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Reencuentros

En el último mes y medio he pasado muchos ratos despierta por las noches, por motivos maternales. Un recién nacido es definitivo y agotador, es una fuerza de la naturaleza y al principio parece que puede acabar contigo a golpe de amor y sueño. Con toda seguridad los niños crecen y poco a poco se apartan de esa naturaleza en bruto para convertirse en otra cosa, en un ser humano adulto. Algunos deploran esta transformación. Yo la venero y la agradezco.

El caso es que, con mi hija en brazos o encima de la tripa para ayudarla a sobrellevar los cólicos de lactante de las cuatro de la madrugada, he revisitado muchos de los audiolibros que me son imprescindibles para dormir (necesito escuchar voz narrando para quedarme dormida, igual que otros necesitan escuchar la televisión o el tráfico, o el rumor del aire acondicionado. Neurosis civilizadas). Entre estos audiolibros he recuperado una de las primeras narraciones que me fue dado conocer de Rudyard Kipling: El cuento más hermoso del mundo.

El cuento más hermoso del mundo narra la amistad entre un escritor maduro y un aspirante a poeta de veinte años, sin la experiencia, las lecturas ni el talento necesarios para ser lo que cree ser. Sin embargo, el protagonista detecta en él una especial intuición para imaginar aventuras en el mar (esclavos griegos, guerreros vikingos…) con todo lujo de detalles históricos, esto le lleva a fascinarse por la imaginación de su amigo más y más, hasta la felicidad de un descubrimiento y la amargura de una decepción.

Poeta inglés (1880), de Louise Breslau

La historia forma parte de Many Inventions (1893). En ella R.K mezcla, quizá sin saberlo, los dos ingredientes más agrios de la pócima que la vida formuló para él: la paternidad y la incomprensión.

Sé que el primer contacto de la mayoría de los lectores con este autor es El libro de la selva, maravilloso en literatura y también bastante encantador en su versión Disney. El hecho de escoger una pantera negra con sentido de la responsabilidad e ideas de pertenencia como alter ego del autor, anuncia muy buen gusto y bastante sentido de la ironía.

El libro de la selva (edición de 1895). Ilustración de W. H. Drake

Es en este sentido que existe un vínculo intenso y misterioso entre la vida de Kipling y la paternidad. Una de sus caras literarias era la de educador; aquella parte de sí sentía el deber de predicar la belleza y la asunción del propio destino. Como hombre sensible, su vida y obra quedaron marcadas por una infancia escindida entre dos continentes y dos progenitores. Su razón se quedó con la madre y con Inglaterra, pero sus emociones estaban ligadas a la India y a su padre. Ya entrado en la madurez se casó y tuvo un hijo y una hija. Su primogénito, John, murió en la Primera Guerra Mundial.

Rudyard con su padre: John Lockwood Kipling

En mi niñez profesé hacia Rudyard una rara inquina, y me negué a cualquier versión de El libro de la selva, Kim, etcétera… El padre de uno de mis mejores amigos era un hombre abusivo, airado, feroz (así es en mi memoria infantil y en la de mi amigo). Aquel personaje malvado tenía enmarcados en la pared de su despacho un retrato de Kipling y ese famoso poema suyo, If…, que termina diciendo: “Serás hombre, hijo mío.” Creo que desde entonces relacioné la imagen del pobre R.K con la hipocresía y la mala paternidad. Nada más injusto. Nada, tampoco, más coherente con su destino.

Retrato de R. K junto a su poema “If”, por Stephen Guyatt

Limada esta animadversión por el paso del tiempo, llegué a toparme con El hombre que pudo reinar de Houston, y me fui de cabeza al autor de El hombre que quiso ser rey y La extraña cabalgada de Morowbie Jukes. Mi historia con Kipling se pareció a la de Mishima: me costó entrar, pero una vez dentro de su mundo resulté absorbida como una partícula lectora sin voluntad, plena de fe. Creo que inducir tal estado es privilegio triunfal de los grandes narradores.

Christopher Plummer, John Houston y Michael Caine en el rodaje de “El hombre que pudo reinar”.

Rudyard Kipling nació el 30 de diciembre de 1865 en Bombay. Su vida y su reputación fueron victorianas, modélicas para muchos jóvenes de su época. Conoció la gloria y la desdicha. Borges dijo de él: “La esencial grandeza de Kipling ha sido oscurecida por algunas circunstancias adversas. Kipling reveló el Imperio Británico a una Inglaterra indiferente y quizá un poco hostil. Wells y Shaw, socialistas, miraron con alguna extrañeza a ese imprevisto joven que les mandaba un vago Indostán y que predicaba que el Imperio es el deber y el fardo del hombre blanco. Fatalmente incurrieron en el error de juzgar a ese hombre genial por sus opiniones políticas. Ese mal ejemplo tiene hoy muchos seguidores: es normal oír hablar de literatura comprometida.”

Y ya que ha sido mi hija Inés el feliz motivo de que me reencontrara con este cuento, le dedico las últimas líneas del 2009, que ha sido su año. Vino al mundo el 15 de noviembre, fecha en que nació también Jan Terlouw, uno de los escritores de mi infancia, y en que J. G Ballard habría cumplido años, de no habernos dejado en abril.

Portada de “Miracles of life” con foto del autor de niño

A los once años leí El imperio del sol, y durante algún tiempo mi único amor verdadero e imposible fue el niño protagonista. Después descubrí que era Ballard, o una proyección de la infancia de Ballard, pero para mí fue siempre Shangai Jim: un niño pijo inglés que sobrevive a la guerra en un campo de trabajo, que admira a los militares japoneses a los que debería odiar, pedante, enloquecido, con una intemporal pasión por la vida y la libertad. Ahora que ese niño o su creador nos dejaron, es hermoso que me vuelva a enamorar de una niña que nació el mismo día que él y que sea, además, mi hija. La vida, durante páginas y páginas, se desenvuelve al ras del rancio polvo, pero a veces nos compensa con luminosos reencuentros.

Una semana de vida

Feliz Navidad y próspero año nuevo a todos.


Hitchcock, Huston, Kubrick, Polanski… Bonaparte

Esta no es una de esas pruebas de inteligencia en la que el examinado debe continuar la lista… sería demasiado difícil, ni tampoco una de las que requieren descubrir el elemento que no concuerda con los demás; sería demasiado fácil. Sólo a los interesados, en alguna medida, en temas esotéricos les resultará útil la siguiente información; que las fechas de nacimiento de los nominados en el título de esta entrada son respectivamente las siguientes:

13 de agosto (1899) – 5 de agosto (1906) – 26 de julio (1928) – 18 de agosto (1933) – 15 de agosto (1769). Es decir, que todos fueron insignes (alguno por motivos menos memorables que los otros) personajes nacidos bajo el signo de Leo, y de todos celebramos su onomástica en fechas próximas. Si julio y septiembre, meses de Cáncer y Virgo, abundan extraordinaria-mente en nacimientos de escritores geniales, agosto es el mes de los grandes fotógrafos, pintores y directores de cine. El mes de la luz efectivamente parece instruir a sus recién nacidos en el misterio de los encuadres, formas, colores, perspectivas, en la captura de la belleza hecha imagen.

Hitchcock y Novak en el rodaje de "Vértigo"

Hitchcock y Novak en el rodaje de "Vértigo"

Si tú, mi querido lector, eres uno de esos escépticos a los que se les ponen los pelos como escarpias o, por emplear una imagen decimonónica que Chéjov usaba mucho, se te inflama el hígado cuando oyes a alguien divagar sobre signos del zodiaco, te aconsejo que no sigas, aunque debo hacerte una advertencia si te interesa la ficción: En tanto se tomen como lo que son, se los deje en el ámbito de la simbología igual que hacemos con los sueños y no se traten de emplear como una especie de guía turística de la vida, los signos del zodiaco son muy útiles para crear arquetipos y también para especular sobre los que han sido célebres y perviven en nuestra memoria como personajes, caso, por ejemplo, de los grandes directores de cine o los emperadores franceses.

Respecto a esto dice John Gardner: “Lo que más nos asombra de la obra de quienes pertenecen a esta clase superior de novelistas  -Tolstói, Dostoievski, Mann, Faulkner- es el talento que demuestran para poner en palabras las impresiones y sentimientos de numerosos personajes distintos, y que puede permitirles incluso introducirse en la mente de los animales (…). La capacidad de ver el mundo como otros lo ven se puede potenciar mediante ciertos trucos y ejercicios. Cada escritor encuentra su propio método. Habrá seguramente quien estudie gruesos volúmenes de astrología, pero no para buscar consuelo en ellos o prevenir una catástrofe, sino para indagar en las complejidades de la naturaleza humana (un carácter cien por cien piscis enfrentado a un carácter cien por cien leo, se crea o no en que sus rasgos respectivos tengan que ver con la fecha de nacimiento). Y los hay que leen estudios sobre casos psicológicos o “revistas femeninas” o “para hombres”, y algunos juguetean con la frenología, la quiromancia o el Tarot. No son simplemente conocimientos lo que hay que buscar, sino penetración, introducirse en personalidades distintas de la propia.”

Jamás he visto descrita en forma tan lúcida la inclinación a veces enfermiza que muchos escritores han sentido por el mundo de lo sobrenatural, algunos de forma erudita y metaliteraria, como Borges, interesado siempre por las cosmologías remotas y hasta ficticias, otros creando un vínculo personal que les llevó hasta lo excéntrico, con mayor o menor perjuicio para sus carreras, como Rubén Darío, Bram Stoker o Conan Doyle, cuya deriva espiritista está maravillosamente narrada en la última parte de Arthur y George, de Julian Barnes.

Huston en una de las localizaciones de "Vidas rebeldes"

Huston en una de las localizaciones de "Vidas rebeldes"

Aclarada esta cuestión, ¿qué hay que decir respecto a Leo que pueda arrojar alguna luz sobre los personajes cuyos nombres encabezan esta entrada? Tomo como introducción los datos recogidos por Cirlot en su Diccionario de símbolos, precisa y preciosa obra: “Leo: Quinto signo zodiacal. Corresponde a la fuerza solar, al fuego y la luz clara y penetrante que surge por el umbral de Géminis al dominio de Cáncer. Está ligado a los sentimientos y emociones.” Leo es el 2º de los signos de fuego (Aries- Leo- Sagitario), su astro regente es el sol y en la rueda kármika de la vida que representa el zodiaco (desde Aries, lo recién creado, hasta Piscis, el sacrificio) se encuentra entre los primeros seis signos, que describen las edades del hombre: Leo es el adolescente y su lema espiritual es “Yo haré”, como el de Aries es “Yo soy” y el de sagitario, más avanzado en la rueda kármika, es “Yo observo”. En la clasificación de Linda Goodman, Leo es un signo Fuego- Positivo- Masculino – Fijo, es decir, que su misión kármika (lo que ha venido a hacer a este mundo) es: “Organizar de una manera inspirativa, agresiva, dinámica e idealista”.

Un fotograma de "Senderos de gloria"

Un fotograma de "Senderos de gloria"

Linda Goodman es una de las mejores divulgadoras de los secretos del zodiaco. Se hizo un poco rica y algo famosa con sus libros Los signos del zodiaco y el amor y Los signos del zodiaco y su carácter, explotando esa parte accesible de la astrología de fácil aplicación cotidiana, que vende tanto y que en determinadas manos puede hacerse grosera. Los libros de Linda Goodman están escritos en la norteamérica de los sesenta, y algunas de sus descripciones de personajes se han quedado un poco anticuadas, sobre todo porque el estilo de Linda era más Cosmopolitan que Reader´s Digest, pero siguen siendo interesantes para un escritor. Cuenta anécdotas de supuestos concidos suyos, de uno u otro signo, a las que Fitzgerald o Cheever habrían sabido sacar mucho brillo, y que a veces recuerdan escenas de Blake Edwards o Billy Wilder. Estas son algunas de las cosas que dice, por ejemplo, del jefe Leo:

“¿Con que tienes un jefe Leo y ya hace más de un año que trabajas con él? ¿De veras? Pues debes de ser muy buen oyente. (…) Muéstrate original, audaz, creativo y trabajador, pero recuerda que él es siempre más original, audaz, creativo y trabajador que tú… en su opinión, por lo menos. Di que sí a la mayor parte de sus ideas geniales (y en una semana puede tener muchísimas). Y si tienes que decir “no”, empieza con una montaña de halagos y termina con otra . (…) Cuando tu jefe leonino haya obtenido hasta la última gota de reconcimento que se merece, más una dosis extra de respeto por si acaso, te enorgullecerá a ti elogiándote por un trabajo bien hecho. (…) Es posible que el León muestre muy poca discreción al señalar tus errores. Un empleado de naturaleza sensible se encontrará más cómodo trabajando en otra parte. (…) Nacido para mandar, Leo tiene un talento envidiable para asignar a cada cual la tarea adecuada, y ocuparse de que todos la terminen a tiempo. (…) No te sientas molesto si tu jefe Leo se entromete un poco en tus asuntos privados. Actuar así supone, en realidad, un sello de su regia aprobación. (…) Son gente que viste bien, come bien y duerme bien. (…) Son capaces de la noche a la mañana de convertir en victoria un fracaso, con una extraordinaria fuerza de carácter. El león obtiene una tremenda satisfacción interior al dar órdenes (…) pero no encontrarás otro jefe que te deje tener junto al escritorio el cochecito del bebé porque te has quedado sin niñera. Claro que tú habrías preferido tener el día libre, pero él te necesitaba en la oficina. ¿Y acaso no es él el padrino del bebé?

Cartel de un documental sobre la controvertida vida privada de Polanski

Cartel de un documental sobre la controvertida vida privada de Polanski

Si tomamos estas cualidades generales y las situamos en dos polos, tendremos por un lado a cuatro enormes directores de cine, con proyectos muy personales, persuasivos, egocéntricos, detallistas, insoportables y encantadores y sobre todo triunfales, siempre con el talón de Aquiles en su vanidad, y por otro a un líder militar implacable que se salió con la suya y asoló media Europa (media, por decir algo). Únicamente los extremos: Rusia y España (casualmente, o no, países regidos por el signo de Sagitario), y las siempre difíciles Islas Británicas (Aries) se le resistieron. Tenemos así los prototipos del Leo creativo y el Leo destructor. En un caso, las rarezas y la tenacidad están puestas al servicio de la belleza, en el otro, al servicio de la muerte, siempre con éxito, en tanto que éxito significa conseguir aquello que uno se ha propuesto.

La impresión general es la de un personaje que lo tiene absolutamente todo bajo control, que exprime lo mejor de los que trabajan con él, que consigue asociar el éxito a su imagen, tan presente en las vidas de sus empleados que estos le temen a pesar de su elegancia, le odian a pesar de su genialidad o le  adoran aunque se atribuya todo el mérito. Resulta divertido pensar si los que tuvieron como directores a Alfred, John, Stanley, Roman… dirían algo parecido. A mí me parece que la descripción coincide con sus leyendas. En cuanto al representante del lado oscuro de Leo, nadie podía definir mejor a un militar francés que un creador francés. Jean Cocteau, Géminis  él, dijo una vez: “Napoleón era un loco que se creía Napoleón”. También dijo: “El poeta es exacto. La poesía es exactitud.” Frases geniales que definen respectivamente la megalomanía y el gran cine.

"Barry Lindon" fue lo más cercano a un gigantesco biopic sobre Napoleón que Kubrick nunca consiguió rodar

"Barry Lindon" fue lo más cercano a un gigantesco biopic sobre Napoleón que Kubrick nunca consiguió rodar