de Cabra junto con Sonia Rincón, donde publican pocos libros, pero muy bien escogidos. Hay que señalar Cuartel de invierno de Muñoz Robledano. Las revistas antológicas de la ACE (asociación Colegial de Escritores de España) publican poemas y cuentos de Navas en dos números de 1997 y 1998. En éste último me encontré con Madre silenciosa, la confesión cautivadora de un hombre que asiste por error al velatorio de un niño.  Arañando en publicaciones humildes, en alusiones a piezas incompletas, a ideas, a argumentos recogidos de forma dispersa y con una letruja ilegible en viejos cuadernos, he podido adivinar también otras historias que no sé si llegaron a escribirse: Dos desconocidos comparten una cena y, borrachos, acaban confesándose su secreto y su culpa. Ambos descubren que es la misma, y ninguno de sus recuerdos puede existir ya sin el del otro. Éste me recordó a alguna de las ideas que Hawthorne tenía en los viajes y que apuntaba para mejor momento; especulaciones sobre moral e identidad. También aquella otra, insólita, de un insecto que se enamora de la mujer que se está suicidando sobre él, y cuyo cuerpo va a aplastarlo al caer, y lo que habría sido un delicioso homenaje a Lem, una aventurilla de detective pícaro interestelar, en un mundo en que la prensa rosa busca besos por satélite y los millonarios tienen amantes que disimulan muy mal su condición robótica. Pequeñas joyas enterradas que una puede, felizmente, excavar y pulir en su cabeza.

Por lo que sé, Navas llegó a publicar de hecho dos libros de poesía: La sonrisa del saltador (Endymion, 2002) y El cáncer de las mariposas (El árbol espiral, 2002). En éste último, un sangrante juicio privado en que el autor, como el protagonista de El proceso, no sabe de qué le juzgan ni a quién apelar, se hace lírico, épico. Ambos libros intentan reconstruir a sorbos, a mordiscos, la creación. Después poco, casi nada. Puedo decir que Jesús Urceloy, en su estupenda introducción a Todo Sherlock Holmes (Cátedra, 2003), cita a Navas en los agradecimientos y en algún lugar del prólogo, atendiendo a sus opiniones sobre el mítico detective. El mismo año, aparece en Ariadna, revista literaria digital, un fragmento tan bello que no me atrevo a llamarlo crítica, firmado por un tal LOVAT cuya voz reconozco; casi seguro que es Muñoz Robledano. http://www.ariadna-rc.com/numero18/el-laberinto/el-laberinto3.htm#trestiempos. Prosa sobre El cáncer de las mariposas. Poesía sobre poesía, “Ahora conocemos por espejo, oscuramente…” David Torres lo nombra en un artículo titulado Madrid está enladrillado, publicado en la sección de Madrid de El Mundo el 20 de mayo del 2008, y últimamente he podido encontrar un poema inédito, de nuevo en Ariadna, que comienza con el verso: Llegaron en tres caravanas… El estilo es inconfundible pero más amargo, más hundido en el misterio y no vencido. Sus conocidos en el mundo literario no han querido, o no han sabido darme más detalles. Yo podría haberle preguntado a Navas por qué toda su obra tiene ese aroma de gran escenario construido con dolor en que algún día tendrá que representarse una obra mayor, quizá sólo una escena minuciosa. Podría saber si piensa volver a publicar o no. He tenido ocasión de abordarle. Pero estos encuentros entre amantes y amados en los libros siempre suponen para mí algo ridículo y violento, y he preferido reconstruir al poeta por sus huellas.

Ahora voy a detenerme un instante en el primer libro de Navas que leí con fascinación, porque creo que está en él el principio y el fin de todo, para el autor, y también en un plano simbólico. Sé que no es ortodoxo hacer esta clase de comentarios sobre un autor vivo y, tal vez, en ánimo de seguir produciendo, pero al ser yo una escritora muy menor, y éste un espacio muy pequeño en el inmenso paraíso de los escritores menores, que es internet, estoy segura de que no altero ningún equilibrio cósmico ni ofendo a nadie si continúo.

La sonrisa del saltador contiene siete poemas de cien versos cada uno. Aquí el poeta, soberbio y temerario, se atreve a intentar narrar la recreación del mundo por el lenguaje. Bajo este propósito debe de palpitar la memoria de ese primer asombro con que el niño aprende que el mundo ya creado, aquel en que ve personas, árboles, perros y juguetes, se vuelve a crear ante sus ojos cuando él aprende la palabra “árbol”, la palabra “perro”… y de ese otro momento, un poco más allá, en que descubre que hay muchas más cosas (si es que son “cosas”) que podrían nombrarse, pero que los nombres son arbitrarios e imprecisos y parecen convertir lo que designan en arbitrario e impreciso, a pesar de que su existencia es tan real, tan verdadera allí donde no puede nombrarse. Este inconveniente de la recreación del mundo ocurre infinitamente, así que persiste una zona oscura, un misterio, donde todo aquel que se sumerge corre el riesgo de desaparecer. El oficio del poeta no sólo es entrar ahí, que es también el deber del loco, sino además volver, vivo, y con la voz intacta. Navas vuelve y dice: “…y mastica el ángel hasta veinte hojas/ y escupe sobre la reunión de lluvias.” (Uno) “Y algún día nacer,/ con el color callado,/ sin roces,/ ni siquiera la noche.” (Dos) “Yo evito que vuelva su cabeza de piedra/ porque sus ojos no podrían soportar la claridad del dolor.” (Tres) “…los que varían su canto esperando sueldo, salvación/ más otoño, más.” (Cuatro) “Esas fachadas tan vacías/ y las pocas luces antes del comienzo.” (Cinco) “Dime que no has muerto sólo por parecer más bello.” (Seis) “Es la sonrisa del saltador su tarea./ Es su sonrisa, como único gesto heredado de los dioses,/ la que ha de invocar el primer momento.” (Siete).

Pero ese hombre que vuelve tembloroso y desnudo del abismo, con alguna satisfacción por un deber cumplido y terror a que la inmensidad pasada quede en él como un estigma, tiene que hablar ante una audiencia real, ocupada y a veces estúpida. Hay que recordar que los inconvenientes de la creación del mundo (aunque sea una recreación) no son sólo de naturaleza poética, sino también pragmática. Entre las cartas del autor encontré una lista con los nombres y direcciones de muchas editoriales, había mantenido una correspondencia regular con casi todas ellas antes del 2002; repentinamente, al mismo tiempo que la aparición de sus textos en revistas o páginas web, ésta cesa. Leerla es un modo de entrever la soledad del creador, la rabia fundamental de la que beben todos los verdaderos poetas. En alguna de las respuestas le aseguran que su poesía es “interesante, pero todavía inmadura”, como si le hablasen a un novelista demasiado joven, como si un infantil Rimbaud no hubiese podido escupir Una temporada en el infierno, y un Neruda por momentos ñoño no hubiera sido capaz de influir en el oído de varias generaciones de lectores. En la carta de una asociación de críticos se atreven a sugerirle que cambie un “que no sabremos” por un “desconocidas”, y añaden, didácticos: “Léelo ahora y verás cómo [los acentos los he puesto yo] te suena mejor, por muy viciado que lo tengas.”

No obstante, en la poca correspondencia revisada hice también encantadores hallazgos. Varias cartas del maestro Antonio Gamoneda mostraban su interés por los versos de Navas. Le animaba a seguir; decía, en su letra apresurada: “consigues sacudir las fuerzas internas del poema.” En 2006, Navas recibió en una dirección postal que no habitaba, y que por lo que sé no ha vuelto a utilizar, la carta de un crítico que había reseñado La sonrisa del saltador en el nº 0 de Puerto, una revista de crítica poética. En ella, el atribulado crítico confesaba: “Hacía mucho tiempo que intentaba localizarlo, pero ha sido realmente difícil, pues no he encontrado a nadie que pudiera facilitarme su dirección, y la editorial no contestó a mi petición.” Más adelante: “Adquirí su libro en la Casa del Libro de Madrid hace ya bastante tiempo, lo elegí porque en una lectura inicial me pareció muy bueno. Le envío la revista con la reseña y con el deseo de que sea de su agrado, y en el futuro pueda hablar con usted de su libro.” En la crítica apunta: “Este libro es exigente con su lector, pero a cambio nos ofrece un largo poema bien construido, y un hermetismo que requiere sucesivas lecturas para atisbar todo lo que hay en él.” Firma Jaime Galbarro. Ignoro si esta crítica puede verse en internet o si Navas pudo acceder de algún otro modo a este bálsamo, a este acto de justicia poética con una demora de cuatro años. En cualquier caso, el hombre que ha afrontado un proyecto así debe de ser orgulloso y estar herido, y la inmediata incomprensión seguramente puede hacerle replegarse en el silencio más allá de toda enmienda.

No he encontrado un retrato actual para ilustrar este artículo, alguien cercano al poeta ha sido tan amable de permitirme exponer la fotografía que encabeza esta entrada. Me dicen que la hizo su padre (también poeta y editor), y que es su favorita. Puede que refleje ese momento de perplejidad infantil en que se comienza a crear de nuevo el mundo. Ese principio brutal del placer y los inconvenientes.