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Escritores acuario. En el país de las maravillas

Un individuo descrito a través de la estructura simbólica que contiene su signo del zodiaco es un arquetipo, es decir, un número limitado de atributos pertenecientes a diversas categorías lo definen de forma no exhaustiva, pero universal. El resultado coincide con el esquema de un personaje de ficción.

Por ejemplo, una descripción posible del Sherlock Holmes de Doyle sería la siguiente:

Un individuo inteligente, con grandes dotes analíticas, en especial para la deducción. Observador, meticuloso, maniático, solitario. Su temperamento es intenso, pero raramente expresa sus emociones; es honrado y fiel a sus principios, pero con cierto desapego sarcástico derivado de su visión distante y racional. Su innata curiosidad lo inclina a la investigación, y el gusto por ejercitarla le pone a veces en lugares o situaciones extrañas, lo que no debe confundirse con un espíritu aventurero, pues no busca la peripecia en sí, sino el placer intelectual de satisfacer su curiosidad, que a menudo indaga sobre la naturaleza humana. Disfruta con el hecho de ser diferente.

Sherlock (2010). BBC. Una de las últimas recreaciones de las aventuras del detective, excelente, en la que un Holmes del siglo XXI es interpretado por Benedict Cumberbatch, y Watson es un soldado recién llegado de Afganistán con una cojera que su nuevo compañero de piso describe como "somática". El actor es Martin Freeman, el Tim de The Office (2001), la versión británica, primigenia y sublime

Bien, pues la astrología (la de verdad), definiría un individuo de determinado signo con un discurso semejante. La descripción anotada en el párrafo anterior es la de un acuario típico, y Sherlock Holmes es un personaje acuario en mi opinión y en la de muchos astrólogos a los que me gusta leer. Conan Doyle lo hizo nacer erróneamente el 6 de enero, fecha correspondiente a un personaje capricornio. Considero la astrología una forma de ficción o, si así suena más respetable, de literatura.

Esta es la primera entrada de una serie en que algunos escritores queridos van a ser clasificados en base a un atributo inusual: la constelación del zodiaco que rigió su nacimiento. Hoy hablaré de lo que E.T.A Hoffmann, Lord Byron, Sthendal, August Strindberg, Charles Dickens, Lewis Carroll, G. A. Bécquer, Anton Chejov, Nikolai Semionovich Leskov, Jules Verne, James Joyce, Edith Warthon, Virginia Woolf, Paul Auster, Hening Mankell, John Ford, François Truffaut, Charles Darwin o Mozart, todos ellos acuario, tuvieron en común como creadores (y como personajes, creados por sus lectores al investigar e imaginar sus vidas).

El proyecto de agrupar autores nacidos entre el 20 de enero y el 19 de febrero me resulta divertido, y no más inútil o arbitrario que hacerlo con los que fueron españoles, románticos, homosexuales o mujeres.

Acuario es el undécimo de los doce signos de zodiaco, casi al final de la rueda kármica, donde ha superado la prueba de la experiencia (Capricornio), y se enfrenta a la revelación de la fe (Piscis); así, el destino del autor-personaje acuario es ir más allá de las figuras de autoridad y de las verdades relativas transmitidas por los padres y la tradición, en busca de una sabiduría más amplia y de una verdad superior.

"Nadie podría imaginar algo tan extraño y maravilloso como lo que le sucedió a mi pobre amigo, el joven estudiante Nathaniel, y que voy a referirte, lector. ¿Acaso no has sentido alguna vez tu interior lleno de extraños pensamientos? ¿Quién no ha sentido latir su sangre en las venas y un rojo ardiente en las mejillas? Las miradas parecen buscar entonces imágenes fantásticas e invisibles en el espacio y las palabras se exhalan entrecortadas. En vano los amigos te rodean y te preguntan qué te sucede. Y tú querrías pintar con sus brillantes colores, sus sombras y sus luces destellantes, las vaporosas figuras que percibes, y te esfuerzas inútilmente en encontrar palabras para expresar tu pensamiento." El hombre de la arena (1818)

En este sentido, la acción kármica en la vida emocional del creador-personaje acuario consiste en desapegarlo de lo seguro y estable, lo que se traduce en una infancia marcada por situaciones de desarraigo. Aunque la realidad no sea dramática, el niño-creador-acuario siempre vivirá con gran intensidad los conflictos en casa, y será muy sensible a todo lo que proceda de la figura paterna.

La orfandad, el abuso o la carga de los padres, las dificultades del matrimonio, los celos, el divorcio, las relaciones eróticas, el abandono de la pareja o de los progenitores, la lucha interna entre una oposición a lo establecido y el deseo de ser reconocido por esa misma estructura que se repudia, ya sea ésta el padre, la clase, el estado o la divinidad; todos estos son temas recurrentes en la obra del creador-acuario.

"Nos habíamos casado con dos hermanas. Este vínculo adicional entre nosotros, tal como lo considerarían algunos, en realidad sirvió sólo para apartarnos más. Su esposa me conocía bien. Nunca, estando ella presente, mostré mis celos o rencores secretos, pero aquella mujer los conocía tan bien como yo. Nunca, en aquellos momentos, levanté mi vista sin encontrar la suya fija en mí; nunca miré al suelo o hacia otra parte sin tener la sensación de que seguía vigilándome. Para mí era un alivio inexpresable cuando disputábamos, y fue un alivio todavía mayor cuando, encontrándome en el extranjero, me enteré de que había muerto. Tengo ahora la sensación de que era como si se hallara suspendida sobre nosotros una extraña y terrible prefiguración de lo que ha sucedido desde entonces. Tenía miedo de ella, me obsesionaba; su mirada fija vuelve ahora hacia mí como el recuerdo de un sueño oscuro, haciendo que se enfríe mi sangre." Confesión encontrada en una prisión de la época de Carlos II (1840)

La solución de este karma trae consigo grandes recompensas, y el creador-personaje-acuario que consigue superar los traumas del matrimonio y la paternidad, ya en su vida privada, ya usando su obra como catársis, llega a ser de una fidelidad perfecta al hogar y a la familia, amante y amado padre y esposo.

Las creadoras acuario tienen una dificultad añadida, pues la feminidad es ya de por sí una carga biológica y espiritual, y son notables los casos en que lo irresoluble de esa prueba kármica en una intensa creadora-personaje-acuario como Woolf o Warthon, acaba devastando su mente y su cuerpo.

"Pero esta ciudad hacia la que viajamos carece de piedra y carece de mármol, pende eternamente, se alza inconmovible, y tampoco hay rostro, y tampoco hay bandera, que reciba o dé la bienvenida. Deja pues que tu esperanza perezca; abandono en el desierto mi alegría; avancemos desnudos. Desnudas están las columnatas, a todos ajenas, sin proyectar sombras, resplandecientes, severas. Y entonces me vuelvo atrás, perdido el interés, deseando tan sólo irme, encontrar la calle, fijarme en los edificios, saludar a la vendedora de manzanas, decir a la doncella que me abre la puerta: Noche estrellada. -Buenas noches, buenas noches. ¿Va en esta dirección? -Lo siento, voy en la otra." Cuarteto de cuerda (1921)

Otras características que definen un signo zodiacal son el elemento que lo rige y su naturaleza o temperamento, que también tienen que ver con el destino de ese signo en el mundo: para qué ha sido dotado. En el caso de Acuario, su elemento es el aire, que comparte con Géminis y Libra, y pertenece con Tauro, Leo y Escorpio al grupo de los llamados signos fijos (organizadores).

El elemento aire lo liga simbólicamente al mundo de las ideas, la razón, la palabra, el norte, la noche, el palo de espadas de la baraja española y a las picas del Póker. Este elemento dota al creador-personaje acuario de capacidad para vivir a través de lo mental y aunque, como todo ser humano, tiene una parte pasional y física, necesita traducir a ideas o valores todo lo que proceda de ella, para poder asimilarlo y expresarlo.

Acuario puede ser sarcástico, ingenioso, encantador; aunque pocas veces le importa convencer a los demás de algo, si se lo propone es el más elocuente de los creadores, pero está incapacitado para la fe. Acuario duda de todo aquello que no puede pensarse, que sólo puede sentirse o creerse y, sin embargo, todo lo que tenga que ver con lo sobrenatural le atrae poderosamente, tal vez por lo mucho que revela acerca de la psicología humana.

"Densa niebla cubría el pueblo, cuando, en la Noche Vieja de 1883, regresaba a casa. Pasando la velada con un amigo, nos entretuvimos en una sesión espiritualista. Las callejuelas que tenía que atravesar estaban negras y había que andar casi a tientas. Entonces vivía en Moscú, en un barrio muy apartado. El camino era largo; los pensamientos confusos; tenía el corazón oprimido... "¡Declina tu existencia!... ¡Arrepiéntete!", había dicho el espíritu de Spinoza, que habíamos consultado. Al pedirle que me dijera algo más, no sólo repitió la misma sentencia, sino que agregó: "Esta noche". No creo en el espiritismo, pero las ideas y hasta las alusiones a la muerte me impresionan profundamente." Una noche de espanto (1884)

Sin embargo, el ejercicio de la mente abarca tanto lo racional como lo espiritual. Acuario no deja nunca de hacerse preguntas de naturaleza moral, y no acaba de resignarse a los juegos de palabras del creador-géminis, ni al cinismo (a veces fingido) del creador-libra, porque para Acuario la verdad es una cosa seria. En esto se encuentra espiritualmente unido a Sagitario -Swift, Flaubert, Eça de Queiroz, Emily Dickinson, Mark Twain, William Blake, Rilke, Beethoven-, y es habitual que exista empatía entre creadores contemporáneos de estos signos, a pesar de lo complejo de sus caracteres.

El motivo último por el que un obstinado Acuario puede pasar décadas estudiando, investigando o escribiendo novelas, es siempre exponer el funcionamiento de un sistema complejo de causas y efectos, cuyo significado sea universalmente inteligible y cuyas consecuencias pudieren verificarse. La verdad de un caso policiaco,  la verdad de la psicología humana, la verdad de la naturaleza, la verdad del misterio.

"Corre, corre en su busca, llega al sitio en que la ha visto desaparecer; pero al llegar se detiene, fija los espantados ojos en el suelo, permanece un rato inmóvil; un ligero temblor nervioso agita sus miembros, un temblor que va creciendo, que va creciendo y ofrece los síntomas de una verdadera convulsión, y prorrumpe al fin una carcajada, una carcajada sonora, estridente, horrible. Aquella cosa blanca, ligera, flotante, había vuelto a brillar ante sus ojos, pero había brillado a sus pies un instante, no más que un instante. Era un rayo de luna, un rayo de luna que penetraba a intervalos por entre la verde bóveda de los árboles cuando el viento movía sus ramas." El rayo de luna (1862)

Por eso Acuario no se interesa por las anécdotas o las particularidades, sino es para buscar leyes generales que describan las estructuras. Esto le da ventaja en todo lo que suponga unir técnica y creatividad. En la creación es sorprendentemente habilidoso para encontrar una fórmula que le sirva, con una estructura más o menos compleja, y repetirla o profundizar en ella hasta agotar todas sus posibilidades de expresión.

Acuario trabaja investigando una realidad constituida por el legado de la tradición y la cultura, para comprenderla y organizarla, pero con el ánimo de ir más allá (ésta es, como expliqué más arriba, su prueba kármica), lo que le lleva a intuir las formas o los temas del futuro. En literatura, los acuario con talento llegan a ser pioneros de un estilo o de unos temas que han de sacudir su entorno y dejar una huella indeleble. Animo al lector interesado (que será tan raro como yo), a volver a la lista de autores acuario expuesta más arriba y podrá comprobar que todos ellos han influido claramente en autores posteriores, a veces varias generaciones después de haber muerto.

"¡Su hogar! Miró a su alrededor, repasando todos los objetos familiares que durante tantos años había limpiado de polvo una vez por semana, mientras se preguntaba de dónde provendría tanto polvo. Tal vez no volvería a ver todos aquellos objetos familiares, de los cuales jamás hubiera supuesto verse separada. Y sin embargo, en todos aquellos años, nunca había averiguado el nombre del sacerdote cuya foto amarillenta colgaba de la pared, sobre el viejo armonio roto, y junto al grabado en colores de las promesas hechas a la beata Margaret Mary Alacoque. El sacerdote había sido compañero de colegio de su padre. Cada vez que éste mostraba la fotografía a su visitante, agregaba de paso: -En la actualidad está en Melbourne." Eveline, de Dublineses (1914)

Esa otra vida que el creador-acuario lleva en la verdad y el futuro que su imaginación construye lo abstrae poderosamente, y es la fuente de sus habituales manías, su hipocondria y del perfeccionismo que muchas veces le impide delegar responsabilidades y medir sus fuerzas ante la magnitud del trabajo que se impone.

El creador-acuario padece ansiedad crónica, tiene la sensación de ir siempre corriendo, lo que es reflejo de un verdadero movimiento espiritual en busca de esa fe que promete Piscis (el siguiente en la rueda zodiacal) y a la que la herencia saturnal de Capricornio le impide confiarse del todo.

Si no consigue canalizar de algún modo la constante actividad mental, la obsesión por transformar en ideas su impresión de las cosas bellas y ese afán de luchar contra lo que es, en favor de lo que debería ser, padece enfermedades somáticas que pueden llegar a ser graves. Esta debilidad, si puede llamarse así, lo pone en situación de comprender muy bien la enfermedad mental, la obsesión, de intuir con certeza lo insondable de la estupidez y la maldad humanas; aunque le repugnen no las juzga, lo que le permite narrarlas mejor que nadie salvo, tal vez, Escorpio -Sor Juana Inés de la Cruz, Stevenson, Dostoievski, Camus, Fuentes, Scorsesse-.

"Inconscientemente, mientras gesticulaba, tocó la mano de la señora de Rênal, que ésta había apoyado sobre el respaldo de una de esas sillas de mimbre que suelen tenerse en los jardines. La mano se retiró con brusca celeridad, pero Julián pensó entonces que era deber ineludible suyo conseguir que aquella mano no se retirase cuando sintiera el contacto de la suya. La idea de que tenía un deber que cumplir, y de que correría el ridículo más espantoso si no lo cumplía, desterró al punto hasta la sombra de placer de su corazón." Rojo y negro (1830)

Sobre todos los dones del escritor-acuario reina el de conseguir que el mundo que habita sólo en su imaginación parezca más verdadero que la realidad, porque es capaz de captar la estructura de las ideas, la forma en que las personas creemos ver las cosas, de modo que, aunque no conozca una realidad, sabe contar cómo la vería el lector si pudiera.

Algunos especímenes avanzados de este signo, como el llamado Lewis Carroll, fueron capaces de imaginar ese país maravilloso y, por qué negarlo, también algo oscuro (siempre hay secretos en la vida y la obra de un creador de signo fijo), remando en un bote bajo los oblicuos rayos del sol poniente, entre el zumbido de los insectos acuáticos, ante los ojos exigentes y asombrados de las hermanas Lidell, y de hacerlo realidad según lo iba narrando.

A estas alturas no se si es necesario advertirlo pero me gustaría desalentar cualquier interpretación irónica de esta entrada. Creo estar incapacitada para las bromas ingeniosas, sobre todo si son tan largas.


La escurridiza verdad

A altas horas de la madrugada del 16 de septiembre de 1987, una pareja de Brownsville, Texas, estaba viendo la televisión. Bill Murray, de 43 años, empezó a quejarse de dolor de espalda y le dijo a su mujer, Susie, que se iba a dormir. Una media hora después, ella apagó la televisión y también decidió retirarse. Al poco rato, la vida de los Murray cambiaría para siempre.

Bill Murray, dueño de un concesionario de coches usados con muchas deudas y tendencias suicidas, supuestamente se pegó un tiro aquella noche en la cama, junto a su mujer. Posteriormente, las pruebas forenses relativas a la posición del cadáver y la ausencia de restos de pólvora en sus manos, sugirieron que no podía ser un suicidio. Su mujer fue acusada, juzgada, y considerada culpable, por lo que pasó en prisión 8 años. En este tiempo se revisaron las pruebas y se reabrió el caso, al final se la declaró inocente.

Este es el resumen de uno de los casos reales narrados en la conocida serie Forensic Files, traducida al español como Crímenes imperfectos, que podéis encontrar casi íntegra en YouTube. La recomiendo. Prefiero estos casos reales, simples en cuanto a su contenido (simples; no fáciles…), que los complicados artificios de ficción tipo C.S.I, porque su impacto radica en el hondo reflejo de la naturaleza humana que proporcionan, y no en lo enrevesado de la peripecia forense. El caso de Bill Murray se narra en el capítulo 4 de una serie de más de 100. Al respecto del tema que voy a tratar, recomiendo también el visionado del capítulo 28, sobre la violación y asesinato de la funcionaria de prisiones Donna Payant.

Cuando una historia se narra, ya sea un cuento, un cotilleo, o un crimen real; ante un público ocioso, un amigo o un jurado, ésta se convierte automáticamente en ficción, y la ficción no funciona con las mismas reglas que la realidad. Verosimilitud no es lo mismo que verdad. Esta mezcla de narrativa y objetivismo es lo que puede contaminar una hipótesis basada en testimonios y evidencias, pues una de las más antiguas y radicales contradicciones del ser humano, es que somos al mismo tiempo seres hambrientos de verdad y mentira.

La literatura fantástica y la deductiva tienen algo en común: se sustentan sobre esta contradicción. En el caso del género fantástico los combatientes de esta lucha que se libra dentro del individuo son el Bien y el Mal, en el caso del género de misterio, son la verdad y la mentira. La analogía es simple: Dios-el Bien-la verdad, se manifiestan a través de la claridad de pensamiento y la lógica, el deseo de justicia, la contención, la deducción. El demonio-El Mal-la mentira, son la fuerza bruta, la pasión destructiva, la falacia, el salto lógico, el intento de ocultación, de que las cosas parezcan ser lo que no son.

Quien no conoce la verdad no puede ser libre. Desde el punto de vista de nuestra cultura cristiana, es deseo de Dios que el hombre tenga libre albedrío, por eso, la forma en que el demonio tienta al hombre es mostrándole sólo lo bueno de su influencia, y no las consecuencias nefastas del Mal, así lo esclaviza. El demonio es también el azar, el Mal que llega sin aviso porque no puede ser advertido (o resulta muy complicado hacerlo) en una secuencia de eventos, de modo que el investigador capaz de encontrar patrones en los actos malvados y predecirlos o, al menos, solucionar el enigma de su motivación e identidad, se convierte en el héroe. Mientras tanto, el lugar del demonio lo ocupan las drogas, el poder corrompido, la angustia existencial, la violencia, el psicópata.

Necesitamos las historias para reconstruir la realidad por fuera de ella y así, poder entenderla. La lectura compulsiva de novelas en las que el crimen se resuelve satisface nuestro hambre de verdad y justicia, pero también tenemos la necesidad de comprender, de observar y experimentar en la ficción, qué ocurre cuando la verdad no logra abrirse paso. Uno de los clásicos de la literatura fantástica que trata de ello es En el bosque, de Akutagawa, llevado al cine por Kurosawa con el título de Rashomon. Lo que subyace en la narración de los tres personajes es la imposibilidad de averiguar la verdad, más cuando cada uno de ellos se acusa, en lugar de intentar exculparse como sería de esperar.

La narrativa moderna aporta unas cuantas historias a este raro subgénero, por llamarlo de algún modo. Hoy quiero hablar de dos muestras excepcionales: una es una película titulada Memories of Murder (2003), dirigida por el coreano Bong Joon Ho, la otra es un documental: Capturing the Friedmans (2003), creado por Andrew Jarecki. En ellas, la verdad es una pequeña criatura encerrada en la caja de Pandora, y para poder escuchar su voz lastimera hay que dejar escapar antes todos los monstruos.

*

Memories of Murder (Salinui Chueok), cuenta la historia del primer asesino en serie de la historia de Corea del sur; un individuo que escogía mujeres que andaban solas por los caminos en noches de lluvia, mejor si llevaban puesto algo rojo, las ataba con su propia ropa interior, les cubría la cabeza con sus bragas, las violaba, introducía en su vagina algún objeto que llevasen consigo y las mataba, no se sabe muy bien en qué orden. Tal cosa ocurrió en 1986, en plena dictadura militar, cuando  los grandes recursos de la policía no se empleaban para resolver crímenes, y menos en una zona rural como fue el caso, y cuando la exactitud y la fiabilidad de las pruebas forenses no eran ni mucho menos las actuales.

Quien disfrute las historias en que el principal interés es la investigación policial (la de verdad), debe ver esta película al menos una vez. La solidez de la estructura narrativa permite que no sea necesario impostar la velocidad ni el impacto, sino que estos se efectúen de forma natural en el espectador. A quien esté harto de ver como el cine se recrea en fotografía de videoclip, efectos especiales apabullantes y sustos tipo ¡Buh!, para intentar ocultar sin éxito un guión tramposo y vacío, va a disfrutar mucho viendo como sí se puede volver a contar la misma historia de crímenes e incluso, si se hace bien, dejarnos otra vez dolidos y asombrados.

El truco es, como siempre, la suma de unos personajes equilibrados entre el arquetipo y la profundidad, y un guión preciso. Existe un protagonista y un antagonista, que pueden ser múltiples, con objetivos opuestos. El protagonista se pone en camino hacia su objetivo, alternativamente se equivoca y acierta; cada nuevo error le cuesta más y es más grave, cada nuevo acierto está más cerca de la verdad. Al final puede tener éxito o fracasar, o bien lograr su objetivo pero a un precio demasiado alto.

El protagonista es un detective rural acostumbrado a una lenta rutina, confiado en la infalibilidad de su instinto y hasta en la magia, que tiene como compañero fiel a un matón, dispuesto a sacarle a un sospechoso lo que sea menester, a base de botas con punta de acero. Cuando el caso se pone feo llega un detective de Seúl para ayudarles, que no comparte sus métodos y desprecia la falta de inteligencia con que se ha llevado el caso. Los tres forman ese triángulo platónico: el hombre que piensa, el que siente, y el que actúa. Cada uno de ellos proporciona al espectador cerebro, corazón y puños.

Así, la historia satisface no sólo nuestra necesidad de saber quién es el asesino y si por fin van a pillarlo, sino cómo se resuelve el conflicto entre estos tres sistemas, estos tres puntos de vista sobre el mundo, que a menudo cohabitan en cada individuo real. El espectador conoce el conflicto, porque lo ha sentido dentro de sí. Una película buena, un buen libro, no sólo cuentan cosas que pasan por fuera (lo que constituye la trama), además permite que los personajes aíslen elementos psicológicos en conflicto, y así poder imaginar, y aún ver (este es el gran poder del cine) cómo actúan fuera de nosotros.

Uno de los motivos que hace indiscutible el guión de Memories of Murder es el final. Conste que no voy a decir nada que no se sepa en los primeros minutos de película. Es difícil cerrar con elegancia una historia que cuenta la lucha entre verdad y mentira, sin poder ofrecer su resolución. Pero esta es también una historia sobre el fracaso. La pérdida de cada uno de los policías, lo que han sacrificado para enfrentarse al mal, a la mentira, tiene que ver con la función que los caracteriza.

En el caso del protagonista, su derrota es emocional, y es la emoción el motor de la acción humana, por eso el anticuado, el instintivo, el hombre de corazón es el que queda más destruido, y por eso es el protagonista de esta historia. Para compararlo con un personaje clásico, la razón por la que el detective Park Du Man es el protagonista, es la misma por la cual la acción de El hombre que mató a Liberty Valance gira en torno a John Wayne y no a James Stewart. En una historia en que la verdad no llega a saberse nunca o, aunque los personajes y con ellos el espectador, estén convencidos de cuál es, jamás podrán demostrarlo, el personaje grande es el gran perdedor.

Nunca me he encontrado con un detective fracasado cuya pérdida sienta con tanta realidad, que pueda escuchar como él los latidos de la ignorada verdad en el aire y sentir el deseo de emprender de nuevo una lucha en la que volvería a perder, y todo en los últimos segundos de una simple película policiaca.

*

Capturing the Friedmans narra también la historia de un criminal, lo que no está tan claro es si hay algún crimen.

A finales de los ochenta del siglo XX, el chalet de Arnold Friedman es registrado, después de haberse interceptado una revista de pornografía infantil procedente de Holanda que envió por correo a un amigo. En su despacho se encuentra gran cantidad de material de la misma naturaleza y es arrestado. Cuando lo descubre su comunidad de vecinos de clase media-alta, que hasta entonces había mostrado admiración y respeto por los Friedman y había confiado a Arnold y a su hijo menor, Jesse, la instrucción informática de sus hijos en el sótano de su casa, empiezan a brotar como setas las acusaciones de violación. Se llegaron a superar los 200 cargos.

Al tratarse de un documental, el autor no se ha dedicado a desenredar la verdad y la mentira para después enredarlas de nuevo según un patrón narrativo. Mentira y verdad se presentan al natural, en madeja. El director sólo decide en qué orden y cómo se muestran los pedazos de realidad, y el espectador sólo puede aspirar a encontrar los cabos y tirar de ellos, sin llegar nunca al corazón del asunto, sin poder llegar a ordenarlo. En este proceso especula, y es la especulación la gran protagonista de la historia.

No sólo especulación en el sentido detectivesco, sino en su más radical significado etimológico. Los testimonios producen un juego de espejos en que cada uno de los implicados refleja a otros. Cuando creemos conocer a un personaje, cuando estamos rozando su verdad, otro testimonio nos da una nueva perspectiva que no conocíamos y toda nuestra teoría se viene abajo. En Capturing the Friedmans, el espectador descubre, poco a poco, que el policía burlado es él.

Hay momentos cumbre de esta experiencia, como la declaración del hermano mayor culpando a su madre, el relato de uno de los chicos supuestamente violados que recordó los abusos con hipnosis, y los momentos en que toda la familia está reunida preparándose para el juicio, y apenas consiguen ponerse de acuerdo entre reproches, llanto y gritos.

No hay nada seguro salvo que todos mienten, pero tal vez no lo saben, o sí. Aquello a lo que el espectador asiste  no es tanto la historia de olímpica depravación que los padres de algunos niños y los tenaces agentes de policía quieren contarnos; es sobre todo cómo, en una familia que ha crecido entre mentiras (no sabemos cuáles, pero podemos olerlas, sentirlas todo el tiempo alrededor en esos inolvidables vídeos domésticos), la verdad ha irrumpido como un apocalipsis, pero no toda la verdad, quizás, sólo una cierta verdad, o un fragmento de la verdad completa.

Quien se atreva a enfrentarse a esta historia, observará seguramente la extraña calma, la morbosa pasividad con que el presunto violador de niños acepta su destino, mientras a su alrededor, los miembros de la familia que él ha creado y sostenido durante años se destruyen mutuamente. Parece que Arnold Friedman guardaba un secreto, pero no aquel del que le acusan, y para poder soportar su situación decide aceptar un castigo que considera injusto, a cambio del castigo justo que nunca recibirá.

Creo que necesitamos pensar que, cuando la verdad no puede salir a la luz con su forma, puede hacerlo disfrazada; que la justicia que no se efectúa por los cauces habituales llegará de otro modo, inadvertida e implacable. El protagonista de este Crimen y castigo a la americana, no era, seguramente, insensible a esta superstición, y creo que Andrew Jarecki decide contárnoslo. Al final, el misterio de Mr. Friedman no queda resuelto, pero sí se logra la triunfal mutación de un hombre en personaje.


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